icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
closeIcon

Obtenga su bonus en la App

Abrir

Libros de Moderno para Mujeres

Top En curso Completado
La gélida venganza de la esposa genio del multimillonario

La gélida venganza de la esposa genio del multimillonario

Mi hija de cinco años ardía en fiebre de 40 grados mientras una tormenta violenta sacudía nuestro penthouse. Mi esposo, el magnate Clifton Peñaloza, no respondía mis llamadas desesperadas mientras el cuerpo de Liliana se ponía rígido por una convulsión febril. Sola y empapada, conduje hasta urgencias solo para que mi celular me mostrara la verdad en una notificación de espectáculos: en ese mismo instante, Clifton posaba en la Gala del Met, mirando con ternura a su amante, Leonora Valiente, mientras le ponía su saco sobre los hombros. En el hospital, tuve que dejar de ser la "esposa trofeo" y recuperar mi identidad secreta como prodigio médico para salvar la vida de mi hija, pero Clifton llegó solo para arrebatarme el control legal. Trasladó a Liliana a una clínica privada donde permitió que su amante manipulara a la niña, hasta que mi propia hija me gritó con miedo que me fuera porque yo era una "mala madre". Pronto descubrí el horror detrás de su traición: Clifton estaba agotando las muestras biológicas de mi madre fallecida para tratar la enfermedad de Leonora, y ahora planeaba usar a Liliana como donante de médula sin mi permiso. Me habían borrado de mi propia vida, convirtiendo mi legado familiar en una cosecha de órganos para la mujer que destruyó mi matrimonio. ¿Cómo pudo el hombre que prometió cuidarme planear sacrificar la salud de nuestra hija por el bienestar de su amante? ¿Qué clase de monstruo utiliza la ciencia de mi padre para alimentar un adulterio patológico? Esa noche, mientras Clifton dormía oliendo al perfume de otra, saqué mi laptop encriptada y reactivé mi red en Zúrich. Peñaloza pensaba que se había casado con una cara bonita, pero estaba a punto de descubrir por qué el mundo de la medicina me temía bajo el nombre de Ánima.
Vendida por Mi Mejor Amiga

Vendida por Mi Mejor Amiga

El sabor dulce de la Coca-Cola se volvió amargo en mi boca. Lo último que recuerdo es la sonrisa de Sofía, mi mejor amiga, pasándome la botella en el camino a una fiesta en un pueblo remoto. Cuando abrí los ojos, el sol me quemaba la cara a través de un techo de lámina y el aire olía a tierra quemada. Una mujer de ojos duros me observaba, su voz arrastrada soltó la verdad: mi amiga me había vendido. Intenté levantarme, pero el mareo y la náusea me tiraron al petate áspero. Mi mejor amiga, la que conocía todos mis secretos, me había entregado como si fuera ganado. Me querían como esposa para su hijo, un muchacho simple. La rabia y el pánico me inundaron. Golpee la puerta de madera intentando escapar de esa pesadilla que gritaba ser real. Las lágrimas de impotencia me quemaban la cara. ¿Por qué Sofía, mi querida amiga, me haría esto? ¿Por celos de mi talento, de mis sueños de estudiar en el extranjero? De pronto, un detalle tallado en el dintel de la puerta me heló la sangre: un águila devorando una serpiente. Era el mismo patrón que había visto en una vieja foto de la casa de mis abuelos. No podía ser una coincidencia. Me habían traído de vuelta a casa, al pueblo de mi abuelo, Don Ramiro, una leyenda viva. Levántate, inútil. No creas que porque eres de ciudad te vamos a tratar como reina. Esa fue la última vez que me verían como la "princesita". Ahora, la verdadera fiesta estaba por comenzar.
Melodía Robada: Mi Corazón Destrozado

