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Caspian Noir

6 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Caspian Noir

Adiós, Ricardo: Mi Verano

Adiós, Ricardo: Mi Verano

Urban romance
5.0
Mi escritorio de caoba pulida en "Casa de Modas de la Rosa" se sentía como un escudo, un refugio donde mis diseños cobraban vida y ganaban premios. Pero, el rostro grave del gerente de RH, con su voz baja y casi un susurro, rompió toda la fantasía: "Sofía, la empresa ha decidido terminar tu contrato" . ¿Despedirme? ¿A mí? La diseñadora principal, la que trajo millones con su talento, ¿echada a la calle como si nada? Mi cerebro se puso en blanco, intentando aferrarse a la lógica, a la injusticia. ¿Por qué? Una verdad amarga se dibujó en mi mente, un nombre que dolía más que cualquier despido: Ricardo de la Rosa. El dueño, mi Ricardo. Fui su protegida, su amante secreta por tres años, la mujer que siempre estuvo a su lado. Pero hoy no solo él regresaba, también lo hacía Isabella Vargas, su prometida, su "luna blanca". Mi despido no era más que un regalo para ella, una forma de demostrarle a su prometida que yo, la mujer invisible, no era nada. Vi a Ricardo sostener la mano de Isabella, y esa mirada de devoción me lo confirmó: yo era un fantasma en su mundo. En el hospital, después de la humillante bofetada de Isabella y su amiga, Ricardo defendió a mi agresora. "Ella no quiso hacerte daño, Sofía. Solo es muy protectora con Isabella" . Ese día, bajo las luces frías, mi corazón se rompió por completo. Me prometí que ya no sería más su canario, encerrado en esa jaula de oro. La humillación sería mi motor. Mientras esperaba y él dormía, tomé su teléfono donde había un mensaje: Mañana pediría matrimonio a Isabella. Fui a buscar a Jack en Los Ángeles. ¡Que empiece el juego, Ricardo!
Mi Ex-esposo Quiso Comprarme, Yo Le Di una Lección

Mi Ex-esposo Quiso Comprarme, Yo Le Di una Lección

Urban romance
5.0
Sofía Valbuena vivía la vida idílica que Madrid esperaba de ella. Casada con el impecable Alejandro de la Torre, eran la pareja perfecta, la unión de dos imperios. Pero bajo la superficie pulida, Sofía se sentía prisionera, viviendo una farsa de cristal. Una noche, su mundo se hizo añicos con un mensaje inesperado. Un video: su marido, Alejandro, besando a otra mujer en la oscuridad de un club de jazz, un beso largo, profundo y hambriento. La imagen le robó el aliento y silenciaba el ruidoso salón del Ritz. Su huida fue instintiva, un taxi a ninguna parte que la llevó a un tablao flamenco, donde se aferró a un desconocido en un acto de venganza. Al día siguiente, la indiferencia de Alejandro fue un golpe aún más frío que la traición, dejando una barata bufanda fucsia como prueba. Luego vino la humillación pública: la amante de su marido, Carla, la atacaría en un elitista evento de polo, empapándola de champán y haciéndola caer sobre cristales rotos. Pero lo peor no fue el desprecio de Carla, sino la reacción de Alejandro: la defendió a ELLA, mientras que a Sofía la miraba con frialdad y desaprobación. Incluso instaló a su amante en la mansión contigua a la nuestra, condenándome a una tortura diaria. ¿Cómo pudo ser tan ciego, tan cruel, el hombre que prometió amor y respeto? ¿Cómo podía él idealizar la "pasión" y el "duende" de una bailaora anónima, sin saber que era la misma mujer que ahora despreciaba? La ironía era una bofetada más impactante que cualquier traición física. La furia helada se apoderó de Sofía, mezclada con una revelación desgarradora: siempre había estado sola. Pero esa soledad, junto con una inesperada independencia y un amor prohibido, fue el chispazo para una batalla que Alejandro nunca vio venir. Sofía Valbuena ya no sería la víctima silenciosa; estaba lista para reclamar su vida, su dignidad y su verdadero "duende" en una confrontación final, elegante y devastadora.