Fishin' Floozy
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Libros y Cuentos de Fishin' Floozy
La Heredera y Su Revancha
Urban romance El resultado positivo de la prueba de embarazo temblaba en mis manos.
Llevaba tres años casada con Mateo y este bebé era la pieza que nos faltaba.
Decidí que era el momento de decirle la verdad: yo era Sofía Alarcón, la hija del magnate de los medios más poderoso de México, Don Ricardo.
Mi padre, por mi insistencia, invertiría en su empresa para salvarla.
Pero todo se desmoronó con un mensaje.
Una foto.
Mateo abrazando a su socia, Isabella.
"Celebrando nuestro futuro juntos. Te amo, mi vida."
Mi corazón se detuvo.
Y luego él entró.
"Quiero el divorcio," soltó.
No solo me dejaba, sino que se casaría con Isabella, porque según él, ella era hija del Senador Ramírez.
"¿Estás escuchando la locura que dices?" le grité.
La rabia me consumió.
Mi mano se movió.
¡PLAF!
Le di una bofetada.
En medio de la discusión, me empujó.
Caí.
Un dolor agudo.
La sangre.
Estaba perdiendo a mi bebé.
Desperté en el hospital, mi madre a mi lado, sus lágrimas confirmando mis peores miedos.
"Lo siento mucho, mi amor. El bebé…"
Él me lo quitó. Él y esa mujer.
Me arrebataron a mi hijo.
"Van a pagar. Se lo juro. Voy a destruirles."
Y así, con el dolor aún fresco, les envié un mensaje.
"Estoy lista para firmar el divorcio. Encontrémonos en el registro civil en una hora. Trae a tu socia. Quiero que todo quede claro."
Llegaron radiantes, ella embarazada.
Mateo me reclamó: "¿Y el bebé?"
"Lo perdí."
"¡Sabías lo importante que era ese niño para mí! ¡¿Cómo pudiste ser tan descuidada?!"
La ironía me quemaba.
Firmamos los papeles.
Y diez minutos después, se disponían a casarse.
"Disculpe, señorita," dijo la funcionaria a Isabella. "Hay un problema con su acta de nacimiento. Aquí dice que su padre es Ricardo… Ricardo A."
Yo sonreí.
"Qué extraño. Mi padre también se llama Ricardo Alarcón. Y recuerdo que una vez mencionó haber puesto a la hija de una empleada en su registro para ayudarla. Una niña llamada Isabella… Isabella García."
El pánico en sus ojos fue mi primera victoria.
Y la venganza, apenas comenzaba. Amor Inesperado en el Coma
Urban romance El olor a antiséptico y flores marchitas era la banda sonora de mi vida en el hospital.
Llevaba días sentado junto a Sofía, mi esposa por contrato, la reina de hielo de los negocios, ahora inmóvil en coma tras un accidente.
Nuestro matrimonio era un acuerdo frío, sin amor.
Pero al tomar su mano, una voz clara y vivaz resonó en mi cabeza, pidiendo "¡Tacos al pastor con todo! ¡Y una Coca bien fría!".
Era la verdadera Sofía, oculta tras su fachada, llena de antojos y humor ácido, ¡canturreando corridos!
Me volví su guardián, su marioneta, mientras el mundo nos veía como la historia de amor más grande de México.
Ricardo, su hermano ambicioso, y Laura, mi exnovia manipuladora, conspiraron para destruirme y apoderarse de Mendoza Corp.
Laura me tendió una trampa, una foto mía con ella en la portada, insinuando infidelidad, justo cuando Sofía despertó.
Pero ella no recordaba nada de nuestra conexión.
Me miró con la misma frialdad de antes, acusándome de aprovecharme de su tragedia.
El dolor era insoportable: había perdido a la mujer que había llegado a amar, la voz en mi cabeza se había silenciado.
Mi suegra me reveló la verdad: Sofía había construido un muro de hielo para protegerse tras el suicidio de su padre, traicionado por su socio.
Entendí su vulnerabilidad y juré luchar por la Sofía real, la que yo conocía.
Justo cuando Ricardo y Laura lanzaron el golpe final con un informe psiquiátrico falso, Sofía me miró y susurró: "Tacos al pastor".
Y entonces, lo recordó todo.
Con sus ojos llenos de lágrimas, y la rabia del engaño, la verdadera Sofía, mi cómplice mental, volvió.
