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El Amuleto Manchado de Sangre

Capítulo 2 

Palabras:719    |    Actualizado en: 07/07/2025

resión impaciente. Notó su a

n? ¿Dón

a estaba el amuleto de lana suave. Pero no e

angre de

ina era ape

eó la nariz contra una piedra. Él f

manchado, la prueba f

pre te miente. Y tú si

por un segundo, pero su ros

ana, eso es todo! Inventas cualqu

nsarlo. Su lealtad a Sasha e

ce, cariñoso. Le encantaba correr por el campo y reír a carcajadas. Roy

ató el amule

mo están Sash

ía y se quedaría. Ni siquiera notó que Máximo no esta

helado de la casa. Abrazaba la urna, e

l apareció en la puerta.

esto. Dijo que

nía er

Dentro había un sué

la lana de oveja

to, avergonzado. La miró com

o lo rec

aban cuatro años casados y no s

áximo entonces. A

total inocencia, fue la

está m

liendo por la puerta, sin escucharla. Su

s manos. Luego miró la urna. Una

o rompió en pedazos, como si quisiera destr

entregó el acuerdo de divorcio, Máximo todavía estaría vivo. Se hab

Anderson. Le enseñaba a hacer nudos de militar

iró y dijo con voz ch

resonó en el air

puerta, con una s

Es solo un niño. Te ve com

al niño, se volvió hacia

s? Estás celosa. Deb

vida, Lina no bajó l

güenza? El único que debería averg

fue evidente. No estaba acostu

vándose a Sasha y a Anderson

Lina fue a

ssa. Defini

a firme,

irla esta vez. Vio la d

aestra en la cooperat

de billetes. Era

sa. No sé cóm

ue hacerlo.

lo de alivio. Era el primer paso hacia su liber

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El Amuleto Manchado de Sangre
El Amuleto Manchado de Sangre
“El viento helado de la Puna cortaba la piel mientras caminaba, con los ojos hinchados por las lágrimas ya secas, aferrándome a la urna que guardaba las cenizas de mi hijo Máximo. Mi esposo, Roy, a quien iba a entregarle los papeles del divorcio, no solo no creyó la devastadora verdad de la muerte de nuestro hijo, sino que, manipulado por mi hermana Sasha, me acusó de inventarlo todo para llamar la atención. Roy no mostró ni una pizca de dolor o preocupación por Máximo, se negó a firmar el permiso de entierro, y, en un acto que me desgarró el alma, entregó el amuleto de vicuña de nuestro hijo a Anderson, el niño mimado de Sasha, iniciando los trámites para adoptarlo y reemplazar así a nuestro propio hijo. ¿Cómo era posible que el hombre que juró amarme y el padre de mi hijo pudiera ser tan ciego, tan cruel, tan absolutamente desprovisto de humanidad ante el dolor más insoportable de una madre? Con la urna de Máximo fuertemente abrazada, un suéter de oveja, regalo irónico de Sasha que me irritaba la piel por mi alergia, desgarrado en mis manos, comprendí que la única salida era huir y llevarme a mi hijo lejos de esa casa, de él, y de Sasha.”