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Los párpados de Brooke se abrieron de par en par; una sensación de ahogo se había posado en su pecho. Todo estaba sumido en tinieblas, tanto, que no se veía ni un solo reflejo del resplandor de la luna.
Los extremos de su frente estaban bañados en sudor; sus manos temblaban, el ruido de su respiración intentando regresar a la normalidad, inundaba la habitación.
Una de sus manos fue llevada al pecho, luego de cerciorarse de que permanecía en su recámara, un suspiro lleno de alivio salió de sus labios.
Todo había sido una horrible pesadilla.
Brooke llevaba ya un año desde que decidió abandonar su país natal debido a aquel intercambio. Su vida había dado un gran giro el día en el que despertó y no podía mover sus extremidades inferiores.
Había sido un duro golpe para su familia, pero para ella, el golpe más fuerte fue cuando se enteró de que su novio había sido hallado sin vida.
Había experimentado una gran montaña rusa de emociones, las cuales, estando a punto de terminar con su viaje, se destrozan, cayendo en un profundo abismo.
Brooke, en ese momento, se encontraba sin su amado novio y sin la movilidad de sus piernas. Si tan solo ella hubiera sabido que de igual manera lo perdería. ¿Habría arriesgado su vida por salvarlo?
La respuesta era clara, el amor de Brooke no podía permitirle quedarse de brazos cruzados, ella no soportaría no hacer nada.
Debía intentarlo, por lo menos, su conciencia no se vería manchada por su falta de disposición para salvar a la persona que amaba.
Desde el día en el que se enteró de la muerte de su novio, no había dejado de soñar con aquellas atrocidades que él mismo había cometido. En la mente de la chica se reproducían en bucle cada una de las imágenes que su padre le mostró cuando le reveló la identidad del hombre que ella había amado.
Brooke no podía creer que se trataba de ese mismo hombre que la trataba como toda una reina. Ella había experimentado el amor más puro jamás vivido, justo entre los brazos de su primer amor.
El cual, había terminado siendo un estafador y asesino.
¿Cómo podría Brooke llegar a sentirse tranquila cerca de él después de haber conocido esa verdad?
¿Por qué lo había seguido amando a pesar del repudio que le había causado cada una de sus acciones?
Sencillamente, era porque estaba cegada por el amor.
Brooke, había deseado odiarlo con todas sus fuerzas, realmente lo había hecho. Pero no podía.
¿Esa era la razón por la que el destino había decidido llevárselo?
No lo sabría.
Los pasos de su compañera de piso resonaron en el lugar, la luz se encendió y su mirada preocupada se posó sobre su única amiga.
—¿Te encuentras bien? — preguntó con un gesto de inquietud.
Bien sabía a qué se debía el hecho de que el sueño se escapara de los ojos de la joven; no era la primera vez que lo hacía, ni sería la última.
Stefany se sentó frente a su compañera, una pequeña sonrisa comprensiva se formó en sus labios mientras acariciaba el hombro de la chica.
Esa había sido la verdadera razón por la que Brooke había decidido alejarse de su familia. Sus pesadillas se habían vuelto recurrentes, tanto que a ella no le gustaba dormir; incluso cuando estaba en casa, cada sitio al que iba, le traía el vivo recuerdo de su novio.
Su casa estaba llena de margaritas; aquella flor que se había convertido en símbolo de su amor.
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