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Tú me enseñaste

Tú me enseñaste

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Capítulo 1 Encuentro

Palabras:1367    |    Actualizado en: 29/10/2024

nt

, que solo venía a joder, ¡hoy sábado y eran las cuatro de la mañana!, pero ¿este

eglado. Tenemos que estar e

? ¡Se te perdiero

no tomaras

de horas de haber ll

te olvidó? -Me l

alto, peor no recuerdo si tenía un compromiso. Él siempre me ayuda con los recordatorios, parecía el secre

mpromiso

ar a Maju con tu al

lugar donde la señora que trabajaba en arreglar el apartamento y cocinar ponía la correspondencia del pent-house. -vivo en una lujosa zo

que la gente me vea como un superficial, no presto atención, dejo que piensen algo diferente. En todo caso, Santos Domínguez se m

solo mis amigos. Mi casa era sagrada y solo ingresaban amigos y gente de confianza. No he podido alejar esa s

s muy elegante con una cinta de algún t

ción de los quince años de nuestra

: 8:

e fo

esa fech

mañana, no pude encontrar antes

e ni me acuerdo como era, solo recuerdo a una niña de casi seis años la última vez que la vi. Pero a César y a Maju no podía hacerles tal de

n mi carro

llos. Lo hice antes de salir, me lavé los dientes, la cara y metí mi bolsa de artículos personales. Eran once horas de vuelo, vamos a

n tonos grises, azul oscuro, mi apartamento era baj

de su tío, otra digna mujer para ser una esposa-. Va

nes

e le iluminaron los ojos al verme, siempre pasaba. En co

oces, para sab

u. Ella, creo que tiene los

oge r

me esa cadena de oro blanco y mués

corrimos en dirección a la sala de espera. Al menos en las once horas restantes dormiré. Una vez en los puestos de primera cl

añitos lo arrastraba por toda la casa, ironías de la vida, es a la única damita por la que me he tomado el trabajo siempre de comprarle l

.***.

Cons

e que iba a lucir hoy. -Me puse a brincar de la emoción; mi vestido era en palo de rosa, un exclusivo t

no había comido nada y adoro la comida. Los dedos se me ensuciaron de chocolate y con el cuid

. Sentí los cachetes calientes. -Dios de mi vida y del amor her

do, como si hubieran estripado una gata-. Vine a entregarte mi regalo. -respiré pr

verdad no me

y Santos Domínguez. -Miércoles, ¿este era

che? -Una vez que lo dije me puse má

s? -afirmé, me giré, me puso la cadena, era preciosa y él er

ás lo bella que est

enza!, quería lanzarle todos los muebles al tío Alejo. La carcajada de Santos me hizo abochor

collar, hay unos

osos, mi tía me los puso. Alejo se llevó a Santos y me quedé m

s hombres mayores, eso desde niña lo demostraste, por

. -Me

rincesa, él no ama a na

dre suele decir que a los seis años le hice un desastr

ocó pagar para que pintaran de nuevo varias paredes de su apartamento en Ca

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Tú me enseñaste
Tú me enseñaste
“Dos historias de amor entrelazados por la amistad. Corazones para restaurar, intensiones de enseñar a confiar, de aprender a amar, porque la vida se trata de crecer, de restaurar, de pedir perdón, de entregar perdón y de perdonarnos a nosotros mismos, porque no somos perfectos. Santos Domínguez un hombre marcado por el pasado, y eso hizo que no confiara en nadie más que en las personas que estuvieron a su lado en su secuestro. No cree en el amor, solo disfruta del placer de las mujeres, y tampoco engaña, ellas saben que lo único que puede ofrecer... Es un par de horas en una cama. María Constanza Abdala desde que lo vio de nuevo decretó que sería suyo, aunque todos le digan; «es mayor y no mires a Santos Domínguez». Pero en silencio le fue imposible ocultar la atracción y cayó ante ese enigmático seductor sin importar la diferencia de años entre ellos. Guillermo Guzmán a su edad adulta no lograba encausar de nuevo sus sentimientos. El tiempo le recordaba siempre la misma mujer del pasado. A pesar de haber terminado porque el amor se acabó... Sin embargo, todo en él cambió cuando le llegó una invitación para una boda y ahí comprendió que él era historia en su vida. Natalia Salamanca, le costó superar esa tarde cuando le dijo que ya no sentía lo mismo y había dejado de amarla, cayó en una gran soledad y tardó en superar ese fracaso. Ahora se encuentra con la ilusión de formar un hogar... Ya no podía quedarse en el pasado, él continuó su vida, ella debía realizar la suya.”