Melodía Robada: Mi Corazón Destrozado

La melodía era mía, de mi alma, pero una vez más, en la pantalla Diego Solís, "El Prodigio", la cantaba como suya. Mi teléfono vibraba sin parar, "Rico Mendoza, el ladrón de música, ataca de nuevo" , decían los mensajes que destrozaban mi nombre. Mi novia, la famosa actriz Sofía Navarro, entró fingiendo preocupación: "Rico, ¿qué pasó? Diego acaba de lanzar una canción… es idéntica a la tuya" . La disquera me exigía respuestas, mi voz sonaba desesperada, pero nadie me creía. Los fanáticos de Diego, los "Prodigiosos", me gritaban ladrón en la calle, y pronto, Sofía empezó a distanciarse, diciendo que yo afectaba su carrera. Mis padres, queriendo proteger mi nombre, gastaron una fortuna en abogados, pero Diego era un fantasma, no dejaba rastro. Una noche, el odio se desbordó: los "Prodigiosos" incendiaron la casa de mis padres. Recibí la llamada: "Sus padres… no lograron salir". El mundo se derrumbó, perdí la conciencia, perdí la voluntad de vivir y, en mi desesperación, me entregué al vacío. Pero entonces, una luz me cegó, un ruido ensordecedor, y abrí los ojos, jadeando. Estaba en mi cama, en mi departamento, vivo. Fue ese día, el mismo día en que Diego lanzó mi canción "Espejismo Eterno" en mi vida pasada. El "Jefe" me llamó, su voz llena de anticipación por el lanzamiento, pero yo solo pude decir: "Tenemos que cancelar el lanzamiento". Mi estómago se revolvió al ver la notificación en mi pantalla: "¡EXCLUSIVA! Diego 'El Prodigio' sorprende al mundo con su nuevo sencillo 'Espejismo Eterno' " . Esta vez, con el conocimiento de mi vida pasada, sabía quiénes eran mis verdaderos enemigos y que esta vez, el juego cambiaría.
El Anillo de la Traición

El Anillo de la Traición

El aire de mi taller, perfumado a tela nueva y café, me susurraba historias de éxito. Mi corazón rebosaba de alegría: mi negocio de moda florecía y Carlos, mi prometido, me acababa de pedir matrimonio con un diamante espectacular. Incluso mi mejor amiga, Elena, lloró de "felicidad" por mí, mientras su pequeña boutique languidecía. Pero la perfección se hizo añicos en Coyoacán, cuando Don Ricardo, un curandero del barrio, clavó su mirada en mi anillo. "Niña" , me dijo con voz rasposa, "ese anillo... no es de buena suerte. Guarda algo que perteneció a un muerto" . Lo descarté como tonterías, pero ese mismo día, mi negocio se desplomó: pedidos cancelados, proveedores fallidos, diseñadores que me abandonaban. Mientras mi mundo se desmoronaba, el de Elena florecía inexplicablemente. La advertencia de Don Ricardo resonó, insistente. Lo busqué de nuevo, desesperada, y me reveló una verdad escalofriante: el anillo contenía las cenizas de Chico, el perro de Elena. "Es un 'intercambio de fortuna' " , explicó. "Ella y tu prometido lo planearon. El anillo te roba la vida, tu suerte se transfiere a ella." Sentí que el alma se me desgarraba. Carlos, el hombre que amaba, mi mejor amiga… cómplices. Todo había sido una farsa, una cruel estafa para robarme mi herencia, mi vida. Intenté quitarme el anillo, pero estaba atascado, frío como el hielo. Don Ricardo me dio una última, terrible opción: transferir la maldición a otra persona antes de medianoche o perderlo todo. ¿Condenar a una inocente? La sola idea me revolvía el estómago. "No puedo" , le rogué. "No puedo hacerle esto a nadie" . Su respuesta fue gélida: "La elección es tuya, niña. Pero ellos no tuvieron compasión de ti" . Decidí buscar pruebas antes de actuar. Observé a Elena, radiante de éxito, la personificación de mi prosperidad robada. Llamé a Carlos, y su alegría por una inversión "milagrosa" confirmó mis peores temores: era mi dinero, mi suerte. La conversación con Elena confirmó su plan: "La estúpida de Sofía se tragó todo el cuento… para la medianoche, estará en la quiebra total. Y entonces, su herencia será vulnerable". La ira me consumió, una furia fría y calculadora. Así que volví al departamento, donde el infierno se desató.
Justicia y Pasión: El Resurgir de Sofía

