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La ley de la Carne

Capítulo 2 Gasolina y provocación

Palabras:1307    |    Actualizado en: 13/06/2026

estaba prácticamente vacío, salvo por un camionero adormilado en una esquina y el camarero, un hombre mayor que limpiaba la

xplote la vejiga -anunció Isa,

nó con un contoneo perezoso, haciendo que los tres piercings de su oreja izquierda y el de la nariz destella

mente al vino para ir entonando el cuerpo? -preguntó

Asun-. El vino lo dejamos para cuando tú no estés al volante, que no quiero

, y su generoso muslo quedó justo a la vista de Jandro. Se apoyó en la mesa, dejando que el escote de la camiseta gris de

o fijamente a los ojos-. Pensaba que los del cuerpo teníais más

erse en la tensión de sus vaqueros. El policía apoyó sus manos grandes sobre las rodillas, abriendo las piernas. El chándal gris, de una

con voz más baja, casi ronca-. Pero todo a su debido tiemp

ba entre su mujer y su cuñado le estaba endureciendo la polla dentro de los calzoncillos. Conocía a Asun; sabía que cuando se ponía juguetona no ha

dejando tres tazas humeantes sobre la me

ndo su hombro con el de él. Traía los labios recién pintados de un rojo osc

e su marido sin pedir permiso-. Aunque yo que tú me daría prisa. El cielo se está po

rgo a su taza-. Pero Isa tiene razón, es mejor no entretenerse. Queda la últ

a camiseta gris que, de nuevo, insistía en

in mí -dijo, guiñándole un ojo a

nte el vaquero ajustado, que se amoldaba a la perfección a ese culazo redondo y firme que desafiaba la grav

tención en la carretera con eso sentado al lado -soltó el

jada y se recostó en e

e creas que tu mujer se queda atrás. Ese ve

ercing de su lengua contra los dientes su

lla, estirando sus piernas largas bajo la mesa, rozando accidentalmente, o no, el t

e van de vacaciones; el tono era el de tres cómplices que sabían perfectamente que cru

de nuevo al aparcamiento de grava. El aire de la montaña se había vuelto notablemente más frío, y el vien

lla se detuvo a escasos centímetros de su pecho imponente. Podía oler la colonia barata y masculina del policía, mezclada con

baño, cuñada? -preguntó

sus pechos grandes contra los pectorales duros de él-. Es que me gusta tomar

e Isa se quedaron estáticos en el otro lado del SUV, contemplando el duelo. El policía, con un movimiento lento, extendió la mano y

r se está poniendo nervioso -

l. Manuel rodeó el vehículo, se subió y arrancó el motor. Al meter la primera marcha, miró de reojo a su mujer; vio cómo su

ave de lo habitual-. Que "El Roble Viejo"

esa mientras las primeras gotas de lluvia comenzaban a estallar con fuerza contra el

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La ley de la Carne
La ley de la Carne
“Lo que comenzó como una escapada espontánea de fin de semana para huir de la rutina de Lugo se transforma en un descenso vertiginoso hacia el desinhibido mundo del deseo absoluto. Manuel, un hedonista de carácter robusto y mente abierta, organiza un viaje junto a su esposa Asun, una mujer de curvas opulentas y descaro innato, con destino a "El Roble Viejo", un exclusivo hotel rural aislado en la indómita montaña leonesa. Los acompañan la hermana menor de Manuel, Isa -una joven estilizada, plagada de tatuajes y piercings con fantasías secretas-, y su marido Jandro, un imponente policía de actitud chulesca y firmeza ruda. Aislados por una violenta tormenta y estimulados por el alcohol, la complicidad familiar se fractura deliberadamente durante una noche de cartas frente a la chimenea. El juego destapa no solo la desnudez física de los cuatro, sino un morbo latente que dinamita los tabúes de la fidelidad y el parentesco. Las miradas posesivas y los roces calculados dan paso a un intercambio explícito de fluidos, donde la opulencia carnal de Asun y la sensualidad de metal y tinta de Isa se convierten en el epicentro de un engranaje sexual salvaje regido por la masculinidad de Manuel y la ruda disciplina de Jandro. Sin embargo, el caserón de piedra sillería guarda sus propias reglas. La complicidad del grupo se expande y se degrada deliciosamente cuando Carlos y Elena, los magnéticos dueños del hotel, descubren el balneario subterráneo y se suman a la marea de carne. A través de diferentes escenarios -desde la densa sala abuhardillada hasta el vapor de la cripta y el cuero aceitado de la sala de masajes-, los seis personajes se entregan a una espiral de sumisión, dobles penetraciones y transgresión masiva. En este refugio sin ley ni cobertura, las antiguas normas del matrimonio y la familia quedan reducidas a cenizas, sepultadas bajo el peso de un deseo implacable que promete consumirlos por completo antes de que el sol del domingo se atreva a asomar.”