Casarse con el despiadado hermano mafioso de su ex-prometido
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ena de ensayo para correr al lado de una mujer cuya úni
Familias, abandonando nuestra alianza par
a mesa principal, hacia el hombre más aterr
al me debe un esposo
on el Jefe de Jefes. Pero mi ex p
a una silla en un sóta
ara "salvar" a su amante, Jazmín, quien me veía desv
sonriendo ante mi agonía-. Toda
ión se nublaba, me di cuenta de que iba a mo
puerta de a
poso, no con un rescate, sino con un cuchill
ítu
e vista
en nuestra cena de ensayo; fir
ara correr al lado de una mujer cuya única enfermedad
al en mi mano no
os no t
l de Monterrey, la em
bilidad
el que se suponía que me casaría en veinticu
nte sincronizado, ejecutado justo cuando
udario de una mártir, y sus pestañas revoloteaban contra
bien! -gritó Horacio,
ía pa
zarse con el traje de un
tenemos que esperar. No puedo hacer est
lón de baile era más
luidos los jefes de las Ci
an las
ra en mil pedazos para poder destrozar la reputa
ento y delibera
mi garganta, pero el l
e -d
cortando los murmullos
s muy abiertos con una mezcl
e estaba da
de que le estaba
amudeó, levantando a
uave y lastimero que m
ré desde
rtas dobles, dejando una es
izquierda, parecía lis
una máscara de
ruptura; era un incum
ado de paz entre los G
opa sobre
contra el lino fue el
rada a la me
rreal estaba
D
fe de
o mayor d
había
bía h
y apoyado en la rodilla, vistiendo un esmoquin que
uros estaban
evaluando el daño como un general
más aterrado
rlo mal y había construido un i
carta que me qu
tras mi p
al baño
amente a la m
os se deslizaron hacia sus sacos,
onge
ve fren
, cuero y algo metálico, como
a cometido un
agitó su
ha h
a mi familia. H
z un estruendo profundo que vibró en mi
o, ha dejado vacío el asiento a mi lado. Un asiento
lento, su mirada nun
s sugirien
arpa
e la familia Villarr
to para liderar, espero que el jefe
andonó la
ponerle matrim
se pus
un muro de músculo
llosos apartando un mechón de
sesivo, aterrad
-dijo, lo suficientemente alto para que to
ó, sin siquiera mirar hacia las puer
hacia la
é la b
seguía
ababa de se