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Esclava del amor del jefe de la mafia

Capítulo 9 Capítulo 9 Nos reencontramos

Palabras:1129    |    Actualizado en: 17/12/2025

¿En qué momento me había quedado dormida? Debía haber dormitado durante el viaje hasta la ciudad, el cual había tardado v

me enco

ue habíamos llegado a una gigantesca mansión, decorada al estilo barroco euro

s circunstancias que rodearan mi llegada a ese lugar, seguramente estaría fascinada ante aquella maravillosa vista, y habría desbordado entusiasmo al

nta adhesiva que cubría mi boca. Me aclaré la garganta nerviosamente y, a continuación, intenté emitir algún so

os?", pregunté en

a ver la luz del alba, tendrá que cuidar su lenguaje y actuar con sensatez", me adv

un hombre m

e la sinceridad de sus palabras. Estaba a su merced; si dijera o hiciera algo indebido, p

cería el jefe de una banda mafiosa, pero lu

de mi cuerpo, impidiendo mi fuga. Sin embargo, a decir verdad, la idea de escapar de allí nunca cruzó por mi mente, pues yo sabía que era absolutamente i

el jefe, cualquiera que esta fuera. Me sorprendió el derroche de lujo de la mansión. Cada rincón estaba decorado con un vivo color rojo aterciopelado mezclado con oro. Las esculturas

Sin embargo, jamás imaginé que llegaría a ver con mis propios ojos dicha riqueza fabulosa. A pesar de la lujo

se detenido de manera abrupta; casi choqué contr

oja doble de madera oscura, muy alta y grande, dejándome atrás, junto con los otros dos hombres que estaba

ón, la luz dorada que inundaba el interior de la estancia en la que yo acababa de entrar era cegadora. El candelabro de cristal que pendía del techo

urmuró él en voz baja.

una gran mesa de madera. No estaba mirando en nuestra dirección, sino que contemplaba el exterior a través de un enorme ventanal

aba paralizada de terror y no sabía qué hacer. Él no pensaría

ela

de la habitación. Intimidada, obedecí de inmediato. Estaba seg

sta llegar a un gran conjunto de sofás de color burdeos

mientras se volvía hacia mí por primera vez. Su gra

como él, vestido con un traje gris, se acercaba a mí y se sentaba

volver a verte", declaró, al tiempo

ndo. Bueno, no te encuentras de buenas a primeras con el jefe de un clan mafioso en la calle, y si vives en u

un se

l percatarme de que, en efecto, había

había conocido mientras corría al supermercado con la intención de h

de aquella ban

ntin

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Esclava del amor del jefe de la mafia
Esclava del amor del jefe de la mafia
“"Regla número uno, nunca... jamás... debes entrar en mi dormitorio." "Regla número dos, no me tocarás sin mi permiso." "Regla número tres, no me hablarás a menos que te hable." "Regla número cuatro: harás todo lo que te pida, pase lo que pase." Yo, Margarita Alfonso, una universitaria corriente, había sido obligada a contraer matrimonio, con el heredero del mayor sindicato mafioso a nivel mundial, Osirio Iker. Estas son las reglas que me impuso en nuestro primer día de recién casados. "¿Y si rompo una de ellas?", pregunté. "Entonces tomaré una parte de tu cuerpo como mía". "¿Qué? ¿Por qué no te quedas con todo mi cuerpo? ¿No lo quieres?"”