Easy Reading.
5 Libros Publicados
Libros y Cuentos de Easy Reading.
Adiós, Amor Tóxico
Adulto Joven Mis ojos se abrieron de golpe, un tamborileo frenético resonaba en mis oídos.
El techo blanco y liso era dolorosamente familiar, la luz del sol se filtraba con el mismo patrón.
Miré mis manos, pálidas pero fuertes, sin rastro de la debilidad que me había consumido hasta el último día.
El recuerdo me golpeó: el fracaso en "El Sabor de México", mi sueño hecho cenizas.
La sonrisa satisfecha de Isabella Guzmán al recibir el trofeo.
Y a su lado, aplaudiendo con devoción fingida, Ricardo Vargas.
Ricardo, mi novio, el hombre por el que lo había sacrificado todo.
Su llamada desesperada pidiendo un préstamo para "negocios culinarios" que saqué de mis ahorros universitarios y nunca recuperé.
Cómo me convenció de cederle mi beca en el extranjero, prometiendo llevarme con él.
Le creí, renuncié a mi oportunidad, y él regresó con Isabella.
Lo peor: la mentira del accidente de Isabella.
"Sofía, mi amor, Isabella tuvo un accidente terrible, tu sangre es compatible, ayúdala".
Ciega de amor y estúpida, fui al hospital una y otra vez.
Doné sangre hasta que los médicos me advirtieron del riesgo.
Me sentía débil, mareada, pero Ricardo decía que era una heroína.
Todo para que el día del concurso, apenas pudiera sostener un cuchillo, mis manos temblaban, mi mente nublada.
Fracasé. Y Ricardo e Isabella triunfaron.
Morí de una complicación médica, sola y olvidada, mientras ellos vivían la vida que me robaron.
Pero ahora… estaba aquí. En mi cuarto. Viva. Y fuerte.
Abrí los ojos para encontrarme en un pasado que creía perdido, con la oportunidad de escribir un nuevo futuro, pero esta vez, bajo mis propias reglas. La Apuesta Que Lo Cambió Todo
Urban romance Soy Ximena, la perrita faldera de Leonardo, el chico más popular de la universidad.
Nadie entiende por qué me arrastro por él, me llaman acosadora, pero no conocen mi plan.
Trabajo en tres lugares para pagar mis estudios y comprarle lo que quiere, como ese videojuego que tanto anhelaba.
Pero mientras voy al campus para darle su regalo, recibo una llamada suya que lo cambia todo.
"¿Dónde estás?", me ladra sin un "hola".
"Olvida la universidad. Ven al Hotel Grand Astoria, habitación 1201. Y trae una caja de… ya sabes", me dice.
Escucho la risita de Sofía al fondo, su conquista de la semana.
Pedirme condones mientras está con otra… la humillación me revuelve el estómago.
Respiro hondo y digo: "Voy en camino."
Cuando llego, Sofía me abre la puerta en la camisa de Leonardo, burlándose de mí: "La fiel perrita faldera."
Ella toma los condones que le doy y los arroja a mis pies, diciendo que no sirven.
Leonardo me mira con aburrimiento mientras me muerdo el labio, sintiendo sus ojos sobre mí.
"Ya, déjala en paz", dice él, sin defenderme, solo por fastidio.
Recojo la bolsa del suelo y anoto la fecha: 28 de diciembre.
Solo faltan dos días para que esta farsa termine.
Todos creen que estoy loca por Leonardo, que me humillo por un amor no correspondido.
Pero no es lo que parece. Esto... esto es una apuesta.
Y el juego está por terminar. El Retorno de Ximena: Renacer y Luchar
Fantasía El recuerdo de la sangre sobre las sábanas blancas del hospital me perseguía, un eco de la vida donde perdí a mi anhelado bebé.
Pero ahora, con los ojos bien abiertos, sentía el sudor frío en mi nuca: había regresado a mi lujosa hacienda, embarazada y con la aterradora habilidad de escuchar los pensamientos más oscuros de los demás.
Mi hijastra, la dulce Sofía, me ofreció un té de hierbas que, en su mente, era para "limpiarme por dentro" y librarse de los herederos que me arrebataban a su padre y su fortuna.
Fernando, mi esposo, ciego de amor y negación, me creyó paranoica, acusándome de aterrorizar a su hija cuando intenté exponerla.
