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Maridos intercambiados: ¿se puede cambiar el destino?

Capítulo 2 Un acuerdo

Palabras:1639    |    Actualizado en: 11/03/2026

lena salieron con regalos bien envu

nía impecable: cada gesto estaba pulid

suave sonrisa. "Son muy dulces. No hace falta que se queden encerradas con nosotro

Graciela se levantó de su asiento, alisán

el comedor q

mpió el silencio. Se presentó a su lado sin previo av

ar palabra, él ya se había vuelto

uirlo, los tacones repiqueteando s

rtiguado le hizo trizas la compostura. De pronto, se vi

de dulzura y desataba su crueldad: su cinturón golpeaba una y otra vez hasta que la piel de ella ardía y se lle

as retrocedía un paso por instinto,

a distancia calculada entre ellos. "Tranquila", declaró con calma. "N

, apretando los dedos hasta forma

do escapar por completo al mi

tudió el rostro imperturbable

concertado entre las dos familias, y otra tras su devastador accidente automovilístico, cuando que

ertido en su vida pasada, esta versión de Sebastián aún conservaba

que se ceñía a su cuerpo resaltaba sus anchos hombros. Las mangas remangadas dejaban

ntó Graciela, bajando

uenta: si alguien como él optaba por la viol

ocumento, lo colocó sobre la superficie y afirmó sin rodeos: "Aclaremos las cos

que había otra per

tes de que se disuelva este matrimonio, espero que respetes los términos del acuerdo. En público, actuaremos como una pareja dedicada. A pu

on un destello de urgencia en

acción le par

na leve diversión brillando en s

leerlo con atención. Las cláusulas eran concisas e imparciales, y detallaban las ex

obre el acuerdo, la pluma lista para fi

o. "¿Qué ocurre? ¿Hay al

úo con mi investigación después de que

en sus labios. "Por supuesto que no.

tono cambió al instante: bajo, suave, casi tierno. "No te estreses. Env

distante que utilizaba con Graciela, lo que revelab

en paz, Graciela tomó la

vió, notó que su firma ya estaba puesta. Sig

s del acuerdo; ella tomó la suya y

intención de quedarse. Recogió el acuerdo

ió que el pasillo estaba en silencio:

vó Sebastián con tono mesurado. "¿Cómo piens

La distancia educada entre ellos parecía deliberada: él había sido directo desde

Graciela relajara los hombros. Por primera vez en el dí

el control asfixiante de Teo en su vida pasad

ontrol de su familia y centrar

iera su curso, por fin sería l

lo pero distante. "Yo misma llamaré

reconocimiento, con expresión indescif

ta del mayordomo de enviar un a

paso al filtrarse unas débiles v

ede que él se case por obligación, pero mis sentimientos

a por instinto, conten

recorrió la espalda: nunca

donde estaba, temien

Teo mientras colocaba un delicado collar alrededor del cuello

jo con voz ligera y t

percató del destello de crueldad que at

nvertía a Elena en el peón perfecto para su propio juego de poder. Graciela, por su parte, vivía callada en su propio m

a que llevaba al cuello, y una lev

la esperanza de que el afecto pudiera florecer a part

ocada la hundió más en la ruina, hasta que llegó el final: sola, en la sala de

o, el hombre que par

boda, juró eclipsar a Grac

te lleve a casa", murmuró Teo, con

ano en la de él sin vacilar, el

opuesto, la par

a casi se le doblaron las piernas y apoyó una mano t

lizó el pulso, se enderezó

to abierta con su habitual elegancia pulida, esper

tellaban con un deleite engreído, y una sonrisa socarrona se curvó en s

rdo firmado por Sebastián. La felicidad no

no experimentó más que un tranquilo y agotado alivio.

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Maridos intercambiados: ¿se puede cambiar el destino?
Maridos intercambiados: ¿se puede cambiar el destino?
“En sus vidas anteriores, Graciela se casó con Teo. Aparentemente, eran la pareja académica perfecta, pero en privado, ella solo fue un trampolín para su ambición, y todo terminó en una tragedia. Su hermanastra, Elena, se casó con Sebastián, el hermano mayor de Teo, solo para ser abandonada y humillada. Esta vez, ambas renacieron. Elena se apresuró a casarse con Teo, persiguiendo el éxito que la otra una vez tuvo, sin darse cuenta de que estaba repitiendo la tragedia. Graciela, por su lado, entró en un matrimonio de conveniencia con Sebastián. Pero cuando el peligro acechó, él la defendió con uñas y dientes. ¿Podrían cambiar su destino y evitar los trágicos finales esta vez?”