El Heredero Prohibido del Alpha CEO
DE J
través de los cristales tintados, el mundo se veía gris, una metáfora perfecta para mi nueva realidad. No llevaba male
l aliento. La Mansión Redd no era una casa; era un monumento a la arrogancia. Una e
rincipal. Al bajar, el aire de la montaña me golpeó e
d -dijo el chofer con una voz
urré, pero él ya esta
ban la propiedad, se alzaba otra mansión, casi tan imponente como la de Asher. En el balcón, una mujer de cabellos rubios platinados y un vestido rojo
ayor que me esperaba en la puerta, vestida
te -respondió la mujer sin emoción-. Y la mujer que, hasta hace
r mí. No era una coincidencia. A Asher Redd no le bastaba con ganar; necesitaba que todos los que lo rodeaban vieran cómo movía las piezas
yo nombre supe después era la señora
lor en las paredes y suelos tan pulidos que temía dejar la marca de mi propia desesperación en ellos. Subimo
Halloway, abriendo una p
utique de París y una vista impresionante a los jardines. Pero algo no encajaba. Mis ojos recorrieron las paredes de
puse la mano en el p
lleva esto
la privada del señor Redd -respondió la vo
quitado la chaqueta del traje y tenía los primeros botones de su camisa blanca desabrochados.
ión? -mi voz tembló-. Qui
onía los pelos de punta. Se detuvo frente a la pu
El cerrojo solo funciona desde mi lado. Yo d
n un puño cerrado que él atrapó con una facilidad insu
, pero que me mantenía anclada a él-. Y una esposa no tiene secretos para su marido. Esta puerta estará abi
a una pequeña caja de terciopelo a
ay -lla
mando una fila perfecta al pie de la cama. Sus miradas estaban fijas en el suelo,
voz llenando cada rincón de la habitación con una autoridad absoluta-. Es
llar de diamantes y zafiros brillaba con una luz casi ofensiva. Los
olo de la caja-. Es la joya más valiosa de la familia R
o-. Esas joyas tienen sangre, Ash
guntando si las
entas. Sentí el frío del metal rozando mi garganta mientras él abrochaba el cierre del collar. Sus dedos
ando mi espalda a su pecho, y nos m
de mi oído, para que solo yo p
llar pesaba sobre mi cuello como una cadena de oro. A pesar de mi ropa desgastada y mi
ca. Si alguna vez intentas quitártelo, o si alguien en esta casa se atreve a faltarte al respeto, recorda
orriendo. Me quedé a solas con él, atrapada en su abrazo de
amargura-. ¿Ya me has marcado como
e mi cuello, inhalando mi aroma con
voz vibrando contra mi piel-. Tú vas a darme mucho más tr
dirigió a la puerta secreta. Antes de cruzarla
ojos, Jeane. Porque cuando esa puerta se abr
ad de la suite, rodeada de lujos que se sentían como espinas. Llevé mi ma
ne seguía allí, en la mansión de al lado. Levantó su copa hacia
l heredero prohibido. La deuda d
osa de mi vida. Y lo peor de todo era que, mientras el sol se ponía, me sorprendí mirando esa puerta oscur