La primera grieta en nuestra confianza se había abierto, y yo ya no era la ingenua Ximena; ahora, llena de una fría determinación, iba a luchar por mi vida y la de mis hijos, sola contra todos. La Venganza de La Ceo Nueva
Suspense Una noche, la alegría de nuestro aniversario se transformó en un grito silencioso.
Ricardo, mi esposo, aquel que juró protegerme, me sonrió mientras celebrábamos, nuestro hijo creciendo en mi vientre.
Pero en un instante, todo se desmoronó, un empujón brutal y la caída por las escaleras me robaron el aire, el bebé, y la movilidad de mis piernas.
Desperté en el hospital, con Ricardo a mi lado, su angustia parecía real, hasta que escuché las voces veladas.
Camila, su amante, confirmando el éxito del "aborto planeado" y discutiendo mi parálisis.
"El médico lo confirmó, el aborto fue… exitoso. El problema es la parálisis, no estaba en el plan que fuera tan evidente" .
"Con ella paralítica y sin el bebé que nos estorbaba, el camino está libre para Marcos. La herencia será para mi hijo, para nuestro hijo" .
¡No fue un accidente! Mi esposo, el hombre que amaba, había orquestado la muerte de nuestro hijo y mi parálisis para beneficiar a su bastardo.
La noticia de mi infertilidad me vació, pero en medio de la desolación, una chispa de fuego helado encendió mi alma: no más lágrimas, solo una férrea determinación.
Fingiría sumisión, la muñeca rota que querían, y usaría su confianza en su contra.
Me fui a Suiza, no para una cura milagrosa, sino para mi renacimiento, mientras ellos celebraban su falsa victoria en mi ausencia.
El juego acababa de cambiar de reglas.
Cuando la empresa de Ricardo colapsó, regresé no como la víctima, sino como la nueva presidenta, lista para reclamar lo que era mío y ajustar cuentas. Leche, Sangre y Furia en Gamarra
Moderno Volví al taller en Gamarra después de mi licencia de maternidad, sintiendo el aroma a tela nueva y el alivido de volver a trabajar.
Pero mi primer día se convirtió en una pesadilla cuando Yolanda Trebor, una costurera mayor, me hizo una extraña y grotesca petición: quería mi leche, pero no para un bebé.
La exigía para su hijo de diecinueve años, Máximo, creyendo que lo "curaría" y solo si se la daba directamente.
Cuando la rechacé, su amabilidad forzada se transformó en pura furia.
Me atacó en público, intentó rasgar mi blusa y luego, al día siguiente, me acorraló en un almacén oscuro con Máximo.
Él intentó asaltarme mientras ella grababa con su teléfono, prometiendo humillarme si hablaba.
Logré defenderme temporalmente, pero el horror y la humillación me invadieron.
Acudimos a la policía, pero el oficial desestimó todo como una "disputa vecinal", alegando que Yolanda era una "pobre viuda con un hijo discapacitado".
Ella se salió con la suya, intocable, burlándose de mí en la calle y prometiendo que conseguiría lo que quería.
La injusticia me carcomió: el sistema me había fallado, dejándome a merced de su locura, sin protección.
En ese momento, entendí que si la ley no me defendería, yo misma lo haría, y si la debilidad era su escudo, usaría la mía.
Fue entonces cuando recordé a mi abuela, Doña Inés, una vendedora ambulante ruda, y a mi sobrino adolescente, Patrick, un boxeador en ciernes.
Ambos, a los ojos de la sociedad, también eran "débiles" e intocables.
Decidí que haríamos que Yolanda probara su propia medicina, usando sus mismas reglas.
Mi guerra acababa de empezar. Le puede gustar
La heredera no deseada: Su regreso multimillonario
He Shuyao Después de ocho años secuestrada, por fin me rescataron. Creí que era el comienzo de una nueva vida con mi mamá.
Pero ella ni siquiera me miró. Corrió a los brazos de un hombre guapísimo y desconocido, su verdadero esposo, y a mí me trataron como un sucio secreto de su pasado.
Me llamaron una contaminación, un recordatorio de su trauma. Mi nueva hermanastra me echó encima a su dóberman, y mientras los dientes del perro se hundían en mi brazo, levanté la vista y vi a mi mamá observando desde la ventana.