Juntos, en una conferencia de prensa, revelamos toda la verdad, desmantelando la conspiración de Ricardo y Laura.
Mi esposa, la mujer que me había enseñado la verdadera intimidad sin tocar, me besó frente al mundo.
"¡Vamos a darles un espectáculo que no olvidarán!", resonó su voz ahora real. La Venganza de la Novia Rechazada
Mafia En la vibrante Oaxaca, Sofía, la sombra de la legendaria familia Vargas, vivía entre el brillo de sus "talentosas" hermanas, Carmen e Isabel.
Siempre la tonta, sin ningún don aparente, su existencia era un constante murmullo de desprecio, un recordatorio de su supuesta inutilidad.
Un martes, el destino irrumpió en camionetas negras: "El Jefe" , el capo moribundo, exigía que una de ellas eligiera a uno de sus hijos para casarse, sellando un pacto de poder.
Carmen y Isabel, con sus falsos dones, brillaron, eligiendo la gloria y la ambición, dejándole a Sofía la peor de las humillaciones: el hijo "loco".
"No elijo a ninguno de sus hijos," su voz, clara y firme, resonó en el salón, "Lo elijo a usted, Jefe."
El shock llenó la habitación, la audacia de Sofía, la "inútil", desafiaba todo lo esperado, desafiaba al mismísimo Jefe.
La Primera Dama, furiosa y despectiva, arremetió contra ella, la abofeteó, y sus hermanas, en un acto de traición, revelaron el "secreto": "Ella no tiene ningún don, ¡es una farsa, una inútil!"
Acorralada, humillada y al borde de la ejecución, Sofía, con una calma inquietante, sonrió y proclamó su verdad: "Mi poder está en mi palabra, lo que yo digo, se cumple."
"Y yo digo," clamó, señalando al Jefe agonizante, "que el Jefe no morirá hoy… mi palabra es de oro."
Fue un acto de fe, una mentira tan audaz que todos la creyeron, un milagro, y su primer paso en un plan de venganza.
Porque Sofía era la verdadera heredera de Doña Elena, no de sus dones ostentosos, sino de una astucia letal, forjada en la sombra.
Doña Elena, asesinada por el mismo Jefe, había sido vengada, no con magia, sino con la cruel precisión de una serpiente que ahoga a su presa.
Ahora, con el poder en sus manos, Sofía se preparaba para desmantelarlo todo, comenzando por el hombre que le arrebató a su madre. Engañada, Muerta, y Ahora Renacida
Fantasía Postrada en una cama por décadas, incapaz de moverme, un zumbido constante era lo único que me recordaba que seguía viva.
Mi familia me llamaba "vegetal", pero yo lo escuchaba todo.
Escuchaba a Alejandro, mi supuesto esposo, quejarse de mis gastos mientras despilfarraba mi pensión.
Escuchaba a Laura, mi hijastra, llamarme "bulto inútil" y a Ricardo, mi hijastro, referirse a mí como "la momia".
Cada palabra era veneno, alimentando un odio profundo.
Pero la última conversación lo rompió todo: "La vieja por fin se está muriendo", dijo Alejandro, sin tristeza.
Y Patricia Solís, su exesposa, respondió: "¿Estás seguro de que todo el dinero de la pensión irá a mi cuenta?".
"Claro que sí, mi amor. Sofía nunca fue más que nuestro boleto de lotería. Nunca nos casamos legalmente, así que no tiene derechos".
Esa verdad devastadora fue el último clavo.
Mi corazón dio un último apretón doloroso.
Y entonces, la oscuridad se hizo total.
Pero no fue el final.
Un dolor agudo en mi mejilla me sacó de la negrura.
Abrí los ojos de golpe.
El calendario confirmaba la fecha de hace diez años. Había renacido. Le puede gustar
Anhelando al hombre incorrecto
Elysian Sparrow Pasó diez años persiguiendo al hombre correcto, solo para enamorarse del incorrecto en un fin de semana.
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Sloane Mercer ha estado locamente enamorada de su mejor amigo, Finn Hartley, desde la universidad. Durante diez largos años, ha estado a su lado, reparándolo cada vez que Delilah Crestfield, su novia, le destrozaba su corazón.
Cuando Delilah se compromete con otro hombre, Sloane piensa que finalmente podrá tener a Finn para ella. No podría estar más equivocada.