Justicia y Pasión: El Resurgir de Sofía

El último timbre del examen de admisión sonó, marcando el fin de mi maratón como maestra de matemáticas, Sofía Morales. Me desplomé en mi silla, agotada pero satisfecha, hasta que una llamada del director interrumpió mi paz con un tono urgente y sombrío. "Recibí una queja muy seria esta tarde," me dijo, "un grupo de padres te está acusando de dar clases particulares ilegales y pedir regalos a cambio de favores académicos." La acusación me dejó helada, pues era absurda. Pero luego, el nombre de Brenda Guzmán apareció, y con él, un escalofrío: su madre lideraba esta campaña, justo después de que la hija no asistió a mi repaso gratuito y extrañamente "sabía" qué estudiar para el examen. La fría rabia me invadió: "Es por el examen, ¿verdad? Sus hijos salieron mal y necesitan un chivo expiatorio." No solo me agredieron físicamente, sino que reescribieron la historia para hacerme quedar como la villana, la "maestra histérica" que se autolesionó. La injusticia me quemaba por dentro, ¿cómo podían unos padres frustrados destruir mi reputación con base en mentiras descaradas? Mi historial impecable no importaba, la verdad se retorcía bajo el peso del egoísmo y la irresponsabilidad ajena. Cuando la policía llegó a mi casa vandalizada, con la ventana rota y el corazón destrozado, el director me suspendió indefinidamente para "calmar las aguas". Y luego, la estocada final: "Si no renuncias, Elena Guzmán se asegurará de que tu licencia para enseñar sea revocada permanentemente." Acorralada y traicionada, con mi vida y mi pasión pendiendo de un hilo, una decisión helada se formó en mi mente: esto era una cacería de brujas, y yo no iba a ser la víctima. No solo iba a limpiar mi nombre; iba a luchar por la verdad y la justicia.
El pacto de matrimonio fingido de la heredera muda

El pacto de matrimonio fingido de la heredera muda

Regresé a la mansión de mis padres biológicos con unos tenis rotos y una grabadora escondida en el tacón derecho. Para la millonaria familia Corriente, yo no era su hija perdida; era una pieza de repuesto defectuosa que sacaron del orfanato solo porque les era útil. Mi hermana Destello, vestida de Chanel, me tiró un vaso de agua a la cara y se burló de mi mudez, mientras mi propia madre miraba hacia otro lado con asco. Solo me trajeron de vuelta con un propósito cruel: venderme en matrimonio a Espino Zarza, un magnate que quedó paralítico tras un accidente y del que se rumoreaba que era inestable y violento. Necesitaban sacrificarme para asegurar una fusión empresarial sin arriesgar a su hija favorita. "Destello es demasiado valiosa para desperdiciarla en un lisiado. La muda servirá", escuché decir a mi padre con frialdad. Me vistieron con harapos y me llevaron a la gala de compromiso como cordero al matadero. Todos esperaban que me encogiera de miedo ante la silla de ruedas de Espino. Creyeron que mi silencio era sumisión. Pensaron que, como no hablo, tampoco pienso. No sabían que bajo mi cama escondo una tableta con encriptación militar, ni que ya he hackeado sus registros médicos y sé que mi "perfecta" hermana es biológicamente imposible. Y, sobre todo, cometieron el error de subestimar al "lisiado". Cuando me dejaron a solas con él en el balcón, lejos de los micrófonos, me incliné y rompí mi silencio con una sola frase: "Sé que estás fingiendo tu parálisis, y si no quieres que lo publique, vamos a destruir a nuestras familias juntos". El juego ha comenzado.
Amor y Venganza en el Tango

