Las Joyas de Sangre
de su ser, lo era. Incluso en medio del bosque ajeno, rodeada de los animados sonidos del canto de los pajarillos que parecían hablarle entre las ramas, Catherine perma
, envolviéndolos en una sensación de calma casi irreal. Una pequeña mesa sostenía todos los manjares que él mismo había
vidad, tomando sus hombros desde atrás con extremo
rpeza evidente, sirvió los alimentos. Catherine se sintió confundida. Había estudiado con diligencia todas las enseñanzas d
erecedora de su atención -dijo
ofrecerte. Nunca inclinarás tu cabeza ante mí ni ante nadie -respo
, castigarme. Si me pidieras la corona, te la entregaría sin reproche alguno. Solo anh
tiempo podrían permanecer en su pequeño paraíso, deseaba gozar cada segundo que se les concediera. Tal vez Thomas no sería capaz de consumar el matrimonio
lo. Por favor, duerme en l
rme. La cama es amplia, ambos podemos dormir abri
iquiera el desesperado ser oscuro que no lograba hallar a la princesa entre tantos aromas insaciables. Solo le quedab
o con la misma indiferencia que alguna ve había sentido en su conversión. No actuaba impulsado únicamente por el hambre. Aquella necesidad primitiva era apenas una excusa, una máscara que ocultaba algo más profundo y peligroso. En lo más recóndito de su ser habitaba una entidad voraz, antigua,
u ser en su profundo estado de descanso. Sin embargo, notó una mano posada detrás de su nuca, y su cabeza reposaba bajo un brazo firme, inclinado hacia
afiros puros, cada vez que la miraban parecían indagar su alma. Con cuidado, acarició sus labios sin despertarlo, aquellos labios que le profesaban amor. Si bien
un nuevo comienzo. Se sintió tranquila al recibir una paz que jamás había experimentado. Ahora deseaba mejorar, dej
partir aquella alegría con su esposo. Preparó panecillos de queso, láminas de queso de cabra con ajo fresco, un t
un hermoso día nos espera -susu
y ninguno pudo apartar la mirada, como si un hipnotismo
ra estas delicias. El almuerzo lo har
o que al príncipe le resultaba difícil despertar temprano. En pocas palabras, d
papel amarillento-. Surcaremos la tierra para plantar es
e nunca he realizado,
ces está bien si nos equivo
vo. Soldados custodiaban la cabaña, conteniendo fuerzas enviadas por la flamante emperatriz, decidida a interrumpir aquel
có con agua con miel-. Be
cualquier intento de envenenamiento. El cansancio era notable, pero el
, cubierto de barro. Aunque notab
como nunca antes -sonrió
no dejó de verla como la mujer más hermosa que había conocido.
la hora de la comida. En un abrir y cerrar de ojos, el horario se había desdibujado bajo la emoción compartida. Aunq
ntió avergonzada, pero sabía que debía hacerle entender que deseaba algo más que cuidado y distancia. Con
nces
mi príncipe -susurró
sombras, inmersa en cálida luz de Thomas,