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Libros de Adulto Joven para Mujeres

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Choques Profundos

Choques Profundos

Todo el que conoce a Alice Harvard sabe que es una chica hermosa de admirar, es amada por la personas que la conocen, es una chica que enfrentó una realidad que no esperaba, que no quería y que si hubiera tenido la elección o tener un súper poder literal de devolver el tiempo, jamás habría permitido que el mismo tiempo se llevara de su vida a sus dos grandes amores cuando tenía seis años. Tuvo que lidiar muy temprano siendo una niña a reconocer lo que es sentir una perdida, que las flores más hermosas se marchitan, que hay algo que siempre dolerá y nunca se olvidará, que lo que más aprecias en el mundo no es duradero. Lo que si es cierto y aunque quiera ne-garse a ello, el destino juega un papel fundamental en la vida, esto mismo la llevará a aprender algunas cosas muy importantes a amar sin miedo y a enfrentar todos esos miedos que no la hacen ser la misma Alice. Si bien es una chica que ha sabido jugar muy bien con sus sentimientos para ser más fuerte, hay algo que siente que le falta. ¿Qué es? Comenzaré diciendo que es el romance, eso no quiere decir que no haya tenido esos amores que la hicieron suspirar desde su adolescencia, pero es algo que así como es mala en las matemáticas y se aburre rápido, así mismo le pasa en el amor, los que la conocen se preguntan que si es mala en las relaciones... ¿Por qué deja ex corazones flechados? Esto es algo que sin pensarlo o pedirlo le llegará unido de algo que le ha huido con los ojos cerrados, como podría decirlo Alice cuando lo ve llegar con unos ojos que la hacen sentir muchas cosas que gritan te tengo, lo describiría como...choques profundos.
Suya por venganza

Suya por venganza

DISPONIBLE EN AMAZON KINDLE Y TAPA BLANDA 24/ JULIO/2025 Parte 1 Leah Bennet es una joven tímida, guapa, estudiante de élite y protegida hija de un temido policía de Manhattan. Vive una vida ordenada, inocente, y su única amiga es Erika, con quien comparte todo... o casi todo. Una noche, Seth Bennet, su padre, le confiesa que ha matado a Levis Russo, la mano derecha del temido Max Ravello, el capo de la mafia conocido como La Bestia. Leah no alcanza a comprender las consecuencias... hasta que al día siguiente, un coche negro la sigue. Esa misma tarde, desaparece sin dejar rastro. Max Ravello se le conoce por no tener piedad. Secuestra a Leah para enviar un mensaje al hombre que destruyó a su familia criminal. Pero cuando la ve por primera vez, algo en ella lo detiene: su mirada. Su inocencia. Su silencio valiente. Leah le planta cara, incluso temblando de miedo. Él la llama "ángel". Y jura que será suya, de la forma que quiera. Leah, rota y asustada, intenta convencerlo de que la libere. Él le da una opción cruel: o se queda, o su padre muere. Leah acepta quedarse. Cuando Erika, preocupada por la desaparición de su amiga, va a visitar a su hermano Max, descubre que la tiene cautiva. Le suplica que la libere, pero Max promete solo mantenerla encerrada... por ahora. Leah empieza a escribir un diario con sus pensamientos. Y en él, sus deseos. Porque aunque lo detesta, no puede negar que Max despierta cosas que no ha sentido jamás. La tensión entre ellos crece, y en medio del peligro, el deseo se convierte en adicción. En ese infierno de poder, pasión y secretos, ambos descubrirán que la mayor venganza... es enamorarse.
Adiós, Amor Tóxico

