La Séptima Vez del Desamor

La Séptima Vez del Desamor

Qing Shui Lian Jian

5.0
calificaciones
12
Vistas
11
Capítulo

Estamos frente al Registro Civil por séptima vez. Siete años de mi vida como bailarín de tango, siete años sacrificando giras europeas y sueños por ella, Luciana. Hoy, por fin, nos casaríamos. Mi corazón latía con la esperanza de siempre, pero la ansiedad se arrastraba por mi nuca. Entonces, el teléfono de Luciana vibró. Era él. Siempre era Iván. "¿Otra vez? ¿Tomaste tu inhalador? Voy para allá", dijo ella, con una máscara de disculpa ya familiar. Colgó y, sin mirarme a los ojos, anunció: "Iván tiene una crisis de asma. Tengo que irme". La frialdad se extendió desde mi estómago. "No", susurré. Por séptima vez, me dejaba plantado por el mismo hombre, la misma excusa. "¿Cómo que no? ¡Es una emergencia! ¿Un papel es más importante que mi amigo de la infancia?" me espetó, acusándome de egoísmo mientras huía. La dejó la fría palabra clavada en mí, a mí que lo había sacrificado todo por ella. Caminé sin rumbo, el bandoneón melancólico burlándose de mí. Hasta que vi la foto. La foto de Iván Salazar, publicada hacía solo diez minutos: Luciana en su estudio, con la leyenda "Contigo, mi mundo tiene color". No era una emergencia. Era una burla. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Engañarme así, una y otra vez, mientras yo entregaba cada pedazo de mi alma? ¿Qué clase de perversa lealtad era esa, que la ataba a él y la hacía pisar mis sueños? Basta. La decisión me golpeó como un rayo. Me iré. Lejos de este tango tóxico, de esta ciudad que ya no me pertenece. Madrid me espera.

Introducción

Estamos frente al Registro Civil por séptima vez. Siete años de mi vida como bailarín de tango, siete años sacrificando giras europeas y sueños por ella, Luciana. Hoy, por fin, nos casaríamos.

Mi corazón latía con la esperanza de siempre, pero la ansiedad se arrastraba por mi nuca. Entonces, el teléfono de Luciana vibró. Era él. Siempre era Iván.

"¿Otra vez? ¿Tomaste tu inhalador? Voy para allá", dijo ella, con una máscara de disculpa ya familiar. Colgó y, sin mirarme a los ojos, anunció: "Iván tiene una crisis de asma. Tengo que irme".

La frialdad se extendió desde mi estómago. "No", susurré. Por séptima vez, me dejaba plantado por el mismo hombre, la misma excusa.

"¿Cómo que no? ¡Es una emergencia! ¿Un papel es más importante que mi amigo de la infancia?" me espetó, acusándome de egoísmo mientras huía. La dejó la fría palabra clavada en mí, a mí que lo había sacrificado todo por ella.

Caminé sin rumbo, el bandoneón melancólico burlándose de mí. Hasta que vi la foto. La foto de Iván Salazar, publicada hacía solo diez minutos: Luciana en su estudio, con la leyenda "Contigo, mi mundo tiene color". No era una emergencia. Era una burla.

¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Engañarme así, una y otra vez, mientras yo entregaba cada pedazo de mi alma? ¿Qué clase de perversa lealtad era esa, que la ataba a él y la hacía pisar mis sueños?

Basta. La decisión me golpeó como un rayo. Me iré. Lejos de este tango tóxico, de esta ciudad que ya no me pertenece. Madrid me espera.

Seguir leyendo

Otros libros de Qing Shui Lian Jian

Ver más
No Soy La Pecada

No Soy La Pecada

Suspense

5.0

Dejé a mi pequeña Valentina en la peluquería, y su "adiós, mami" fue la última melodía de mi vida normal. Menos de una hora después, mi mundo se desmoronó. Una llamada me arrastró de vuelta a la escena: la peluquería acordonada, el olor metálico a sangre y un pequeño bulto cubierto por una sábana blanca, manchada de rojo. Grité su nombre, pero mis súplicas se ahogaron en el horror. La policía me mostró un video. En él, era yo, con un rostro desfigurado por la furia, unas tijeras en mi mano, y el movimiento descendiendo hacia mi hija. "¡No, eso no es real!", clamé, pero nadie me creyó. Mi esposo, Ricardo, me miró con horror y acusación, la gente me señaló como la "madre monstruo". En la fría sala de interrogatorios, las pruebas se amontonaban: el video "auténtico", la geolocalización, el testimonio de Irma, la dueña de la peluquería, que me presentó como una desequilibrada. Incluso mi historial de depresión postparto fue usado para pintar un retrato de una psicótica. La comandante Mendoza preguntó si había tenido un "episodio psicótico", si había perdido el control sin darme cuenta. ¿Y si era cierto? La duda me carcomía. Me sometieron a hipnosis. En un trance horrible, vi a "mi yo" alternativo, con ojos de hielo y una violencia indescriptible, usando unas tijeras de jardín para dañar a mi propia hija. Me desperté gritando, convencida de mi culpa. Firmé la confesión. Pero mi última chispa de cordura prendió mientras me llevaban: vi a Brenda Díaz, la amante secreta de Ricardo, con los mismos ojos gélidos que el monstruo de mi pesadilla hipnótica. Me liberé, grité su nombre, y de repente, todo encajó. No estaba loca. ¡Fui víctima de una trampa, una conspiración orquestada por ellos para destruirme y quedarse con todo! Sabía que tenía que luchar por la verdad, no solo por mi nombre, sino por Valentina.