Desesperado y con el corazón roto, Finn decide presentarse en la boda de Delilah y luchar por ella una última vez. Y quiere a Sloane a su lado.
A pesar de sus dudas, ella lo acompaña a Asheville, esperando que estar cerca de Finn de alguna manera lo haga verla como ella siempre lo ha visto.
Todo cambia cuando conoce a Knox Hartley, el hermano mayor de Finn, un hombre que no podría ser más diferente a su amigo. Es peligrosamente magnético. Knox entiende a Sloane y se propone atraerla a su mundo.
Lo que comienza como un juego arriesgado entre ellos, pronto se convierte en algo más profundo. Sloane está atrapada entre dos hermanos: uno que siempre ha roto su corazón y otro que parece decidido a conquistarlo... sin importar el costo.
AVISO DE CONTENIDO:
Esta historia está destinada exclusivamente a mayores de 18 años.
Explora temas de romance oscuro como la obsesión y el deseo con personajes moralmente complejos.
Aunque es una historia de amor, se recomienda discreción al lector. Su error fue subestimarla
Pax-Darkengel Abril Rojas siempre vivió empequeñecida:
su madre le repitió toda la vida que era más seguro no destacar, no usar el apellido de su padre, no hacer preguntas sobre el "accidente" que lo mató ni sobre la quiebra de la empresa familiar.
Ahora, Abril tiene 26 años, trabaja como analista financiera brillante pero invisible, y sale con Diego Larraín, heredero de una de las familias empresariales más poderosas del país. Ella hace los modelos, él presenta los resultados. Ella se esconde, él brilla.
En la gala empresarial del año, donde Diego le prometió que por fin la presentaría como su futura esposa, todo se da vuelta:
delante de cámaras, autoridades y medios, Diego acusa a Abril de haber filtrado información confidencial que arruinó un gran negocio con el fondo de inversión más temido del país, Valverde Capital. La acusa de ambición, de traición... y la deja.
La familia Larraín se lava las manos. La prensa la destroza. Las redes la convierten en meme.
Y el hombre al que supuestamente dañó, León Valverde, cuarentón rico, frío, guapo, el típico hombre que todas desean, la observa con una mezcla inquietante de desprecio... e interés.
León descubre que detrás de la supuesta traición hay una mente brillante, un estilo de análisis muy particular y una historia familiar que huele a encubrimiento. En lugar de hundirla, le propone un pacto peligroso:
Trabajar para él.
Casarse con él ante el mundo.
Y usar su talento para derribar al verdadero enemigo: el imperio de los Larraín, responsable de la caída de la empresa de su padre y del silencio en el que la han tenido toda la vida.
Mientras Abril asciende desde la humillación hasta el centro del poder, se enamora del hombre que podría ser su padre en edad, pelea contra su propio trauma y descubre que la peor traición no vino solo de los Larraín, sino de su madre, Marcela, que firmó un acuerdo secreto para borrar su apellido real: Villalba.
La incógnita que atraviesa toda la novela es:
¿Por qué Marcela aceptó borrar el apellido de su hija y colaborar en encubrir la muerte de su marido?
Y, cuando Abril por fin lo descubre, deberá decidir no solo qué hacer con su madre y con su apellido, sino también con el hombre que terminó amando en medio de todo: León Valverde.
¿Eres nuestro papá?
Liora Harvey Sophie Mack tenía diecinueve años cuando todo en lo que confiaba se convirtió en polvo en una sola noche: su novio, su hermanastra, la fe de su padre en ella. Salió de Nueva York con solo una maleta, la amabilidad de su mejor amiga y, dos semanas después, la noticia de que estaba esperando trillizos.
Cinco años después, Sophie regresa: una analista financiera perspicaz y certificada con tres hijos extraordinarios y sin ninguna intención de mirar atrás. El trabajo es en Harrington Group. El director ejecutivo es Elliot Harrington: brillante, controlado y atormentado por una aventura de una noche que nunca olvidó y un rostro que no podía recordar del todo.
Lo que ninguno de los dos sabe es que tres niños de cinco años ya han abierto un chat grupal secreto llamado "Operación: Encontrar a Papá", y Elliot Harrington es el Candidato Uno.
