La Venganza de la Heredera Renacida

La Venganza de la Heredera Renacida

Yu Xin

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El sabor amargo de la sidra barata se mezclaba con el veneno en mi garganta. Caí al suelo de la sidrería, mis pulmones luchaban por aire. Lo último que vi fue el rostro de Valentina, mi compañera de piso, mi amiga. En sus ojos no había pánico, solo una fría satisfacción. Me había asesinado. Todo por envidia. Por mi apellido, por mi vida, por todo lo que yo, Sofía Soler, inconscientemente le había arrebatado. Y antes de que mi mundo se oscureciera, vi a Javier, el chico que me gustaba, de la mano de ella. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¡Yo solo quería vivir mi vida! ¿Por qué fui tan ciega? Pero entonces, abrí los ojos. Estaba en mi cama. El calendario marcaba el día de mi muerte. Y allí estaba ella, ¡Valentina, como si nada! Esta vez, el veneno no sería para mí.

Introducción

El sabor amargo de la sidra barata se mezclaba con el veneno en mi garganta.

Caí al suelo de la sidrería, mis pulmones luchaban por aire. Lo último que vi fue el rostro de Valentina, mi compañera de piso, mi amiga.

En sus ojos no había pánico, solo una fría satisfacción. Me había asesinado.

Todo por envidia. Por mi apellido, por mi vida, por todo lo que yo, Sofía Soler, inconscientemente le había arrebatado. Y antes de que mi mundo se oscureciera, vi a Javier, el chico que me gustaba, de la mano de ella.

¿Cómo pudo hacerme esto? ¡Yo solo quería vivir mi vida! ¿Por qué fui tan ciega?

Pero entonces, abrí los ojos. Estaba en mi cama. El calendario marcaba el día de mi muerte. Y allí estaba ella, ¡Valentina, como si nada! Esta vez, el veneno no sería para mí.

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El olor a fritanga era mi vida, mi universo. Isabella, la chica del restaurante de barrio, sirviendo "corrientazos" mientras mi secreto amor, Mateo, un aparente estudiante sin un peso, me esperaba en la esquina. Nada podía ser más normal. Hasta que una mujer elegante irrumpió, revelándose como mi madre biológica, ¡con una prueba de ADN! De repente, estaba en una mansión de Rosales, la supuesta hija perdida de los Trebor. Pero esta "bienvenida" no era un reencuentro, sino un infierno de desprecio. Mi "padre" Carlos me entregó un brazalete de esmeraldas de calidad "turística", mientras a su hija Valentina le daba un rubí brillante, exponiendo su absoluto desdeño. Me humilló, intentó comprar mi silencio y, en una fiesta ostentosa para "presentarme", reveló fotos mías con Mateo, riéndose en el barrio, para ridiculizarme públicamente y forzarme a dejarle. ¿Cómo iba a soportar tanta hipocresía? ¿Por qué me traían a este circo de mentiras solo para destruirme? ¿Era yo solo un peón en un juego retorcido de poder? Pero la noche de mi humillación pública, cuando el mundo creyó verme caer, las puertas se abrieron. Mi "novio de la calle" Mateo entró, no con ropa gastada, sino con un traje que gritaba poder, y presentó a sus padres: los dueños del imperio de esmeraldas más grande de Colombia. Los Trebor no sabían con quién se estaban metiendo, ni con quién se habían burlado. Y esa misma noche, la verdad saldría a la luz.

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