Adiós, Amor Tóxico

Mis ojos se abrieron de golpe, un tamborileo frenético resonaba en mis oídos. El techo blanco y liso era dolorosamente familiar, la luz del sol se filtraba con el mismo patrón. Miré mis manos, pálidas pero fuertes, sin rastro de la debilidad que me había consumido hasta el último día. El recuerdo me golpeó: el fracaso en "El Sabor de México", mi sueño hecho cenizas. La sonrisa satisfecha de Isabella Guzmán al recibir el trofeo. Y a su lado, aplaudiendo con devoción fingida, Ricardo Vargas. Ricardo, mi novio, el hombre por el que lo había sacrificado todo. Su llamada desesperada pidiendo un préstamo para "negocios culinarios" que saqué de mis ahorros universitarios y nunca recuperé. Cómo me convenció de cederle mi beca en el extranjero, prometiendo llevarme con él. Le creí, renuncié a mi oportunidad, y él regresó con Isabella. Lo peor: la mentira del accidente de Isabella. "Sofía, mi amor, Isabella tuvo un accidente terrible, tu sangre es compatible, ayúdala". Ciega de amor y estúpida, fui al hospital una y otra vez. Doné sangre hasta que los médicos me advirtieron del riesgo. Me sentía débil, mareada, pero Ricardo decía que era una heroína. Todo para que el día del concurso, apenas pudiera sostener un cuchillo, mis manos temblaban, mi mente nublada. Fracasé. Y Ricardo e Isabella triunfaron. Morí de una complicación médica, sola y olvidada, mientras ellos vivían la vida que me robaron. Pero ahora… estaba aquí. En mi cuarto. Viva. Y fuerte. Abrí los ojos para encontrarme en un pasado que creía perdido, con la oportunidad de escribir un nuevo futuro, pero esta vez, bajo mis propias reglas.
El Precio de Predecir

El Precio de Predecir

Mi hermano Leo, que llevaba diez años en un silencio ininterrumpido, era una presencia extraña en nuestra casa. Mi mamá lo llamaba un alma vieja, mi papá suspiraba, esperando que algún día hablara. Yo, Ana, de diecisiete, solo veía un niño mudo. Hasta un martes por la mañana, cuando, con mi papá a punto de irse al trabajo, Leo rompió el silencio. "Papá no va a ir a la chamba", dijo con una voz rasposa pero firme, clavando mi mundo en el asombro y el miedo. Mi mamá dejó caer la licuadora, mi papá quedó petrificado en la puerta. Él se quedó en casa ese día, pero no para descansar. Horas después, lo encontré en el patio, tirado en un charco de sangre, muerto. La policía lo cerró como un trágico accidente: un sonámbulo que cayó. Pero las palabras de Leo se clavaron en mi mente; nadie más pareció notarlas, solo yo. Cinco años después, el dolor seguía, mezclado con la culpa de un secreto que guardaba. Me había enamorado de Carlos, un refugio de normalidad. Anunciar nuestro compromiso significaba volver a casa, a ese mausoleo de nuestra familia rota, y enfrentarme a Leo, ahora un adolescente distante. Intenté ignorar el nudo en mi estómago, la inquietud que me decía que esa cena familiar no sería un nuevo comienzo. En medio de la cena, Leo, de nuevo en un susurro inaudible para mí, advirtió a Carlos. "Gracias por el consejo", dijo Carlos, una extraña calma en su voz, mientras mi hermano me lanzaba una sonrisa vacía, la misma de nuestra tragedia pasada. Él negó que fuera algo importante, pero yo sabía que me estaba mintiendo. La historia se repetía, y yo estaba, de nuevo, en el centro de la tormenta. Menos de veinticuatro horas después, el mundo se derrumbó. Los titulares lo gritaron: "El \'Niño Profeta\'…es encontrado muerto. Autoridades sospechan suicidio". No podía ser, no me creí la versión oficial. La llamada de Leo antes de su muerte resonó en mi cabeza, cortada por un ruido sordo. "No vayas a la iglesia... es una trampa...", me había advertido con pánico en su voz. Justo después, Carlos tuvo un accidente, su auto destrozado. La advertencia de Leo no era una casualidad, sino una profecía. Y ahora, todo se conectaba en una telaraña oscura y pegajosa que nos estaba atrapando a todos. El miedo me invadió, un terror insoportable por Leo, por Carlos, por mi madre. Ignoré todo y tomé una decisión: debía ir a esa iglesia. Tenía que llegar al pueblo de San Miguel y descubrir la verdad, sin importar cuál fuera.