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La guardaespaldas del Mafioso

Capítulo 4 Ahora yo soy el jefe

Palabras:1595    |    Actualizado en: 24/10/2024

rza, aún sosteniéndola por si a ese extraño y

su vida dependiera de ello, Clara no po

erpo temblaba y un calor infernal invadía cada rincón de su ser como si estu

y llenos de banderas rojas la habían abrumado

n cosas poco importantes, dándole prioridad a sus es

aba de forma indebi

ían esos glúteos firmes entre sus manos y có

ki" Pensó saboreando su propia bo

Qué haces que no estás lustrando el caño con

sacudiendo su cabeza como si alejara

cesitaba el dinero de

o el nombre, le había dado el dinero que necesitab

jefe, sabía que eso sería para problema, y tener m

s mafiosos italianos en ese ca

bía sentido tan viva como cuando golpeó

r sus venas, cómo sudaba su cuerpo

era que no lo h

el escenario, tus clientes te ex

a voy

r olvidar que est

-

u casa en compañ

a noche bailando sin parar

descalza por el asfalto frío. Sus pies estaban rojos y con ronchas por los zapat

esplomándose en el suelo de no ser por

ariño?- pregun

a cabeza, murmurando u

e a la facultad.- susurró casi entrando al

te quedas a d

negó con

.. hoy ten

a forma iba a poder mantener la media beca que

o bolso sacó los 500 dólares más lo

tupefacto tant

nseguiste? N

exclamó colocando el dinero en la mano del hombre y cerrándola- Paga el alquiler y con lo

ro- Ahora ve a dormir- exclamó dando emp

ia la cama quedándose dormida antes

-

or favor- exclamó el abo

nte muy lejos de allí, en una misteriosa mujer que lo habí

dio, lo había mantenido toda l

sintió co

cesito estar solo.

alió siendo escoltado por

..- le orden

or?- preguntó su f

entenció pensat

e nombre? ¿Debemos

haciendo un gesto con su mano- menuda pero tonificada, de pelo castaño hasta la cintura y ojos color miel- la describió

or, ya mis

ose hacia el gran ventanal desde donde podía contemplar la ciudad noctur

-

su guardaespaldas se

r Whi

algo?- pregu

có una computadora portátil abierta con u

io p

a cámara de seguridad del

hábiles movimientos de esa misteriosa mujer, ahora podí

si realmente no era

xclamó.- ¿Puedes

la

con la búsque

se

ra vez el video de la

subía más y más, la quería cerca de él, quería saber más d

-

guntó el joven mafioso cuand

nció el homb

estar haciendo nada durante todo el día, es

e nunca, Iván quer

lo que pa

tu socio inten

esperaba que su padr

Acabo de decir que int

.- Lo importante aquí es que estás vivo, eso

le pa

acribillado y sol

nocida me salvó la vida, ho

fundido, como si no hubiese

¿te refieres a n

ó con la

si hubiese dependido de ellos ya

fe, sabiendo que luego iba a

go avergonzado, con su

do su padre comenzó a reírse a carcajad

los ojos

ágrima traicionera. -¿Una mujer? ¿Ganán

ismo se hubiese reído de algo como eso, si no

jos- sentenció mostrándole a su

ticamente de su rostro al ver a la mujer

exageradamente y comenz

xtrañó

o lo que es

más aterrorizado y en

exclamó Iván cuan

s, como si estuviera procesando lo que

ó frotándose la ba

n la cabeza est

ldas para mí- dijo más para

dre- ¿No crees que sería humillante para la familia?- prot

ntras su padre estuviera postrad

uen, ella tiene que formar parte de nuestr

ontradecirme?- a

de las pulsaciones que estaba con

recuperes, tú mismo lo dijiste- sentenció, y

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La guardaespaldas del Mafioso
La guardaespaldas del Mafioso
“Un cuerpo fornido y mucho más grande que el de Clara la chocó de lleno, haciéndola tropezar, especialmente porque los tacos aguja plateados que su jefe le había dado no ayudaban mucho. Ambos cayeron al suelo, ella de espaldas al frío y sucio piso, y el misterioso sujeto encima de ella, con cada brazo a los costados de su rostro, sosteniéndose para no aplastar con todo su peso a la joven que había salido de la nada y le había arruinado su huida. Todo pasó muy rápido, Clara abrió grandes sus ojos color miel al ver que su nariz respingada y pequeña rozaba muy de cerca la nariz recta del hombre que tenía delante. Clara no recordaba la última vez que había estado tan cerca de un hombre. En realidad, nunca lo había estado. Quiso protestar, pero el hombre fue más rápido y le ordenó, con una voz ronca pero sensual: -Ayúdame a esconderme.-”