Amor y Venganza en el Tango

El zumbido de la multitud era un himno a mi sueño. Era la final del concurso nacional de talentos, mi momento para brillar, para asegurar el futuro de mi familia. La música del tango, esa que ensayé hasta el sangrado de mis pies, comenzó a sonar, pero no pude moverme. Parada en el escenario, solo veía las caras de mis padres, llenas de angustia, y las sonrisas forzadas de Ricardo y Valeria, mis supuestos mejores amigos y rivales. No era la primera vez. En mi otra vida, esta misma noche, yo bailé, gané, solo para que mi victoria durara menos de 24 horas. Una acusación falsa de fraude, pruebas manipuladas, y una campaña de desprestigio brutal me lo quitó todo. Perdí mi beca, mi reputación, mi futuro. Ricardo y Valeria ascendieron sobre mis ruinas, aceptando mis premios y mi beca, mientras mi familia se hundía. Mi madre perdió su puesto de tamales, mi padre envejeció una década en un mes, y yo… yo terminé bajo las ruedas de un coche, en medio de la lluvia. Y ahora, aquí estaba, de vuelta en el escenario, en el exacto momento en que todo se fue al infierno. El sudor frío me recorrió la espalda, el dolor de esos recuerdos me golpeó. Eran ellos. Ricardo, mi "mejor amigo" , con su ambición disimulada. Y Valeria, su novia, con su vanidad y crueldad. Eran los arquitectos de mi destrucción. Pero esta vez, no sería la víctima. Esta vez, no bailaría. No les daría la satisfacción de verme caer como antes. Dejé caer el micrófono. "Me retiro de la competencia. Y del baile. Para siempre". Observó sus caras, una mezcla de triunfo y confusión. Porque esta vez, la jugada me tocaba a mí. Y no sería la bailarina. Sería la cazadora.
Mi Segunda Oportunidad: Sin Perdón

Mi Segunda Oportunidad: Sin Perdón

Las llaves de mi coche nuevo, un trofeo de repostería, se sintieron frías y pesadas en mi mano, un presagio de mi nueva vida. El aire del pueblo ya olía a incienso y cera, anunciando la inminente Semana Santa. Pero entonces, mi prima Valeria entró en mi pastelería, su sonrisa tan falsa como siempre, seguida de cerca por mi prometido, Mateo. Sus ojos devoraban el sedán reluciente. "¡Sofía, qué coche! Tienes que dejárnoslo para ir al pueblo", dijo Valeria. Mateo añadió: "Cariño, solo es para el viaje, el mío gasta mucho y este es más seguro." En mi vida anterior, les entregué las llaves. Esa noche, Valeria, al volante de MI coche, atropelló y mató a una anciana. Con la ayuda de Mateo, dejaron MI carnet de conducir en la escena. Fui incriminada, nadie me creyó. Mis padres, mis amigos, el pueblo entero me abandonaron. El hijo de la víctima, Diego, me encontró en la procesión de Viernes Santo. La multitud, azuzada por sus mentiras y mi desesperada verdad silenciada, me linchó allí mismo, en la plaza del pueblo. Morí entre el dolor y la traición. Ahora, con el recuerdo de su vileza y mi propia muerte grabado a fuego en mi alma, volví a ver la misma petición, la misma sonrisa falsa, el mismo plan despreciable. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Permitiría que me destruyeran de nuevo? ¡Esta vez no! Mi voz salió firme y fría: "No". Guardé las llaves en mi bolsillo, el aire se llenó de una tensión que solo yo comprendía. Ellos veían a una prometida caprichosa. Yo veía a mis asesinos. Y esta vez, no les daría el arma.
Melodía Robada: Un Amor Traicionado

Melodía Robada: Un Amor Traicionado

Mi prometido, Iker, y mi hermana, Brenda, me robaron la canción en la que había volcado mi alma durante tres años. Era mi obra maestra, la que se suponía que definiría nuestras carreras juntos. Escuché todo su plan a través de la puerta entreabierta del estudio de grabación. —Es la única forma de que ganes el Premio Vanguardia, Bren —insistió Iker—. Es tu única oportunidad. Mi propia familia estaba metida en esto. —Ella es el talento, lo sé, pero no puede con la presión —dijo Brenda, citando a nuestros padres—. Es mejor así, por la familia. Me veían como un motor, una herramienta, no como una hija o la mujer con la que se suponía que Iker se casaría en tres meses. La verdad fue un veneno lento y helado. El hombre que amaba, la familia que me crio… se habían estado alimentando de mi talento desde el día en que nací. ¿Y el bebé que llevaba en mi vientre? No era un símbolo de nuestro futuro; era solo el último candado de la jaula que habían construido a mi alrededor. Más tarde, Iker me encontró temblando en el suelo de nuestro departamento, fingiendo preocupación. Me estrechó en un abrazo, susurrando en mi cabello: —Tenemos tanto por delante. Tenemos que pensar en el bebé. Fue entonces cuando supe exactamente lo que tenía que hacer. Al día siguiente, hice una llamada. Mientras Iker escuchaba en otra línea, con la voz quebrada por un pánico que por fin era real, yo hablaba tranquilamente por teléfono. —Sí, hola. Me gustaría confirmar mi cita para mañana. —La del… procedimiento.
El Papá Campesino A Millonario

El Papá Campesino A Millonario

Mi hijo Leo, mi mundo entero, soñaba con ir a un campamento de fútbol de élite en España. Con mi identidad como propietario de "Oro Verde" en secreto, mover hilos para conseguirle esa beca fue un acto de amor, construyendo un sueño que yo nunca tuve. Pero el sueño se hizo pedazos cuando Leo llegó llorando: "Papá, me quitaron mi puesto por un niño nuevo, Mateo. Su papá hizo una donación muy grande". La sangre me hirvió. Al ir a la fundación, me encontré con Ricardo, el padre de Mateo, presumiendo mi propia tarjeta de crédito, la que le di a Isabela para "gastos de casa". Isabela, mi esposa, la misma que llamaba "aburrida" nuestra vida en la finca, apareció. No solo financiaba el lujo de su amante con mi dinero, sino que, frente a mi hijo Leo y toda la gente, me negó. "No sé quiénes son este hombre y este niño", declaró con frialdad, tomando la mano de Ricardo y Mateo. "Mi único hijo es Mateo". La mirada de mi hijo, el dolor en su grito "¡Mamá!", me partió el alma. ¿Cómo una madre podía negar a su propio hijo con tanta crueldad? ¿Cómo pudo, con mi dinero, comprar la felicidad de otro a costa del dolor de su sangre? En ese instante de humillación insoportable y rabia helada, lo entendí todo. Mi vida, mi matrimonio, todo fue una farsa. Saqué mi teléfono, ya no como el "campesino" que despreciaban, sino como el verdadero hombre detrás de "Oro Verde". Era hora de que supieran quién era realmente Javier. ¿Estaban listos para la verdad?
Su esposa trofeo, la depredadora suprema

Su esposa trofeo, la depredadora suprema

Fui la esposa trofeo de Arthur Vanderbilt durante tres años, la mujer dócil que su adinerada familia usó para limpiar una crisis de relaciones públicas. Pero una noche, llegó apestando al perfume de su amante y me arrojó los papeles del divorcio sobre la mesa de mármol. "Fírmalo, Jett. Toma estos cinco millones y desaparece." Quería que renunciara a todos los bienes matrimoniales porque su amante, Serena, se mudaría la próxima semana para darle un heredero con "pedigrí". Cuando me negué y exigí mi legítimo cuatro por ciento de las acciones del Grupo Vanderbilt, Arthur se rió en mi cara, burlándose de mi origen de clase media. Serena fue más lejos: orquestó una campaña de difamación masiva en Wall Street, acusándome de lavar dinero sucio de Europa del Este. Movieron todos sus hilos para aislarme, intentando congelar mis cuentas y prohibiéndome la entrada a los mejores bufetes de abogados de Manhattan para que me rindiera. Me trataron como a una sanguijuela a la que podían aplastar con su poder y arrogancia. Lo que esta familia de idiotas no sabía era que, hace tres años, el misterioso fondo offshore que los salvó de la bancarrota absoluta era mío. Yo era la depredadora alfa que mantenía a flote su patético legado. Rompí su ridículo cheque de liquidación en pedazos y se los arrojé directamente a la cara. Luego, tomé mi teléfono encriptado para contactar al abogado corporativo más despiadado y letal de la ciudad. Era hora de despertar a los verdaderos monstruos y dejar a los Vanderbilt en la ruina.