El Adiós de Sofía

El Adiós de Sofía

Ai Xiaomo

5.0
calificaciones
898
Vistas
26
Capítulo

Sofía Navarro era la envidia de todos. Era la esposa del afamado arquitecto Mateo Vargas, la mitad de "la pareja de oro" . Vivían en una villa de ensueño que él mismo había bautizado "Luz de Sofía" , un monumento a su amor. Amada, mimada, parecía tenerlo todo. Pero bajo esa fachada perfecta, Sofía sabía la verdad. Sabía de Carla Montero, la otra mujer, y de la doble vida que Mateo llevaba. El perfume ajeno, las llamadas silenciadas, el vacío en su estómago cuando vio el corazón rojo junto al nombre de Carla en su móvil. La humillación fue insoportable cuando descubrió las fotos de Carla en su villa, en su jardín de jacarandas, donde Mateo le había pedido matrimonio. La frase, "Hay lugares que se sienten como un hogar", la quemó. Luego, Carla misma, embarazada de Mateo, se atrevió a enviarle mensajes burlándose, jactándose de la traición y de que Mateo la consideraba "frígida" y "aburrida". Lo peor fue presenciar cómo Mateo se mofaba de ella ante sus amigos, diciendo: "Sofía no sabe nada. Es demasiado pura." Aquella arrogancia, la completa ceguera a su dolor, lo contaminaba todo. Ya no sentía ira, solo un inmenso asco. Su lujoso apartamento, la ropa cara, las obras de arte: todo se sentía sucio. ¿Cómo pudo ser tan ciego, tan arrogante, creyéndola tan ingenua? Pero Sofía no era una víctima pasiva. Con una calma aterradora, empezó la demolición. Quemó sus fotos, arrancó los jacarandas, y dejó un regalo de aniversario inesperado: los papeles de divorcio firmados. Luego, borró su rastro, cortó todas sus conexiones, y desapareció para siempre, un fantasma para el hombre que lo había creído tener todo bajo control.

Introducción

Sofía Navarro era la envidia de todos.

Era la esposa del afamado arquitecto Mateo Vargas, la mitad de "la pareja de oro" .

Vivían en una villa de ensueño que él mismo había bautizado "Luz de Sofía" , un monumento a su amor.

Amada, mimada, parecía tenerlo todo.

Pero bajo esa fachada perfecta, Sofía sabía la verdad.

Sabía de Carla Montero, la otra mujer, y de la doble vida que Mateo llevaba.

El perfume ajeno, las llamadas silenciadas, el vacío en su estómago cuando vio el corazón rojo junto al nombre de Carla en su móvil.

La humillación fue insoportable cuando descubrió las fotos de Carla en su villa, en su jardín de jacarandas, donde Mateo le había pedido matrimonio.

La frase, "Hay lugares que se sienten como un hogar", la quemó.

Luego, Carla misma, embarazada de Mateo, se atrevió a enviarle mensajes burlándose, jactándose de la traición y de que Mateo la consideraba "frígida" y "aburrida".

Lo peor fue presenciar cómo Mateo se mofaba de ella ante sus amigos, diciendo: "Sofía no sabe nada. Es demasiado pura."

Aquella arrogancia, la completa ceguera a su dolor, lo contaminaba todo.

Ya no sentía ira, solo un inmenso asco.

Su lujoso apartamento, la ropa cara, las obras de arte: todo se sentía sucio.

¿Cómo pudo ser tan ciego, tan arrogante, creyéndola tan ingenua?

Pero Sofía no era una víctima pasiva.

Con una calma aterradora, empezó la demolición.

Quemó sus fotos, arrancó los jacarandas, y dejó un regalo de aniversario inesperado: los papeles de divorcio firmados.

Luego, borró su rastro, cortó todas sus conexiones, y desapareció para siempre, un fantasma para el hombre que lo había creído tener todo bajo control.

