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Libros de Romance para Mujeres

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Ya Estoy Casado, Princesa.

Ya Estoy Casado, Princesa.

Mi vida iba a comenzar. Era el cadete con las mejores calificaciones de la Academia Imperial, un futuro brillante esperaba por mí, y lo más importante, iba a casarme con Sofía, la princesa que amé desde la infancia, mi prometida. Pero justo en el día de mi graduación, mientras el Emperador me elogiaba, el mundo se derrumbó: Sofía me abofeteó públicamente, me llamó "campesino" y anunció su compromiso con su arrogante primo Diego. Esa misma semana, mi padre falleció... y mientras yo arreglaba su humilde funeral, Sofía celebraba su compromiso en el palacio. Me humillaron de nuevo, me escupieron que yo no era "nadie", un granjero que se atrevió a soñar, para luego exhibir un anillo y decir que amaba a otro. ¿Cómo era posible tanto desprecio? ¿Cómo el amor de mi vida pudo volverse tan cruel? ¿Qué la hizo cambiar de manera tan radical y humillarme así? Con el corazón destrozado, me exilié a la frontera más peligrosa, esperando morir en el intento, pero en medio de la desolación, una mujer me salvó, y con ella, un nuevo mundo se abrió ante mí, uno donde la felicidad no era un título, sino un hogar con mi esposa Elena y mi hija Luna. Cinco años después, el Emperador me llama de vuelta, y ahora, con una familia que proteger, estoy listo para enfrentar los fantasmas del pasado y cerrar ese capítulo de una vez por todas.
Divorcio: Mi Regreso a Casa

Divorcio: Mi Regreso a Casa

La muerte de mi padre, un charro de palabra y honor, fue el golpe que me despertó. Me obligó a ver mi vida: un triste reflejo de los deseos de mi esposo, el Capitán Ricardo. Así que, después de cinco años de silencio, tomé una decisión inquebrantable: el divorcio. Regresaría a San Miguel, mi hogar, para no marcharme jamás. Ricardo no hizo el menor intento de acompañarme al entierro de mi padre. Ni una llamada, ni un mensaje. Nada. Al volver a casa esa noche, lo encontré dispuesto a salir, con la cena que yo había preparado-fría y abandonada-lista para Ximena. Me rompió que mi dolor lo dejara indiferente, pero la enfermedad de "ella" lo consumiera. Luego, con una calma que me asombró, le tendí un documento. Dije que era un permiso de trabajo. Era el principio de mi libertad. Sin leer ni una palabra, lo firmó. Una semana antes, mi padre me había pedido, con su último aliento, que no culpara a Ricardo, que era un buen hombre. Pero papá, Ricardo no estaba ocupado con la patria. Estaba ocupado con Ximena. En la oficina, mi antiguo escritorio estaba ahora lleno de sus pertenencias. Cuando tiré sus cosas al suelo, ella apareció, chillando. Detrás de ella, Ricardo, que no dudó en reprenderme. "Sofía, ¿qué te pasa? ¿Desde cuándo te has vuelto tan mezquina?" Cuando tropecé por culpa de Ximena y se cayeron mis papeles, Ricardo se apresuró a recogerlos. "¿Carta de renuncia? Y esta otra es…" En ese instante, mi corazón se encogió. Mi esposo, a quien amaba, solo podía pensar en una cosa: el puesto permanente para Ximena. "Oye, Sofía, ¿podrías escribir una carta de recomendación para Ximena? Con tu ayuda, seguro que tiene más posibilidades de conseguir la plaza fija." Mi "sí" fue el último susurro de amor que le entregué. Pensé que sería el pago final por nuestros cinco años de matrimonio. En nuestra última cena, con invitados, Ricardo se indignó al ver el mole, las enchiladas, los chiles rellenos, mis platillos favoritos. "Sofía, ¿por qué preparaste tantos platillos que a Ximena no le gustan?" Ricardo y Ximena se fueron a un restaurante, dejándome sola con la comida y el abandono. Fue entonces cuando Ricardo finalmente descubrió mi plan. "¡Capitán Ricardo! ¡La Maestra Sofía le dejó una carta! Es… es una solicitud de… de divorcio…" Su rostro se transformó en una máscara de incomprensión y dolor. Ximena, con el tobillo lesionado, intentó aferrarse a él. Pero él la apartó. "¡Ah!" Ricardo estaba ciego. Ciego a mi sufrimiento. Ciego a la verdad. Ciego a todo lo que no fuera ella. Desesperado, golpeó la puerta del comisario. "¡Cuando fue esto! ¡Yo no firmé esta solicitud!" El comisario reveló el engaño de Ximena: ella interceptó el mensaje sobre la muerte de mi padre, negándome la oportunidad de la comprensión y el apoyo de Ricardo. Cuando Ricardo se enteró de la verdad, regresó a su casa. En medio de los escombros de su propia creación, solo quedaba un vacío devastador. Tiempo después, en San Miguel, mientras ayudaba a los niños en el huerto, lo vi de lejos. Ricardo estaba cubierto de polvo. Parecía más delgado, más cansado. Sus ojos, enrojecidos. Tal vez no fue la brisa.
El Eco Amargo de Tu Desprecio

