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Gato escaldado, del agua fría huye

Capítulo 2 Una reunión largamente esperada

Palabras:1277    |    Actualizado en: 18/03/2024

ivia. Ella sería la recepcionista de medio tiempo. En cuanto la viera, quedaría enamorado de ella y dispuesto a hacer lo qu

do el final. Pero esta vez no me sometería al ridículo ni llevaría a la familia Fletcher a la ruina. Había decidido h

se oscurecieron abruptamente. Él siempre había tenido un temperamento m

ntre dientes con una mirada gélida. "Hace cinco años, te empeñabas en casar

ro las circunstancias cambiaron cuando la condición de su abuelo empeoró y lo obligó a casarse conmigo. Fue una situación bastante embarazosa para él, pero, por fortuna, hasta aque

a triste e iró

s con este matrimoni

ionar sobre esas palabras y luego preguntó con

solo que

vantó y se acercó a mi lado. Inclinándose, con los brazos a a

é no me lo dijiste? ¿Tienes

puesto, pero alguna que otra vez había olido su chaqueta a escondidas. Ahora, ese extraño y encantador aroma me envolvía. En circunstancias n

harme, así que cualquier cosa que m

hago po

ías y noches, la soledad se había c

, sí

emente una táctica para inquietarme, él podía mantener aplomo. Siendo una mujer casada d

es una oportunidad para incitarme a que lo haga contigo sacando el tema del divorcio, te sugiero que te olvides

ncia ahora", dije poniéndome de pie para mirarlo. "Piénsalo bien, Mathias. Ya pronto

s. Desde abajo me llegó el sonido agudo de una puerta que se cerraba de golpe, seguido por el estruendo del motor

a vibrar. La persona que llamaba er

e si vamos a relajarn

legido la vida de soltera. Desde que me casé, me convertí en una persona muy hogareña. Sonia m

o que

provocó una larga pausa a

on Mathias, ¿estás segur

rio me había servido de excusa

eral. Te veo en un rato", le

oque de azul era una rareza. Aunque las marcas de lujo ofrecían un sinfín de di

estrecha cintura y dejaba al descubierto mis brazos y gran parte de la espalda. En ese momento recordé que compré

ar con la sensualidad del vestido. Sin embargo, me lo puse con cierta reticenc

club tenía un nombre tan animado y artístico como su ambiente. Después de estac

y yo éramos las cuatro prodigios de la escuela de música. Todo e

resa de su familia y Valerie siguió dedicada a su música, presentándose a c

a, bajando de un salto de su elevado asiento

bía convertido prácticamente en un fantasma en nuestro grupo des

r de copas, Sonia se incl

habría empezado a cuestionarme si de verdad f

abía desaparecid

asa?", preguntó ella, tratando de verme más de cerca. "Dime, ¿ese

stañas postizas?", le respondió, ap

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Gato escaldado, del agua fría huye
Gato escaldado, del agua fría huye
“Se suponía que mi matrimonio con Mathias me haría la mujer más feliz del mundo. Aunque sabía que él no me amaba, pensé que se enamoraría de mí una vez que lo colmara de amor. Ya pasaron cinco años y Mathias me trataba como a una cualquiera. Para colmo, conoció a su verdadero amor y cortó todos los lazos conmigo por culpa de ella. Él la presentó a todo el mundo; algo que nunca hizo por mí. Su infidelidad me llevó a la depresión. Me sentía totalmente destrozada. Tristemente, incluso en mi lecho de muerte, mi supuesto marido nunca apareció. Cuando volví a abrir los ojos, sabía que el destino me había dado una segunda oportunidad. Yo todavía era la esposa de Mathias y pasamos dos meses antes de que conociera a su verdadero amor. En esta vida, me negué a que él volviera a lastimarme. Consciente del gran error de mi antigua yo, le pedí el divorcio. Mathias rompió los papeles del divorcio una y otra vez y al mismo tiempo me encerró. "¡Rylie, deja de hacer estupideces! ¡Hacerte la difícil no me funciona!". Para demostrarle que hablaba muy en serio, seguí adelante y solicité a la justicia. Finalmente entró en pánico. Abandonó a la "mujer de sus sueños" y se arrastró a mi lado. "Por favor, dame una segunda oportunidad, Rylie. Te prometo amarte con todo mi corazón. Serás la única mujer en mi corazón de ahora en adelante. No me dejes, ¿de acuerdo?". Una guerra estalló en mi mente. Por un lado, no quería que me hicieran daño otra vez. Pero, por otro lado, no quería dejar ir al hombre que amaba tanto. ¡¿Qué debo hacer?!”