Seguir leyendo

Otros libros de Ai Xiaomo

Ver más
Despertar en 1987: Mi Regla

Despertar en 1987: Mi Regla

Romance

5.0

Me desperté con el familiar olor a humedad y fracaso. Era el 15 de abril de 1987, el día exacto en que mi infierno personal comenzó. En mi vida anterior, este día, Ricardo, mi prometido y el hombre con el que me casaría en dos meses, me pediría que mi prima Sofía se quedara a vivir con nosotros. Yo, la Elena tonta y sumisa, aceptaría sin dudar. No sabía que ellos ya eran amantes, que Sofía, con su falsa inocencia, me robaría todo: mi trabajo, mi amor (si es que alguna vez fue real), mi dote. Me aislarían, me harían parecer loca. Lo peor, el niño. Su hijo bastardo, el que me obligarían a criar como mío. Morí sola, en la pobreza, viéndolos gozar la vida que me arrebataron. Pero ya no más. Esta vez, era diferente. Ricardo entró con una charola de desayuno, su sonrisa encantadora que antes me derretía, ahora me revolvía el estómago. "Buenos días, mi amor. ¿Cómo amaneció la mujer más hermosa de Oaxaca?" Sabía lo que vendría. "Elena, necesito hablar contigo de algo importante." Y soltó la bomba: Sofía necesitaba quedarse. En el pasado, bajé la mirada. Ahora, lo miré directamente a los ojos. Sonreí. "Claro, Ricardo. Por supuesto que puede quedarse." Su mandíbula casi cae al suelo. Se esperaba una discusión. Le lancé sus propias palabras: "Es mi prima, es tu familia política. Es nuestro deber ayudarla." La arrogancia volvió a su rostro. Creía que había ganado. No sabía que ya no era la misma Elena. Cuando Sofía llegó, me llamó "la muchacha que ayuda con la limpieza." Ricardo palideció, pero lo interrumpí. "Soy Elena, la prometida de Ricardo. Mucho gusto." Su cara de sorpresa y luego pánico fue impagable. Más tarde, le di a Ricardo la excusa perfecta para que se quedaran solos. "No creo que regrese hasta la tarde." Los dejé en nuestra pequeña jaula, sabiendo exactamente lo que iba a pasar. Sofía se quejaría, Ricardo intentaría cocinar y quemaría la comida, y ella usaría su ineptitud para mostrarse superior. Yo ya no era la jugadora. Era la dueña del tablero.

La Madre Ciega y Su Fin

La Madre Ciega y Su Fin

Moderno

5.0

El teléfono sonó, rompiendo la calma de la madrugada en mi pequeña panga. Era el Hospital General, hablando de un accidente, una motocicleta y de mi hijo, Juanito, el campeón que intentaba saldar nuestras deudas. Las deudas que Sofía había acumulado. Desesperado, marqué el número de mi esposa una y otra vez, pero nadie respondía. Recordé la estúpida fiesta que Sofía había organizado para su primo Ricardo, un mariachi con más ego que talento, una fiesta costeada con el dinero que no teníamos. Llegué, con mi ropa de pescador apestando a mar, a una mansión alquilada donde la música de mariachi atronaba. En el centro, como una reina de hielo, estaba Sofía, riendo con Ricardo en un vestido rojo que nunca le vi. Cuando le dije que Juanito había sufrido un grave accidente, me soltó con desprecio: "No me arruines la fiesta. Ricardo está a punto de cantar" . Ese día, mi hijo murió. La policía me entregó sus pocas pertenencias, incluida su cartera con una foto de su primer equipo de fútbol. Sufrió, sí, pero el verdadero sufrimiento era el mío. Regresé a casa y encontré sobre la cama un costoso traje de mariachi para Ricardo, comprado con el mismo dinero que Juanito, en su moto vieja, intentaba recuperar. Y luego escuché la voz de Sofía: "Lo del pescador pobre es una farsa… todo lo que tengo es para ti, Ricardo. Tú eres mi familia de verdad" . Las palabras de mi esposa me destrozaron. Mi hijo había muerto, y para ella, todo había sido una mentira. Me odió por estropear su noche, y yo no entendía cómo podía haber vivido tanto tiempo con una extraña. Pero la confusión se convirtió en una fría determinación. No, yo no era la farsa. Pronto, la verdad saldría a la luz.}

Mi Vientre, Su Infierno: La Caída del Tirano

Mi Vientre, Su Infierno: La Caída del Tirano

Moderno

5.0

El aire de mi bodega olía a tierra y roble, el aroma de mi vida. Ese día, un nuevo olor, el de la esperanza, se mezcló: el análisis de sangre daba positivo. Después de años de tratamientos y agonía, después del accidente donde perdí al primer bebé, ¡por fin estaba embarazada de mi tan anhelado hijo! Planeé la cena perfecta para darle la noticia a mi esposo, Máximo, el hombre para quien un heredero era una obsesión. Pero él llegó tarde, con olor a otra ciudad, arruinando mi momento. Cuando le insinué sobre unas compras de bebé que encontré en sus tarjetas, creyendo ingenuamente que él ya lo sabía y que esta vez sería diferente, su respuesta me congeló. "La que está embarazada es otra mujer. Se llama Sasha. Yo voy a ser padre. Tú no." Mi mundo se hizo pedazos. Le mostré mi prueba de embarazo, el milagro que me aferraba a la vida, y él ni la miró, con una burla cruel en sus labios. Al intentar huir y pedir el divorcio, Máximo me detuvo con violencia, atrapándome en mi propia casa, una prisionera en una jaula de oro. Lo seguí en secreto hasta Buenos Aires, solo para verlo con Sasha, su amante embarazada, y confirmar mi infierno. En un acto de rabia y desesperación, me enfrenté a ellos en un estacionamiento subterrámo. Él me empujó con brutalidad, y luego ordenó a sus guardaespaldas que me golpearan repetidamente en el vientre. Y en ese momento, volví a perderlo todo. Mi segundo bebé, el que Máximo no sabía que cargaba en mi vientre, el milagro que me devolvía la fe, se desprendió de mí, robado por la misma crueldad que lo había creado todo. Cuando Emily, mi mejor amiga, lo llamó al hospital para decirle que habíamos perdido al bebé, su respuesta fue una risa burlona: "Otra vez con el drama. Ya me aburrió". La última chispa de esperanza en mi alma se extinguió. Ahora, solo queda el resentimiento, el dolor y una pregunta: ¿qué se necesita para que un hombre tan cruel pague por cada gota de dolor que ha causado? Quizás, el destino ha preparado una venganza que ni él podrá escapar.