El Eco Amargo de Tu Desprecio

Mi vida, como arquitecto respetado, ocultaba un secreto infierno personal: mi matrimonio de diez años con Sofía Vega. En casa, solo había indiferencia, desprecio de su familia y la sombra omnipresente de su enfermiza obsesión por su hermanastro, Adrián. La última vez que vi a Sofía, ella se estaba muriendo para salvarme de un camión descontrolado, su vestido blanco manchado de sangre. Mis oídos aún reverberan con sus últimas palabras, la traición definitiva: "Mateo, si hay una próxima vida, no te cases conmigo. No me ames." Esas palabras, el eco amargo de su desprecio y la reafirmación de su patológica devoción por Adrián, se convirtieron en mi tortura personal durante una década. Fui testigo de cómo su amor tóxico por él nos consumía a todos, arrastrándonos al abismo de un matrimonio sin alma. Su último acto por mí solo selló la dolorosa verdad: nunca hubo espacio para mí en su corazón. ¿Cómo fue posible que mi inquebrantable amor condujera a semejante rechazo final? ¿Era mi destino ser siempre una pieza en su cruel juego, condenado a un dolor perpetuo? Esa incomprensión, ese peso en mi alma, se convirtió en una obsesión ineludible. Consumido por el duelo y la necesidad de justicia, me aislé del mundo. Dediqué cada gramo de mi fortuna familiar y mi ingenio arquitectónico a un solo objetivo: construir una máquina para viajar en el tiempo. Y lo conseguí. Ahora, he regresado al día de nuestra boda, con la firme resolución de reescribir esta tragedia, liberar a Sofía de sus cadenas emocionales y, sobre todo, encontrar por fin mi propia salvación.
El contrato de Cristal

El contrato de Cristal

Elara Vance fue una heredera desterrada. Hace diez años, su ambicioso hermano y su madrastra la expulsaron del imperio farmacéutico familiar, Vance Pharma, difamándola y obligándola a firmar un contrato que la reducía a la nada. Pero Elara no se quebró; resurgió de las cenizas fundando NovaGen Biotech, una empresa de biotecnología que ahora es una amenaza existencial para el legado de su familia. Su venganza está lista para ser servida fría: una adquisición hostil que destruirá a quienes la humillaron. Para asegurar el golpe final, Elara necesita los secretos internos de Vance Pharma. Su objetivo: Liam Hayes, el CEO de un poderoso fondo de inversión y la mano derecha de su hermano, conocido por su lealtad inquebrantable y su mente fría. Elara se acerca a Liam con una oferta tan calculada como audaz: un "Contrato de Seducción" temporal. Ella le ofrece información para su propia agenda y él le da acceso a los datos que necesita. Es una transacción puramente profesional, envuelta en una fachada de romance público diseñado para ganar confianza. Sin embargo, mientras más se acercan para manipular a sus enemigos, más descubren la verdad detrás de las fachadas del otro. Liam tiene sus propios demonios y una agenda oculta que lo conecta con la caída de Vance Pharma. La frialdad inicial se convierte en una peligrosa química, transformando su trato de cristal en una pasión real. Cuando la venganza de Elara choque con la verdad de Liam, ¿podrá su incipiente amor sobrevivir al precio de la traición y a la promesa inquebrantable de derribar un imperio?
Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido

Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido

Un año después del accidente que me dejó con una pierna destrozada, creí que finalmente me recuperaba. Había sacrificado mi cuerpo, y mi pasión por la danza, para salvar la vida de mi prometido, Mateo. Él me susurraba en el hospital que era su heroína, que me amaría por siempre, que mis cicatrices no significaban nada. ¡Ingenua de mí! Hoy, en la que se suponía sería nuestra fiesta de compromiso, descubrí la verdad más brutal que cualquier hueso roto: Mateo se acostaba con mi prima Elena. Los encontré en nuestra futura casa, riéndose de mi sacrificio, de mis "estúpidas" cicatrices, de mi "patética" devoción. Escuché a Mateo confesar que me drogaba con "calmantes" para mantenerme dócil y confundida, y que Elena ¡estaba embarazada! Su plan era casarse conmigo por la fortuna de mi padre, Don Fernando Romero, y luego deshacerse de mí. Todo fue una farsa, una cruel manipulación que me dejó vacía. Pero en ese momento, el dolor se transformó en una rabia helada que me dio una claridad aterradora. No iba a ser su escalón, ni su tonta "coja". Con el corazón destrozado y la mente fría, hice lo único que podía hacer. Llamé al hermano de Mateo, Ricardo Vargas, el verdadero poder de la familia, el hombre que siempre me había mirado con una extraña admiración. "Cásate conmigo", le exigí, sabiendo que acababa de firmar mi venganza. Esta noche, Mateo perdería todo.
Ocho pérdidas, una última esperanza

Ocho pérdidas, una última esperanza

Ocho veces había sentido el aleteo de una vida dentro de mí, una alegría secreta compartida solo con Alejandro. Y ocho veces, él me la había arrebatado, susurrando que nuestro amor era demasiado frágil. Esta novena vez, una tenue línea azul en una tira de plástico, me prometí a mí misma que sería diferente. Pero entonces, él entró con Giselle Valadez, con su brazo posesivamente alrededor de ella, anunciando que era la nueva señora Garza. El corazón se me detuvo. El personal de la casa la adulaba, sus palabras me desgarraban por dentro. Alejandro, quien una vez fue mi protector, ahora me acusaba de hacer un drama, de intentar incomodar a Giselle. Una oleada de náuseas me golpeó, la prueba de embarazo en mi bolsillo era un bloque de hielo. Se volvió hacia Giselle, su voz se suavizó, llamándome emocional. Yo solo era su pupila, la niña de la que era responsable. Pero, ¿qué pasaba con las promesas susurradas, las noches en que me abrazaba como si yo lo fuera todo? ¿Fue todo una mentira? El cruel susurro de Giselle lo confirmó: Alejandro había pasado una década haciendo que me enamorara de él, solo para destruirme, para hacer que mi padre sintiera el dolor de perder a una hija. Llamó a mis bebés perdidos "errores", "pequeños accidentes no deseados". La verdad me hizo pedazos. Me había utilizado, un peón en su venganza. Mi amor, mi dolor, mis hijos... todo carecía de sentido. Tenía que escapar, proteger esta última y frágil vida.