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El albañil de mi madre

Capítulo 2 Las consecuencias de estar provocando

Palabras:1098    |    Actualizado en: 28/12/2025

ue se pegaba a la piel como una tela húmeda, sino por

ro estaba ahí. Siempre ahí. Como si su

a decidí

puse una camiseta blanca, sin sostén, y unos shorts diminut

en la cocina, tosiendo, revolviendo la cafet

afé. Le puse una cucharada de azúcar. Se lo dejé sobre la mesa con una sonrisa

i me

. Bebió. Y s

. No por culpa, sino por rabia. Lo odié por un segundo. Odié esa indiferencia. Odié q

e pregunté, fin

estaría? -dijo, si

ento que no t

e seco. Levantó la vista. Me miró con

n día o vas a seguir siendo

golpe como una bofetada. Me apreté el pecho con una mano, como si e

alcancé a d

Durmiendo hasta tarde. Viviendo del esf

cupí-. No tenés der

orque ni siquiera fingís

Me ardieron los ojos, pero no iba a llorar delante de él. Me gir

e. Solo estoy diciendo lo que

ó quebrada-. No sabés nada de lo que me costó todo.

sé. Pero lo que v

os que duelen más por lo que callan. No entendía por qué lloraba, pero ta

enas audible-. No

eguí llorando. Y entonces él se levantó,

conmigo? -preguntó Miguel, si

ié las mejillas con la man

es contigo

ces, ¿

la vista-. Solo, me sien

o miré. Y ahí fue cuando me quebré otra

o. No uno brusc

abr

, rudimentario. Me rodeó con sus brazos ásperos, y mi cara termi

Pero yo me aferré. Lo odiaba, sí. Pero al m

taba sintiendo. Pero mis piernas dejaron de r

es mi probl

Cu

ejar de pen

Apenas audible

ulos tensarse, vi cómo gemías. Me quedé mojada desde entonces. No he podido dejar

separó con un gesto leve. Me m

ebería hacer con eso? -

toy ju

y para niñita

oy un

tás acostumbrada a que

que esto es

rón con una sola mano-, es que si vas a seguir p

al soltándose fue

ón golpeaba tan fuerte que pe

l todo. Solo lo suficiente para

es

esado. D

moví. No

arrastraba. No fue una

rrod

lengua se movía sola, como si hubiese estado esperando ese momento desde siempre. Lo envolví con la boca. Lo sentí lle

sorta. Em

susurré con la boca llena, lamiéndolo como si fuera un

esponder. Solo me miraba. Le bri

rma en que mi lengua lo hacía temblar. Estaba dura, gruesa, tibia. Perfe

orrerse en mi boca, escuchamos el

mad

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El albañil de mi madre
El albañil de mi madre
“Regresó a la casa de su madre después de diez años. No esperaba encontrarse con él. Miguel era el albañil que trabajaba en la casa. Un hombre mayor, rudo, silencioso. El hombre que dormía en la habitación de su madre. Ella no debía mirarlo. Mucho menos desearlo. Pero algo en su forma de observarla, en sus manos curtidas por el trabajo y en los silencios incómodos que compartían, empezó a quebrar límites que nunca debieron romperse. Esto no es una historia de amor. Es una historia de deseo prohibido. Porque una vez que se cruza esa línea, ya no hay forma de volver atrás.”