Tienen imágenes de vigilancia, una prueba de ADN y un plan muy firme. Lo único que se interpone entre ellos y su padre es cada secreto, cada villano y cada mentira que se ha ido acumulando durante cinco años, y el pequeño asunto del corazón obstinadamente guardado de su madre. Renacer de su fría traición
Gavin El contrato matrimonial que fusionaría nuestros dos imperios corporativos estaba frente a mí. Se suponía que debía firmar y entregarle mi vida a Javier Robertson, el hombre que había amado desde que éramos niños.
Pero mi amor se había consumido la noche en que cayó el candelabro. Cuando se vino abajo, mi prometido no me jaló para ponerme a salvo. Me empujó a un lado para proteger a mi prima, Casandra, con su propio cuerpo.
La eligió a ella. Por instinto.
Mi propia madre corrió a su lado, y más tarde me dijo que necesitaba ser más comprensiva. "Casandra siempre ha sido delicada, Elisa. Javier hizo lo correcto".
Fue entonces cuando lo recordé todo. En mi vida pasada, morí sola en la fría habitación de un hospital por un cáncer que encontraron demasiado tarde. Javier estaba en un viaje romántico a Los Cabos con Casandra. Mi madre estaba en un almuerzo de caridad.
Mi último pensamiento fue un arrepentimiento tan profundo que podría abrir un agujero en el universo. Había desperdiciado mi única y preciosa vida en personas que solo me veían como un escalón.
Pero ahora, estaba de vuelta. La pluma en mi mano, el contrato sobre la mesa. Javier quería a Casandra. Mi madre la adoraba. Perfecto. Que se queden juntos.
Con mano firme, tracé una sola línea limpia sobre mi nombre en el espacio para la firma y escribí uno nuevo: CASANDRA COLEMAN.
Esta vez, viviría para mí. Ojos Robados, Corazón Roto
Li Xiamu Corrí por los pasillos estériles del hospital, con el corazón desbocado.
Después de semanas de oscuridad, Ricardo, el amor de mi vida, por fin había despertado.
Al llegar a su puerta, grité su nombre, las lágrimas de felicidad nublando mi vista.
Pero en la habitación, junto a mi prometido, estaba Isabel, la hija de una de las familias más ricas de la ciudad, con una sonrisa de triunfo.
«¿Quién eres tú?», me soltó Ricardo, con una voz helada que no reconocí.
Luego de 15 años juntos, me miraba con mis propios ojos, los ojos que le doné para que pudiera volver a ver.
«Mi prometida está aquí, aléjate», añadió, y mi mundo se vino abajo.
Isabel, con falsa compasión, me dijo: «Sé que siempre te ha gustado Ricardo, pero eres solo una sirvienta de nuestra casa. Por favor, no lo molestes».
«¿Sirvienta?», susurré, confundida.
Su madre, con una risa cruel, sentenció: «Mi hijo jamás se comprometería con alguien como tú. Isabel es su prometida, ella le donó las córneas».
La hermana de Ricardo añadió: «Eres una trepadora. Pensaste que con el accidente podrías aprovecharte. La gente como tú siempre tiene su lugar. Y el tuyo no es aquí».
La humillación me quemaba. Me habían robado a mi hombre, mi sacrificio, mi identidad.
«¡No! ¡Eso es mentira! ¡Yo le doné mis ojos! ¡Ricardo, tienes que recordarme!», grité.
Pero su madre ordenó a seguridad que me sacaran al grito de: «¡Vuelve a la mansión ahora mismo! ¡Tienes que preparar la cena! ¡Es lo único para lo que sirves!».
Él solo me miró con indiferencia mientras me arrastraban fuera, rompiéndome el corazón.
Atrapada en esa mansión, me obligaron a cocinar para los que me habían destruido.
Un día, Isabel derramó té caliente sobre mí y Laura, su hermana, me empujó contra la estufa.
Yo, con la piel ardiendo, susurré: «Por favor, necesito algo para la quemadura».
Laura se rio: «Deberías estar agradecida de tener un techo. Limpia ese desastre. Ricardo tiene hambre».
«Por favor, solo déjame hablar con él. Él me escuchará», supliqué.
Entonces, Laura me empujó de nuevo, y mi mano chocó con la olla caliente.
«¡Ya basta!», gritó una voz, era Ricardo, con el ceño fruncido.
Isabel y Laura mintieron, diciendo que me había quemado sola y que estaba obsesionada.
Él se acercó y, sin dudarlo, me soltó: «No sé quién eres, pero ya me cansé de tus mentiras y tu escándalo. Isabel es la mujer que amo. Tú no eres nadie».
