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La fría y amarga traición del multimillonario

Capítulo 4 4

Palabras:695    |    Actualizado en: 10/02/2026

de lavanda y a falta de uso. Anayetzi yacía encima del edr

los ojos, veía el avión cayendo. Luego

a última vez, quemar el puente tan a

ez usaba porque Adán la prefería en tonos neutros, modestos y elegantes.

rpo, resaltando curvas qu

lo oscuro hacia la

ó la

toalla envuelta bajo en sus caderas. Su cabello

la vio. Sus ojos

e estaba ca

vió con una gracia lenta y depredadora que era compl

la mano y colocó la palma plana contra s

nstante. Sin cul

cara. Parecía confundido, y

s haciendo

ernón. -Dijiste que estabas cansado. P

muñeca. Su agarre

Te ves desespera

surró ella-. ¿O

de él. -¿Ella hace esto mejor que yo? ¿Es eso? ¿O es

la em

uso las manos en sus hombr

el borde de la alfombra. Cayó hacia atr

olcaron. Un pesado frasco de cristal de Chan

antáneo: espeso,

fragmento afilado se había clavado en la pla

espirando con dificultad. No par

r atención. Es repugnante, Anayetzi.

era agudo y la mantenía en la reali

zó a

a convertirse en un sonido escalofriante

dose hacia arriba. Ignoró el vidri

a su alrededor como una armadura. La sangre dejab

ó a lo

ias,

reguntó él, c

cer est

aso enviaba una nueva punzada de agonía por su pierna, un dolor

ecisos y distantes. Sacó el fragmento de vidrio más grande de su pie con unas pinzas, viendo la sangre fluir hacia el desagüe con una extraña sen

maleta maltratada. Era la que había tra

ó. Esta

ría por mu

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La fría y amarga traición del multimillonario
La fría y amarga traición del multimillonario
“Casi muero en un accidente aéreo, viendo el suelo acercarse a toda velocidad, pero mi esposo, el magnate Adán Horta, ni siquiera llamó. Mientras yo me arrancaba el suero y salía cojeando del hospital bajo la lluvia, vi llegar su Bentley. El corazón me dio un vuelco, pensando que por fin venía por mí. Pero Adán pasó de largo, ignorando mi figura empapada. Se bajó y cargó en brazos a su exnovia, Casia, tratándola con una ternura que jamás tuvo conmigo, como si ella fuera de porcelana. Los seguí hasta el área de maternidad y escuché la devastadora verdad: 12 semanas de embarazo. Las cuentas eran exactas: la engendraron en nuestro tercer aniversario, mientras yo soplaba las velas sola en casa. Al confrontarlo esa noche, Adán ni siquiera se disculpó; me miró con frialdad y me sirvió una copa. "Casia es frágil, es un embarazo de riesgo. Tú eres aguantadora, Anayetzi, por eso me casé contigo. Deja el drama, firmaste un prenupcial". Pensó que, al bloquear mis tarjetas y dejarme sin un centavo en la calle, yo volvería arrastrándome a su mansión como el perro rescatado que él creía que era. Olvidó que antes de ser su esposa trofeo, yo ya sabía sobrevivir sin nada. Al día siguiente, irrumpí en su oficina frente a toda la junta directiva. Vertí una taza de café podrido sobre los contratos originales de su fusión más importante, arruinando el negocio del año. Y frente a su amante y sus empleados, me quité el suéter de cachemira y los jeans de diseñador que él había pagado, arrojándolos al suelo y quedándome de pie con dignidad. "Te devuelvo tu ropa, tu dinero y tu apellido, Adán. Pero ya no me tienes a mí". Las puertas del elevador se cerraron mientras él gritaba mi nombre, dejándolo solo con sus millones y su desastre.”