La Omega Rechazada Resulta Ser La Princesa Licántropa
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una "paria sin lobo", ocultando mi
el Alfa Ricardo. Quería ver si ama
acasó de forma
ito una charola de bebidas sobre
a alcohol. Era p
el veneno me carcomía la piel, bloq
e derretía, mientras Jessica fingía llo
ideollamada, vio mi mano destrozada. Ol
no me
taba interrumpiendo su junta de
ordenó, usando su Voz de Alfa pa
dillas
or dentro. Estaba obligando a su Compañera Destinada
jo la presión, pero mi sang
nte a la lente
-sus
libreta de notas, y saqué un teléfono sa
Rey al otro lado de la l
estaba disciplin
de declararle la guer
ítu
xia
de costumbre, pero no por las copas de champaña
que hice con mi padre. Vivir como una plebeya, dejar que mi loba, que había tardado en manifestarse, se estabilizara lej
Sombra, yo era Alexia, la paria sin lobo. Un defecto.
s mentales que yo había construido. Era una Loba Blanca, una criatura de leyenda y realeza,
a. Vienen los inversionistas. El tra
do, sonaba más estresado que de costumbre. Llevaba semanas obsesionado con estos nuevos "inversionistas extr
do*, respondí, manteniendo mi ton
Sigue
ente. El silencio que sig
to rango se codeaban con humanos adinerados que vivían ajenos a los depredadores que los rodeaban. El aire est
das puertas de roble
o era de cuna noble, pero caminaba con la arrogancia de una Luna. Había salvado a la hermana de Ricardo año
junto a la seguridad, sus tacones reso
Beta, un lobo de rango medio que se doblegaba ante el poder.
a. Tenemos lista la cabina VIP
ieron el lugar y se posaron en mí.
ose sobre la música-. Quiero servicio. Ser
a mesa cuatro. Mantuve la cabeza ga
redumbre. Sacó las llaves de su BMW del bolso y las dejó
a mi coch
de li
Jessica. No v
a Omega respondiéndole a una in
sonido agudo que me
hablar? Marcos, ¿tu pers
roja. Me agarró del brazo, sus
as, Alex
ruñido bajo que vibró en mi pecho. Lo reprimí al instante. Si g
tada -siseó Marcos en mi oído-. ¿Quieres que le ll
de miedo, sino de rabia impotent
Está haciendo una escena. M
l instante, impaciente y despectiva. *Ella es importante pa
llando*, proy
sma por ser tan sensible. Re
culo s
serena, soltó un gemido de pura decepción. No era tristeza. Era la comprens
é. Estiré la mano pa
is dedos rozaron el metal, enviá
con malicia-.