Me agarró el brazo herido.
«No vuelvas a molestar a mi familia».
Me soltó con un empujón.
El hombre que me prometió amor eterno, me trataba como basura.
Ese día, mientras limpiaba, vi cómo desenterraban los cactus, el símbolo de nuestro amor.
«¡No! ¡Deténganse! ¡Son míos!», grité, defendiéndolos.
Isabel se burló: «Nada en esta casa es tuyo. Eres una empleada. Quítate o te despido».
Ricardo apareció y, con rabia, empezó a arrancar los cactus con sus propias manos.
Me lanzó uno, las espinas se incrustaron en mi brazo.
«¡No quiero volver a ver tu cara en esta casa!», me gritó.
«Lárgate. Estás despedida», sentenció Isabel.
Me arrojaron mis cosas a la calle. Me quedé allí, en la acera, arrodillada, mi vida reducida a cenizas y espinas.
¿Cómo pude perderlo todo por la amnesia de él y la malicia de ellos?
Debería haber muerto en ese terremoto.
Un día mi esposo me amó, me adoró, y al día siguiente me golpeó y me echó a la calle.
Me encontró Eduardo, el primo de Ricardo. Me miró con compasión, curó mis heridas.
«Cásate conmigo», me dijo. «Te protegeré. Nadie volverá a lastimarte».
Asentí, sin entender aún por qué.
Pero esa noche, Ricardo encontró algo que podría cambiarlo todo: un viejo álbum lleno de fotos nuestras. La redención de la viuda billonaria
Demetris Ardolino Durante tres años, mi esposo, Mateo Garza, tuvo disfunción eréctil. O eso me dijo él. Fui yo quien lo sacó de un coche en llamas, y este matrimonio fue su promesa de atesorar las manos que lo salvaron.
Pero esta noche, lo escuché hablando con mi cuñada, Valeria. Confesó que su condición era una mentira para evitar tocarme, y que siempre la había amado a ella. Nuestro matrimonio era solo una farsa para complacer a su abuelo.
Las traiciones no pararon. Afirmó que fue ella quien lo salvó. Me abandonó durante un deslave para rescatarla a ella. Cuando desperté en el hospital con las costillas rotas, me pidió que donara piel de mi pierna para arreglar un rasguño en la cara de ella.
Quería mutilar mi cuerpo por la mujer que me robó la vida, la mujer que llevaba a su hijo secreto. Mi amor era una carga, mi sacrificio un chiste del que se reían a puerta cerrada.
Entonces descubrí la verdad final, la que me destrozó el alma: nuestra acta de matrimonio era falsa. Nunca fui su esposa, solo un reemplazo.
Esa noche, tomé mi teléfono y llamé a la única persona de la que él me había advertido que me alejara.
—Álex —susurré, con la voz rota—. Necesito irme. ¿Puedes verme en Europa? La falsa esposa del multimillonario, mi venganza
Leontyne Brymer Después de tres años en el extranjero, volví a casa para darle una sorpresa a mi esposo secreto, el multimillonario tecnológico Ricardo Villarreal. Por fin era el director general del imperio de su familia, y yo creía que nuestra vida juntos estaba a punto de comenzar.
Pero la sorpresa me la llevé yo. Lo primero que supe no fue por él, sino por las noticias de última hora: Ricardo estaba comprometido con una influencer llamada Valeria Torres, su supuesto amor perdido de la infancia.
Mi mundo se hizo añicos cuando vi su foto. Tenía mi cara. Entonces la verdad se desveló, cada pieza más espeluznante que la anterior. Valeria era mi media hermana. Nuestro matrimonio de tres años era un documento falso, una obra cruel que él montó porque yo era un sustituto conveniente para la mujer con la que en realidad estuvo casado todo este tiempo.
No era solo un mentiroso; era un monstruo. Me atrajo a un hospital con el pretexto de cuidarme, solo para revelar su verdadero plan: obligarme a un trasplante de tejido para salvar la vida de Valeria.
Pero mientras yacía en esa cama de hospital, prisionera a la espera de ser despojada de mis órganos, grabé una conversación que convirtió mi dolor en furia ciega. No solo me habían robado a mi esposo y mi futuro, habían asesinado a mi madre.
Pensaron que yo era una víctima de la que podían deshacerse. Estaban a punto de descubrir que yo sería la arquitecta de su ruina.