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Esclava del amor del jefe de la mafia

Capítulo 4 Capítulo 4 La llegada del novio

Palabras:1223    |    Actualizado en: 17/12/2025

pantalones. Aunque yo no podía decir si lo había hecho, vi que había comenzado a llorar sin el menor disimulo, aterrorizado. Sería mejor que yo ma

Osirio?", gritó el

abido cuál era su nombre. Tampoco había visto una fotografía de él, por lo que desconocía su aspecto. De todos modos yo no tenía el menor interés

las filas de hombres, vestidos de pies a cabeza con trajes

ueran chiquillos que hubieran sido sorprendidos haciendo alguna travesura, mientras intercamb

e.", dijo un hombre que, supuse, era uno de los hombres de confianz

!", tronó el jefe, cuyo rostro se enroje

r favor, espere un poco más", s

de!", bramó el jefe a continuación, mientras lo agarraba

erdad, no lo culpaba por no haberse presentado. Me imaginé que lo embargaban los mismos sentimientos que a mí. ¿Quién en su sano juicio querría casarse con una mujer a la

que te llames. Gracias por n

n inusitada desesperación, pese a que no era una persona religiosa y apenas creía en Dios. Sin embargo, si Dio

ha llegado!",

Q

a llegado!", exclamó con alegría el je

a por toda la eternidad. ¿Por qué había aparecido? ¿A

o, para mirar en dirección a la entrada de la iglesia. La gran puerta de madera se

aspecto tendría. Si su padre había tenido que llegar al extremo de concertarle un matrimonio, entonces

ado, mientras aplaudía alegremente a

día ver su rostro. Él no entró solo a la iglesia. Para ser precisa, parecía ser incapaz de caminar sin ayuda o soportar su propio peso en es

parecía estar.

er estaba inconsciente y, por lo tanto, ignoraba lo que sucedía a su alrededor. A medida

. Era alto... muy alto. Los dos hombres vestidos de negro que lo ayudaban a desplazarse eran mucho más corpulentos y altos que el hombre promedio,

ceremonia y yo comprendimos la razón de ello. El desagradable hedor a alcohol que despedía era tan intenso que, seguramente, no había e

ba ebrio co

ía el torso desnudo, pero alguien le había puesto pantalones blancos, un traje tipo blazer blanco y un par de zapatos de cuero negro. Los mú

roximadamente mi misma edad, alto, de cuerpo armonioso y, suponía yo, bien parecido. Sin embargo, el hecho de que se tratara de un hombre ap

e que el novio estaba inconsciente. Sin embargo, temiendo que su padre me volara los sesos, lit

Aunque no pude entender lo que decían, conjeturé algo al respecto. Por lo que había oído antes,

susurró el viejo sacerdote; había hablado

o mucho su observ

ntin

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Esclava del amor del jefe de la mafia
Esclava del amor del jefe de la mafia
“"Regla número uno, nunca... jamás... debes entrar en mi dormitorio." "Regla número dos, no me tocarás sin mi permiso." "Regla número tres, no me hablarás a menos que te hable." "Regla número cuatro: harás todo lo que te pida, pase lo que pase." Yo, Margarita Alfonso, una universitaria corriente, había sido obligada a contraer matrimonio, con el heredero del mayor sindicato mafioso a nivel mundial, Osirio Iker. Estas son las reglas que me impuso en nuestro primer día de recién casados. "¿Y si rompo una de ellas?", pregunté. "Entonces tomaré una parte de tu cuerpo como mía". "¿Qué? ¿Por qué no te quedas con todo mi cuerpo? ¿No lo quieres?"”