Un oscuro contrato con el CEO
na Th
una manera me hubiera hipnotizado.
pie
otra copa? -Me ofrece, pero hasta ese mo
Me subí la cremallera de la chaqueta hasta el cuello, f
eflejamente, yo la extiendo. Su piel es suave y f
ano. Pero ahora, señor Mackenzie, debo irme. Dime,
jo, como si me estuviera escaneando. Siento
ro-, dice finalmente, con una sonrisa sugere
demonios cree? Solo ti
zie, porque no pienso devolverle nada más-, respon
con un tono cargado de insinuaciones. Es un pervertido. Esto es demasiado i
o la paciencia. Él se da cuenta y simplemente se
xtiende la mano y logra rozar la piel de mi mano,
Le grité, incapaz de contenerme. Abre la boca y se ríe, sorpr
que pagarme ahora... pero- saca una tarjeta
correrme y un escalof
00...- dice con una sonrisa pícara -
ué clase de pers
cómo la impotencia burbujeaba den
do. No sé por qué, pero al final cojo la tarjeta y la metí en
lsa con fuerza, sintiendo la tensión por todo el cuerpo. Le miré de reojo, impidiéndole decir
no dudo en subir. Necesito alejarme de ese lugar
Matt Mackenzie, CEO de Mackenzie Associates Industries. ¿Un CEO comport
Su rostro, tan guapo, esos ojos intrigantes, el cuerpo perfecto... Y su voz, su maldita v
s total. Cierro la puerta tras de mí,
arle a mi hermana Evangeline. Siento una oleada de rabia revolviéndome
a mi hermana? ¡Maldito abusador
en una pelea salvaje. Evangeline observa triste mientras abraza a Susan, que llora inc
Estefanía, interviniendo. Me agarr
convierte en una confrontación de golpes y gritos, hasta
ar a Susan, cuyo grito agudo corta el aire. Me detengo al oír su
con mi sobrina. Tenemos que salir de esta maldita c
line está d
opciones. Además, me llamaron desd
e el corazón en mil pedazos, pero si Susan
bien, ¿vale, Evangeline? Te necesito fuerte-, susurro, inten
nía burlarse, y aunque la rabia hierve por dentro,
operamos-, solloza E
a, ¿vale?- Intento tranquilizarla, pero sé
un odio profundo. Siento su repulsión rec
salir de esta casa-, n
ambién es nuestro hogar-, r
burlona. -¿Tu casa? Por favor, esta ca
mo si fuera la basura que es,
mi casa. No te engañes. Nos quedaremos aquí, te gust
stefanía, como si fue
partimos. La rabia me consume. Quiero matarlos a los dos, acabar con
a alcohol-, me confronta Evangeli
es-, respondo mientras me quito los za
l trato de Susan es complicado, y no creo que pueda soportarlo aquí con es
corazón se congela. ¿C
cirte. Ya no estoy comprometida con C
palidece, su rostro
bró, las palabras dolieron más de lo que esperaba, y las lágrimas, que
ma, completamente furiosa. Ahora sí la mato. ¿Q
mantener la calma. -Sí, Evangeline. Voy a
tira a la cama y empieza a llorar. Durante toda la noche, sus sollozos llenan la habitación. Mi pobre
llevar a Susan al pediatra. Conseguimos salir de
es de Susan. Cada palabra que sale de su boc
l médico, mientras Evangeline y yo escuchamos en sil
Le pregunto, intentando no sonar desesperad
y 2.000 dólar
uelo bajo mis p
ro. Salimos de esa oficina con el corazón en las manos, y yo quería morir, daría cualquier cosa
una tarea absolutamente imposible, igual que vivir juntos en casa de mi padre, quería ll