Nuestras miradas se cruzaron por un segundo, y luego, lentamente, cerró las cortinas.
En ese instante, la última pizca de esperanza que me quedaba murió. El frágil lazo familiar se rompió por completo y finalmente me rendí.
Pero cometieron un error. El patriarca de la familia, lleno de sospechas después de un accidente de coche, ordenó una prueba de ADN en secreto.
Los resultados llegaron el día de la fiesta de cumpleaños de mi hermanastra, revelando una verdad que reduciría a cenizas su mundo perfecto. El precio del amor no correspondido
Lex Bridges Dieciocho días después de renunciar a Bruno Montenegro, Jade Rosario se cortó su melena que le llegaba a la cintura y llamó a su padre para anunciarle su decisión de mudarse a California y estudiar en la UC Berkeley.
Su padre, estupefacto, le preguntó por el cambio tan repentino, recordándole cómo siempre había insistido en quedarse con Bruno. Jade forzó una risa, revelando la dolorosa verdad: Bruno se iba a casar y ella, su hermanastra, ya no podía aferrarse a él.
Esa noche, intentó contarle a Bruno sobre su aceptación en la universidad, pero su prometida, Chloe Estrada, interrumpió con una llamada alegre, y las tiernas palabras de Bruno hacia Chloe fueron una tortura para el corazón de Jade. Recordó cómo esa ternura solía ser solo suya, cómo él la había protegido, y cómo ella le había confesado su amor en un diario y una carta, solo para que él explotara, rompiendo la carta y rugiendo: "¡Soy tu hermano!".
Él se había marchado furioso, dejándola sola para que ella, con el corazón destrozado, pegara los pedazos con cinta adhesiva. Sin embargo, su amor no murió, ni siquiera cuando él trajo a Chloe a casa y le dijo que la llamara "cuñada".
Ahora, lo entendía. Tenía que apagar ese fuego ella misma. Tenía que arrancarse a Bruno del corazón. El adiós número noventa y nueve
Zui Ai Chi Liu Cheng La nonagésima novena vez que Javier Lira me rompió el corazón fue la última. Éramos la pareja de oro de la Prepa Anáhuac, nuestro futuro perfectamente trazado para el Tec de Monterrey. Pero en nuestro último año, se enamoró de una chica nueva, Catalina, y nuestra historia de amor se convirtió en una danza enferma y agotadora de sus traiciones y mis amenazas vacías de dejarlo.
En una fiesta de graduación, Catalina me jaló "accidentalmente" a la alberca con ella. Javi se lanzó sin dudarlo un segundo. Pasó nadando justo a mi lado mientras yo luchaba por no ahogarme, rodeó a Catalina con sus brazos y la sacó a un lugar seguro.
Mientras la ayudaba a salir entre los aplausos de sus amigos, volteó a verme, con el cuerpo temblando y el rímel corriéndome en ríos negros por la cara.
—Tu vida ya no es mi problema —dijo, su voz tan fría como el agua en la que me estaba ahogando.
Esa noche, algo dentro de mí finalmente se hizo añicos. Fui a casa, abrí mi laptop y di clic en el botón que confirmaba mi admisión.
No al Tec con él, sino a la NYU, al otro lado del país. Entre Cenizas: Un Nuevo Pacto
Rabbit4 El aroma familiar del mole, promesa de un futuro brillante y una beca codiciada, llenaba la cocina de la escuela mientras Sofía Romero se preparaba para el examen final.
Justo entonces, un empujón brutal de Daniela Vargas la lanzó contra la estufa, escaldándole el brazo y destrozando su plato.
"¿Qué crees que haces, gata arrimada?", espetó Daniela, acusándola de ladrona y de robar la receta ancestral de su familia, la misma que había sido la tradición de los Romero por generaciones.
Ignorando a Don Manuel, el viejo ayudante que conocía el pacto secreto, Daniela hundió el preciado cucharón familiar de Sofía en su mole, tirándolo al suelo con desprecio, mientras sus amigas se burlaban de Sofía por "coquetear" con Ricardo Vargas.
La humillación culminó en una agresión salvaje: Daniela, con la ayuda de sus cómplices, la tiró al suelo, y con un crujido nauseabundo, le rompió la mano con el tacón.
El dolor era insoportable, pero la traición de saber que Armando, el mayordomo que conocía la verdad del pacto que ligaba el destino de los Vargas a su familia, se puso de lado de Daniela, fue aún peor.
