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ajes ficticios. Y entonces, mi hermano Martín decidió traer a casa a su "nuevo mejor amigo". ¿Su nombre? Dominic Nolan, un chico de diecinueve años que parecía salido de una novela de romance
las que si las leyera hoy, probablemente me pondría colorada de vergüenza. ¡Escribía desde el móvil! Historias en las que Dominic y yo éramos protagonistas de c
ín se fueron a la universidad. ¡Una semana estuve de duelo! ¿Cómo iba a sobrevivir sin mi hermano, mi mejor amigo? Él era quien me ayudaba
y, con el tono más solemne que había escuchado en mi vida, nos dijo: "Señores Brok, lamento informarles que su hijo Martín falleció
l jardín, donde la multitud se sentía lejana. Estaba allí, buscando un rincón donde llorar a solas, cuando vi a Dominic. Claro, el muy guapo, bajo la luz de la luna, discutiendo con alguien en voz baja. M
lditos pagarán por la muerte
r una venganza digna de una película de acción. Apenas procesaba lo que había o
imaginado! Mi primer cara a cara con Dominic y, por supuesto,
dida? -me preguntó, con esa mirada
ando cuando escuché que mencionabas mi nombre y, p
qué Martín te llamab
ncé a llorar. Solo recordar ese apodo me desmoronó. Do
o, era como un hermano. Su muerte
ar, con la cara en
inic? ¿Prometes ve
rometo,
estás? -Escuché a mi madr
con cuidado y me
s. No le digas a nad
n la mejilla antes de desaparecer en la noche. Esa fu
mi madre, intenté ma
estabas? -
má. Solo querí
vi con
staba sola. Tú no estás bie
ir, algo que en ese momento me pareció de lo más normal. Tiempo después, sin e
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