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En un dormitorio oscuro de Villa Cresta, en Crobert.
Después de su encuentro íntimo, Brandon Watson rozó suavemente con los labios el pequeño lunar en el pecho de Camila Bennett y luego se sentó.
Soltó en un tono distante: "Divorciémonos".
Camila, que aún respiraba agitadamente tras el encuentro, se giró lentamente hacia él, con incredulidad en la mirada.
Llevaban un año casados, ¿qué significaba que de repente quería divorciarse?
"Tiene cáncer de estómago y solo le quedan seis meses de vida", informó Brandon, encendiendo un cigarrillo.
El humo ascendía en lentas espirales alrededor de su rostro.
"Su último deseo es ser mi esposa", añadió, casi con despreocupación, dejando a Camila boquiabierta y atónita. El silencio se apoderó de la habitación como una niebla espesa.
La lámpara de la mesita de noche brillaba débilmente, proyectando largas sombras en la pared, lo que los hacía parecer más distantes de lo que estaban.
Brandon la observó y frunció el ceño.
"Es solo para consolarla", aclaró. "Nos volveremos a casar dentro de seis meses. No estará aquí mucho tiempo, Camila".
Su voz era serena, casi desapegada, como la de alguien que entrega un mensaje que no le concierne.
Camila miró a Brandon en silencio, fijando la mirada en su perfil.
Hablaba como si sus palabras fueran órdenes, no sugerencias.
Su relación siempre había sido unilateral. Ella lo había perseguido desde el principio, impulsada por un afecto juvenil.
Se había mantenido a su lado durante años, superando cada etapa difícil sin rendirse.
Camila aún recordaba aquel día, bajo la intensa lluvia que los empapaba a ambos, Brandon se había interpuesto entre ella y su padrastro, empuñando un palo roto, y había dicho con fuego en la voz: "Si vuelves a tocar a Camila, te arrepentirás".
Ese momento se había grabado en su corazón. Incluso cuando estaba débil y sangrando, lo vio: inmóvil, protector, feroz.
Desde ese instante, ella se entregó a él.
Lo amó sin pausa, satisfacía todas sus peticiones, y lo hacía con una perfección que nadie más podría igualar.
Él siempre le acariciaba la cabeza con ligereza y calidez, y susurraba: "Lo hiciste muy bien, Camila".
Pero los elogios de Brandon nunca perduraban, sus besos apenas se sentían, y el afecto que compartían siempre parecía inalcanzable. Pero ella se decía que él era así.
Incluso cuando los demás la llamaban ingenua, permanecía a su lado, devota y confiada.
Le había entregado siete años de su vida.
Un año antes, el abuelo de Brandon, Derek Watson, había caído gravemente enfermo. La familia, con la esperanza de levantarle el ánimo, decidió que Brandon se casara. Tal vez la alegría de una boda le daría al anciano algo a lo que aferrarse para seguir viviendo.
Por eso, Brandon se casó con Camila.
Ella creyó que por fin había llegado su oportunidad. Pero después de la boda, algo cambió. Comenzó a alejarse. A veces, la miraba como si fuera una extraña.
"Camila, ¿me estás escuchando?". Brandon frunció el entrecejo al notar la mirada perdida de Camila.
"¿Tiene que ser así?", preguntó ella suavemente.
Él no contestó. En vez de eso, comentó: "Está sufriendo mucho, Camila".
A Camila se le apretó el pecho. "¿Y yo qué?".
Brandon no contestó de inmediato. Sus ojos, oscuros y firmes, destellaron con un atisbo de impaciencia.
Después de unos tres segundos, dijo: "Camila, se está muriendo. Quizá no lo sepas, pero está enamorada de mí. Como estábamos casados y ella no quería hacerte daño, nunca permitió que lo nuestro fuera a más. Incluso cuando intenté compensarla, nunca me lo permitió. Es una buena persona. Por favor, concédele este último deseo. No me hagas pensar que eres una desalmada".
Sus palabras, dichas con tanta calma, la hirieron más que si hubiera gritado.
Entonces, a los ojos de Brandon, una mujer enamorada de un hombre casado, que prometía contenerse pero nunca se alejaba del todo, era una santa.
Y una esposa que solo quería mantener a su marido a su lado era una desalmada.
Camila se quedó mirando su rostro, el mismo del que se había enamorado: ojos intensos, nariz recta, labios perfectos.
¿Cuándo empezaron a desmoronarse las cosas?
Tal vez fue el día en que apareció esa mujer.
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