La advertencia de Sofía, "Están acabando con su propia fortuna", se cernía sobre ellos, pero Daniela solo aumentó la humillación, cubriéndola de harina.
En ese instante de abrumadora desesperación y abandono, un pensamiento le dio fuerza: Ricardo Vargas.
Ricardo llegó, interponiéndose entre Sofía y su familia, llevándola al hospital y revelando que él conocía el pacto ancestral.
"El pacto no está roto, Sofía", le dijo. "Solo está buscando un nuevo ancla. Un nuevo pacto. Entre tu familia y la mía. Mi rama de la familia."
Con la decisión de Ricardo de protegerla y establecer un nuevo pacto, Sofía, la chica de origen humilde, se levantaría de las cenizas. OPUESTOS
Eréndida Alfaro Emma Marmolejo era la típica buena niña, buena hija, buena estudiante, buena ciudadana, buena hermana, buena en todo; por eso, Fernanda Marmolejo, hermana menor de Emma, decidió ser lo que la otra no era, haciendo sufrir a los que no la querían por no lograr ser tan perfecta como su hermana, y dañando a su nada querida hermana, de paso. Pero las cosas no son como Fernanda las conoce, pues ella ni siquiera se interesa en ver más allá de lo que está frente a su nariz y, puede qué, para cuando se dé cuenta de cuál es la realidad, sea demasiado tarde para tener una vida normal. Emma y Fernanda son OPUESTOS, ¿o no? Mi Talento, Su Traición
Keely Alexis La fábrica textil, nuestro universo, soltó una bomba: una beca para estudiar arte en España. Era un sueño, la única vía para escapar de una vida ya escrita.
Pero el mundo se me vino encima cuando, buscando consuelo en mi novio Mateo, escuché algo que me congeló: él, susurrándole a su prima Camila que mi talento era "local", que el verdadero puesto era para ella, conseguido con sobornos.
Regresé a la sala con el alma hecha pedazos, justo a tiempo para escuchar lo impensable: "Y la persona seleccionada es... Sofía Martínez." La ironía era cruel.
Mi padre me abrazaba, pero yo solo veía a Mateo, pálido, acercándose para pedirme lo imposible: "Sofía, ¿podrías... podrías pensar en cedérselo a Camila?" La traición era descarada, y el amor se convirtió en cenizas.
Con un dolor que me quemaba, me fui a España, a un taller rústico, con un mentor implacable, lejos del "glamour" prometido. ¿Podría mi talento, según ellos "local", sobrevivir en este nuevo y hostil mundo o sucumbiría ante su desprecio? El Fénix y Su Corazón Roto
Adventurous El aroma a cebolla asada y cilantro, el perfume del esfuerzo de mi padre Don Pedro Ramírez, era el aire que respiraba mi sueño: una beca deportiva en la mejor academia del país.
Estaba a punto de tocar el éxito, hasta que un acto de mi supuesta caballerosidad lo torció todo.
Laura Pérez, la chica más popular de la escuela, me señaló con un dedo tembloroso y sollozó: "Él me atacó."
En cuestión de horas, mi mundo se desmoronó, mi beca se detuvo y mi apodo de "El Fénix" cambió a "El Monstruo".
Pero lo peor llegó cuando mi padre, mi héroe, murió en un "accidente" intentando limpiar mi nombre.
La culpa me carcomía, ¿por qué fui tan ingenuo?
Meses después, hundido en la miseria, los vi: Laura y Alejandro, riendo, confesando su cruel plan.
"Tu padre fue un imbécil por meterse donde no lo llaman. Se buscó su propio final," dijo ella con una sonrisa helada.
La rabia me cegó, me abalancé sobre Alejandro, pero sus guardaespaldas me arrastraron a un callejón.
Los golpes llovieron, y mientras la oscuridad me envolvía, mi último pensamiento fue: "Te fallé, papá."
Pero entonces, el familiar olor a cebolla y cilantro invadió mis sentidos.
Abrí los ojos, ileso, en el mismo callejón, escuchando el mismo grito de Laura.
Estaba en el pasado, justo en el momento en que todo comenzó.
Esta vez, no habría héroes.
Solo un Fénix resurgiendo de sus cenizas para cobrar venganza.