El Heredero Prohibido del Alpha CEO
DE J
el vestidor; era una pieza de lencería cara disfrazada de ropa de noche, ajustada como una segunda piel. Al mirarme al espejo, el col
-o su sadismo- tenía otros planes. Desde el gran comedor, el eco de u
a financiera. ¿Realmente vas a dejar que esa san
olo podía describir como una versión femenina y envejecida del diablo. Eleanor Redd. Vestía un traje sastre color perla y sus perlas eran
e cristal con un golpe seco-. Acércate, niña. Quiero ver de cerca cuán
Me obligué a caminar hacia la mesa, sint
entándome en la silla frente a ella, lo más lejos pos
cajada estridente que
eres que construyeron este imperio. Que tú, la hija de un hombre que se pegó un tiro porque no podía pagar sus deudas, lo uses... es un insulto a la memveces mejor hombre que cualquiera en esta sala, pero las palabras se quedaron atrapadas. Miré a Asher, esperando ve
llos estaban blancos por la fuerz
trueno bajo, cargado de una amenaza que hizo
no es digna ni de limpiar el polvo de la mansión. Deberías haber elegid
, un sonido violento en medio del silencio. Se acercó a
cálida se posó sobre mi hombro, apretándolo
u madre fue como una bofetada-. Jeane no está aquí para ser "digna" de tu aprob
r la barbilla, obligándome a levantar el rostro hacia él. Sus ojos grises estaban en
do el mío -sentenció Asher-. Y si crees que ella es
do de una urgencia hambrienta que me hizo gemir contra su boca. Sus dedos se enterraron en mi cabello, tirando con la fuerza justa para que yo me abriera a él. Frente a
un desastre y mis labios ardían. Eleanor estaba
con brusquedad-. Te dejas llevar por los instintos más b
con el corazón golpeando mis costillas como un animal enjaulado. Asher se q
así -dijo él, sin mirarme-. Eres
a mano, aunque el sabor de su whisky y su piel seguía allí-. Y n
oyando ambas manos en los bra
ersión. Come algo. Te ves pálida y necesito
a probar. Mi cuerpo seguía vibrando por el beso, una reacción tra
te. Todo lo que quería era meterme bajo las sábanas y fingir que este d
resaltaba un pequeño trozo de pape
e Asher, ni la cursiva afilada de su madre. Eran letras re
. Ni serás la primera en morir aquí. Pregúntale a Asher q
n de Asher. Estaba cerrada, pero por primera vez, no sentí que el cerrojo me protegiera de él. Sentí qu
lado de la puerta. El sonid
ba abriend
n la mansión Redd acababa de volverse mucho más oscura que una simple deuda de dinero. Estaba atrapada c