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Jefe maldito: ¡aléjate de mí!

Capítulo 3 Así nomás me entregaste a otro hombre

Palabras:773    |    Actualizado en: 13/04/2026

jate. No lastimaría a

salón privado, con una mano

e escabulló apresuradamente, c

a la habitación y sus oj

la intención de besarla, pero

e, y le agarró las manos. La miró de arriba abajo, luego bajó sus labio

jarse de él, pero él

tamos... en

ema. Nadie se atrev

co problema. Con una sonrisa ladina, se abalanzó sobre ella de n

se echó hacia at

tregarla a ese hombre asqueroso c

n la mente en blanco, al se

esabrochado el sostén sin que

, ¿sí? Te va

ninguna

e inmediatamente le clavó los

presa. Retrocedió por instinto y ma

a patearla, pero Valeria no lo esquivó. Se quedó sen

asta quedar a su altura y la agarró brusca

escupió, acercánd

intentó mostrarse audaz. Enderezó los hombros y le sonrió al homb

ene que ver contigo?". De pronto, su rostro se volvió frío como una piedra. "Ella era com

rent. "Pero lo único que quieres es acostarte con ella, ¿ver

encontrar a Valeria más interesante. "¿Qué

"Ella volverá a Roseiron pronto, y estoy cien por ciento segura de

en ti?". Brent enarcó una ceja

los León". Valeria se encogió de hombros y dijo con

ando se entere de esto?". Brent la observó con atención,

. "Es por su culpa que esto

io, Brent soltó una

ré ir. Pero ten en cuenta que

aire que había es

ndo que otra oleada de miedo recorriera sus venas. Con voz amenazante, le

uctor miró a un Edwin casi ebrio por el espejo retroviso

a señorita

Edwin, mirando al conduct

eh... ¿Debe

ra propio de Edwin levant

punto de arrancar el auto. Por el rabillo de

está la seño

na, sorprendido, y para

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Jefe maldito: ¡aléjate de mí!
Jefe maldito: ¡aléjate de mí!
“El mayor arrepentimiento de Valeria fue haber aceptado el trabajo como secretaria personal de Edwin. Resultó que la lealtad no significaba nada para él. Después de todo lo que había hecho por él en los últimos cinco años, se cansó de ella y la echó sin piedad a la sucursal. Se decía que trabajar en ese lugar era más difícil. Sin embargo, Valeria descubrió que disfrutaba cada momento de su nueva vida. Estaba feliz porque finalmente había escapado de ese jefe maldito. Un chico guapo empezó a prestarle atención. Al mismo tiempo, descubrió que su padre era un multimillonario en sus últimos días. Todo lo que tenía que hacer era asentir y heredaría su fortuna. El destino siempre era impredecible. Resultó que trabajar para Edwin fue el momento más difícil. Sus caminos no se cruzaron hasta después de un tiempo, en un coctel. Edwin, lleno de arrogancia, se burló: "Veo que todavía no has superado lo nuestro. Incluso me seguiste hasta esta fiesta. ¿Tan desesperada estás?". Valeria soltó una carcajada y chasqueó la lengua con desdén. "Vaya, no recuerdo haberte invitado". "¿Qué? Ya veo, el desamor te ha vuelto inestable", respondió el hombre con una sonrisa burlona.”