No Hay Perdón para Tí

No Hay Perdón para Tí

Romance

5.0

Mis manos, acostumbradas a curar con hierbas y oraciones, se mancharon de sangre la noche en que el mar trajo a mi orilla los restos de un yate y a dos hombres heridos: Roy y Máximo. Soy Lina Salazar, la última santera de mi linaje, y cuidé de ellos con la inocencia de quien cree en el destino, entregando mi cuerpo a uno y mi corazón, erróneamente, al otro. Creí que la promesa de matrimonio de Roy y la vida que él me ofreció lejos de la pobreza eran el regalo de los santos, pero el día de la boda llegó y él nunca apareció. Máximo, su hermano adoptivo, apareció solo con una desgarradora revelación: Roy se casaría con otra, y el hijo que esperaba no era de Roy, sino suyo, fruto de aquella noche de vulnerabilidad. Devastada y humillada, en mi desesperación, acepté casarme con él, creyendo encontrar un salvador y un amor verdadero. La falsa paz de nuestro matrimonio se derrumbó una noche cuando una masacre arrasó mi pueblo, silenciando para siempre las vidas que yo conocía. Perdí a mi bebé en aquel horror, y el duelo de Máximo, su promesa de venganza, me ataron aún más a él, el único pilar que me quedaba en un mundo en ruinas. Tres años después, embarazada de nuevo y aferrándome a una frágil esperanza, escuché la conversación que destrozó mi alma. Máximo no solo admitía haber orquestado la masacre de mi pueblo para proteger a la prometida de Roy, Scarlett, sino que despreció mi segundo embarazo por considerarlo "contaminado" y planeaba deshacerse de mi hijo de forma discreta con hierbas abortivas. Mi cuerpo fue forzado a consumir el veneno, causándome otro aborto violento y dejándome estéril para siempre, mientras él me abandonaba, moribunda, por un simple mareo de Scarlett, permitiendo que mi fiel sirvienta fuera brutalmente azotada. No más. En la cumbre de mi dolor y con la revelación de la verdad en mi boca, le espeté a Máximo sus crímenes y, con la poca fuerza que me quedaba, lo dejé con heridas que serían un recordatorio constante de su traición. Cargué a Érica, mi leal sirvienta, sobre mi espalda y huyeron de aquella hacienda de horrores, directo hacia las ruinas de mi hogar, para renacer de las cenizas.

La Maldición del Zapateado

La Maldición del Zapateado

Suspense

5.0

En Sevilla, ganar el Concurso Nacional de Flamenco es una maldición mortal. Cada ganador, en la cima de su gloria, se suicida misteriosamente. Pero yo, Scarlett Hewitt, no bailo por la fama; bailo para desenmascarar al asesino de mi hermana Sasha, quien sucumbió a esa maldición hace tres años. He entrenado sin descanso, y esta noche, logré la puntuación perfecta, la más alta de la historia. Inmediatamente, encendí mi cámara en vivo, expuse la nota de suicidio falsificada de Sasha y desafié abiertamente al asesino a venir a por mí. Todo se desenvolvía como lo había planeado... hasta que la figura enmascarada detrás de mí se retiró el antifaz, revelando el rostro desconsolado de mi propia madre, Annabel. "Yo lo hice", confesó, pidiéndole a la policía que la arrestara. Mientras ella se sacrificaba, el Detective Sullivan me soltó una bomba: mi ADN había sido encontrado bajo las uñas de la víctima del año anterior, Alejandro Vega. De repente, la trampa no era para el ases asesino, sino para mí. La gente enardecida gritaba "¡asesina!", creyendo que yo había matado a mi propia hermana y a los demás. Mi mundo se desmoronaba; la humillación pública era el plan, mi muerte social. ¿Cómo era posible? ¿Cómo mi ADN había llegado allí? Sabía que mi madre mentía para protegerme, pero de qué. Había caído en una trampa tan elaborada, tan siniestra… Pero no permitiría que ganara. No terminaría como una villana en su retorcido cuento. Había un secreto más profundo, y este juego apenas comenzaba. Necesitaba escapar, encontrar la verdad y liberarme de esta pesadilla.

Quizás también le guste

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro