El heredero de la Luna
ntía como una intrusión violenta. Elena abrió los ojos lentamente, con el cuerpo envuelto en una calidez que nunca había conocido. Durante unos
de un abrazo. El lado d
; los pantalones oscuros y la camisa blanca impecable dictaban el regreso del CEO, del hombre de hielo que dirigía un imperio. Sin embargo, a
cargada de la vulnerabilidad de
. Ni siquiera
te a tu apartamento. Tu finiquito y una compensación extrao
ques de granito. Elena sintió
ira lo que pasó anoche... tú no estabas bien, yo
no tenían el brillo dorado de la noche anterior, pero estaban muertos.
letal-. Un error de juicio provocado por el estrés y... el fenómeno a
s quemándole los ojos-. Me miraste como si fuera lo único en tu mundo. Me tocaste como si pudieras le
ena le pareció físicamente imposible. La tomó por los hombros
n responsabilidades que no podrías ni empezar a comprender. En dos días me caso con Selene. Ella e
no lo fueras? -preguntó ella, con la vo
camente, como si su
antajearme, las consecuencias serán peores que perder un empleo. Hay fuerzas en esta ciudad que te devorarían viva
manas d
que atribuía a su corazón roto. No había buscado trabajo; no podía. Cada vez que intentaba concentrarse, el recuerdo de la noche del eclipse la
del pan tostado de su vec
aban extrañamente agudizados. Podía oír el tic-tac del reloj de la cocina desde el baño; podía o
n y sacó la prueba que había comprad
undo se sentía c
tió una sacudida eléctrica que le recorrió la columna vertebral. Se tocó el vientre. Estaba plan
imas de terror resbalando por su
Si él la había echado para proteger su estatus, ¿qué le harían a ella si sabían que
vivía en su sangre, le gritó que huyera. No podía ir a un hos
a sola maleta. Dejó su teléfono sobre la mesa de la cocina, apagado. No se llevó el dinero
as caminaba hacia la estación de autobuses, sintió un pequeño tirón en
ristal. Cer
, dejando atrás a Julian Vane y convirtiéndose en l