Vendida por Amor Roto

Vendida por Amor Roto

Urban romance

5.0

La luz cegadora me despertó de golpe, sintiendo el frío mármol bajo mis pies descalzos y un aire pesado cargado de susurros masculinos. Mi mente era una niebla hasta que lo vi: Alejandro, mi prometido, sentado en primera fila con una mirada fría, y a su lado, mi prima Isabella, sonriendo con dulzura venenosa. De repente, un hombre frente a mí anunció una subasta, y el martillo golpeó la madera: yo era la mercancía, y Alejandro me vendía sin inmutarse. Intenté gritar su nombre, pero mi voz se perdió mientras las ofertas volaban como buitres, sellando mi destino. Luego, todo se volvió oscuridad, frío y hambre, encerrada en un sótano donde los hombres me trataban como un objeto, perdiendo allí lo más preciado de mi vida: a nuestro hijo. La verdad me golpeó con la voz de un doctor: "Señor Alejandro, la pérdida fue completa. La chica sobrevivirá". La cruel ironía me trajo de vuelta a la mansión de mis padres biológicos, quienes me entregaron a Alejandro y ahora me recibían como una mascota indeseada. Pero la humillación no terminó ahí, Isabella, la traidora, apareció vestida como una novia, aferrada a su brazo, para destrozarme con una sonrisa: "Sofía, qué oportuna. Justo a tiempo para conocer a mi esposa". Mi mundo se desmoronó al ver la barriga de Isabella, anunciando el hijo que gestaba con el hombre que me quitó todo, el que me arrebató la posibilidad de ser madre. Reaccioné, y la respuesta fue brutal: Alejandro me empujó, me golpeó, me humilló, recordándome que yo era solo "su posesión". Caí de rodillas, el alma rota, mi pequeña chispa de esperanza consumida en la oscuridad de ese sótano. Pero las palabras de Isabella, el veneno puro que salió de su boca confesando que me había manipulado con mentiras y que ella había ordenado todo, incluyendo la paliza que me hizo perder a mi bebé, encendieron una furia volcánica dentro de mí. Una furia que se transformaría en el motor de mi venganza, una fuerza implacable que me guiaría más allá del dolor y la desesperación.

Quizás también le guste

SU CIERVA, SU CONDENA

SU CIERVA, SU CONDENA

Viviene
4.5

Advertencia de contenido: Esta historia contiene temas maduros y contenido explícito destinada a mayores de edad (+18). Se recomienda discreción. Incluye elementos como dinámicas de BDSM, contenido sexual explícito, relaciones familiares tóxicas, violencia ocasional y lenguaje fuerte. No es un romance ligero. Es intenso, crudo y caótico, y explora el lado oscuro del deseo. ***** "Quítate el vestido, Meadow". "¿Por qué?". "Porque tu ex está mirando", dijo, recostándose en su asiento. "Y quiero que vea lo que perdió". ••••*••••*••••* Se suponía que Meadow Russell iba a casarse con el amor de su vida en Las Vegas. En cambio, encontró a su hermana gemela en una situación comprometedora con su prometido. Un trago en el bar se convirtió en diez. Un error en estado de ebriedad se volvió realidad. Y la oferta de un extraño se transformó en un contrato que firmó con manos temblorosas y un anillo de diamantes. Alaric Ashford es el diablo con un traje a medida de diseñador. Un multimillonario CEO, brutal y posesivo. Un hombre nacido en un imperio de sangre y acero. También sufre de una condición neurológica: no puede sentir: ni objetos, ni dolor, ni siquiera el tacto humano. Pero todo cambió cuando Meadow lo tocó, pues sintió cada emoción. Y ahora la posee. Legal y emocionalmente. Ella quiere que la destruya. Que tome lo que nadie más pudo tener. Él quiere control, obediencia... venganza. Pero lo que comienza como una transacción lentamente se transforma inesperadamente en un vínculo emocional que Meadow nunca vio venir. Obsesión, secretos que nunca debieron salir a la luz, y un dolor del pasado que amenaza con romperlo todo. Alaric no comparte lo que es suyo. Ni su empresa. Ni su esposa. Y mucho menos su venganza.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro