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Me preparaba meticulosamente para la Selectividad, el examen que prometía abrirme las puertas a la universidad que siempre soñamos con mi mejor amigo, Máximo. Pero este "sueño" se convirtió en una pesadilla insoportable cuando, por intentar salvarlo de la autodestrucción, él me acusó falsamente de acoso sexual. Mi vida se desmoronó: mis padres, destrozados por la humillación pública, se quitaron la vida, y yo, Luciana, terminé en la cárcel, sola, con el corazón destrozado y el alma rota. La injusticia me carcomía, ¿cómo pude haber perdido todo por la mentira de alguien a quien quise proteger, mientras los demás solo veían un monstruo en mí? Ahora, estoy de vuelta, en el mismo día antes del desastre, pero con una diferencia crucial: esta vez, no intentaré salvar a nadie, me aseguraré de que Máximo camine solo hacia su propia ruina, mientras yo reclamo mi futuro, cueste lo que cueste.
Me preparaba meticulosamente para la Selectividad, el examen que prometía abrirme las puertas a la universidad que siempre soñamos con mi mejor amigo, Máximo.
Pero este "sueño" se convirtió en una pesadilla insoportable cuando, por intentar salvarlo de la autodestrucción, él me acusó falsamente de acoso sexual.
Mi vida se desmoronó: mis padres, destrozados por la humillación pública, se quitaron la vida, y yo, Luciana, terminé en la cárcel, sola, con el corazón destrozado y el alma rota.
La injusticia me carcomía, ¿cómo pude haber perdido todo por la mentira de alguien a quien quise proteger, mientras los demás solo veían un monstruo en mí?
Ahora, estoy de vuelta, en el mismo día antes del desastre, pero con una diferencia crucial: esta vez, no intentaré salvar a nadie, me aseguraré de que Máximo camine solo hacia su propia ruina, mientras yo reclamo mi futuro, cueste lo que cueste.
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Moderno
El reflector me cegaba, sentía el calor en la piel, pero por dentro estaba helada. Estaba en "El Desafío del Emprendedor" , el reality que prometía lanzar mi aplicación "Raíces Vivas" , mi vida entera, a la fama. Mi proyecto sobre lenguas indígenas era conmovedor, según los jueces. Creí que la inversión que lo cambiaría todo estaba al alcance de mi mano. Pero entonces, Ricardo, el magnate con cero conexión real con nuestra cultura, tosió, su arrogancia llenando el estudio. "La autenticidad es clave en estos... proyectos folclóricos" , dijo, su mirada burlona me taladraba. Me lanzó un reto en zapoteco, deformando las palabras. Le respondí, corrigiendo cada sílaba, con el cuidado que me enseñaron los ancianos de Juchitán. Su risa fue cruel. "¡Qué farsa!" , sentenció, y en un instante, el aire se congeló. El murmullo del público se volvió hostil. Me llamó "fraude" , "oportunista" , "charlatanería" , sus palabras golpes directos al alma. Mis sueños se estrellaron con mi tablet, rota en mil pedazos en el suelo. Los guardias me arrastraron fuera, lejos de las luces, hacia la oscuridad más absoluta. La humillación seguía en los pasillos: Ricardo se burlaba de mi "acento falso" . La rabia me quemaba, ahogando las lágrimas. Desafié al farsante. "Subamos de nuevo al escenario. Llamaré a los verdaderos hablantes. Que ellos decidan quién es el farsante." Hubo un instante de pánico en sus ojos. Javier, el presentador, trajo a seguridad. Me empujaron contra una estructura metálica. Sentí un dolor agudo, una línea roja de sangre apareció en mi brazo. "Deberías tener más cuidado" , se mofó Ricardo. Me arrojaron a un callejón oscuro, sola con el dolor y el eco de sus risas. Al poco, Javier llamó, ofreciendo una "segunda oportunidad" , exigiendo una disculpa pública. Ricardo también llamó: "¿Cuánto quieres por desaparecer?" "No quiero tu dinero, quiero justicia" , respondí. Me amenazó, su voz helada: "Haré que te arrepientas de haber nacido" . El peso de su poder me ahogaba. ¿Rendirme? ¿Vivir sabiendo que un farsante destruyó mi dignidad? "No me voy a rendir" . Colgué. Al día siguiente, regresé al estudio. Mis padres aparecieron en el escenario, manipulados, avergonzados. "¡Sofía, ¿cómo pudiste?!" , me dijo mi madre. ¡PLAF! La bofetada de mi padre resonó en todo el estudio. "¡Pídele perdón de rodillas ahora mismo!" , me ordenó mi madre, las lágrimas corriéndole por las mejillas. Ricardo sonreía, triunfante. Esto era su obra maestra. Me habían dejado completamente sola. ¿Qué harías tú en mi lugar?
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Moderno
El vapor de la ducha apenas ocultaba la ansiedad en mis ojos mientras me preparaba para ver a Luna. Era la primera vez en tres meses que Ricardo, mi exesposo, me concedía una visita supervisada en la que una vez fue mi hogar. Mi corazón latía como un tambor mientras un doloroso fragmento de memoria me golpeaba: el chirrido de los neumáticos, el olor a quemado, el metal retorciéndose. Después, el hospital y la voz fría de Ricardo: "Tuvo un golpe. Nada grave, pero… tendrá secuelas. Una… discapacidad." Y luego su peor golpe: "Mamá, ¿dónde está Sofía? ¡Quiero verla!" "Tu memoria está afectada, estás inestable. No sería bueno para ella verte así." Así usó mi amnesia en mi contra, convirtiéndome en la mujer loca, incapaz y rota para deshacerse de mí y de la "inconveniencia" de nuestra hija. Hoy me atreví a regresar a esa mansión, solo para encontrar a Valentina, la amante de Ricardo, maltratando a mi Luna. "¡Le estás haciendo daño!" , grité, pero Ricardo apareció y me acusó de exagerar, de estar inestable, de ser la culpable. "¡No estoy loca! ¡Vi cómo la trataba!", le supliqué, pero él me expulsó de la casa como una extraña, arrebatándome a mi hija una vez más. ¿Por qué él podía creer una mentira tan vil? Y lo peor, era que Luna me estiró su manita, gritando "¡Mami!", mientras Valentina se la llevaba. El dolor me aplastaba, pero al escuchar a Ricardo llamarme "inmigrante pobre que salvé", algo se encendió en mí. Nunca fue amor, fue un negocio. Él necesitaba una esposa manejable, yo necesitaba el tratamiento para mi padre. Fui una tonta al creer. "Quiero el divorcio" , le dije, y la rabia me consumió, dándole una bofetada a Valentina. "Es mi hija también" , le grité a Ricardo mientras me echaba, pero él se burló: "Ningún juez te daría la custodia en tu estado." Su madre, Doña Elena, me ofreció dinero para que desapareciera, para que renunciara a Luna. Pero la imagen de mi hija, suplicando, me hizo recuperar la fuerza. "Voy a recuperarla" , le dije a Doña Elena, "No me importa lo que cueste. Lucharé contra ustedes y contra el mundo entero si es necesario." Ya no tenía nada que perder, y eso me hacía muy peligrosa. Así que me fui, no derrotada, sino con una promesa a mi padre: "Haré que se arrepientan de haber subestimado a la inmigrante loca." Que comience la guerra.
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Romance
El aire del hospital apestaba a desinfectante y a muerte, una mezcla que se me había metido hasta los huesos. Postrada en esa cama, los días y las noches se confundían. En la tele, siempre encendida, hablaban de Ricardo Vargas, el nuevo genio culinario de México, a punto de ganar "Sabor de México". Mi restaurante, "Alma", el sueño de mi vida, estaba en ruinas, a medias de construir y con deudas que me aplastaban. Todo por él, por Marco. La puerta se abrió y entró mi prometido, pero no venía solo; a su lado, con una sonrisa de suficiencia, caminaba Ricardo Vargas. Verlos juntos fue como si me echaran sal en una herida abierta. "Sofía, ¿cómo sigues?", preguntó Marco, con una formalidad vacía. Ricardo ni siquiera disimuló su desprecio. "Marco, no sé para qué venimos a verla, solo es una pérdida de tiempo. Tenemos que celebrar nuestro éxito". Mi éxito, el que me robaron. "Marco", susurré, la voz apenas un hilo, "mis recetas... el libro de mi abuela... ¿dónde está?". Él desvió la mirada. "Sofía, ¿de qué hablas? Estás delirando por la fiebre". "¡No estoy delirando!", insistí, intentando incorporarme. Ricardo soltó una carcajada. "Ah, ¿hablas de ese viejo cuaderno lleno de garabatos? Fue la inspiración perfecta para mis nuevos platillos". Sentí que el mundo se me venía encima; Marco, el hombre que amaba, se había aliado con mi mayor rival para destruirme. No solo me robó mi dinero y mi futuro, sino el legado de mi familia. "¿Por qué?", logré preguntar, las lágrimas mezclándose con el sudor frío. Él se encogió de hombros con una frialdad que me heló el alma. "Ricardo me ofreció más de lo que tú jamás podrías darme, Sofía. Fama, dinero... yo no nací para estar atado a una cocinera con delirios de grandeza". El monitor a mi lado empezó a pitar de forma errática. Mi cuerpo, ya debilitado, estaba llegando a su límite. "Bueno, nosotros nos vamos", dijo Ricardo, tirando del brazo de Marco. Se fueron, dejándome sola con el eco de sus risas y el sonido agudo de la máquina. Miré el tubo de oxígeno. No tenía nada. Con la poca fuerza que me quedaba, me arranqué la mascarilla de oxígeno. El pitido del monitor se volvió un chillido ensordecedor. Cerré los ojos, deseando solo una cosa: "Si tuviera otra oportunidad...". De repente, una luz brillante me cegó. El aire volvió a mis pulmones con una bocanada brusca y dolorosa. Abrí los ojos de golpe. No estaba en el hospital. Estaba en mi apartamento, el sol de la mañana entraba por la ventana. Miré mis manos, llenas de vida. Un calendario en la pared marcó la fecha: un año atrás. El día en que Marco y yo íbamos a firmar el préstamo final para el restaurante. El día en que mi infierno comenzó. Había vuelto. Una risa amarga escapó de mis labios. No era un sueño. Me habían dado una segunda oportunidad, y esta vez, no la iba a desperdiciar. Me levanté, llena de una determinación que no sentía desde hacía mucho tiempo. "¿Sofía? ¿Ya estás lista? Se nos hace tarde para ir al banco", la voz de Marco sonó desde la sala. Salí del cuarto y lo vi, sonriendo como si nada. "No vamos a ir al banco, Marco", anuncié con calma. "¿Qué? ¿De qué hablas?". "Nuestro sueño se acabó", respondí. "Voy a la oficina del registro civil. Voy a pedir el divorcio".
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Romance
Con mi título de la UNAM y mención honorífica en pedagogía escondido en un cajón, me convertí en institutriz para la opulenta familia de la Vega, sacrificando mi orgullo para salvar a mi familia de las deudas. Allí, en la fría mansión de Polanco, encontré a Valentina, una niña de diez años, etiquetada como "demonio" , pero que en realidad era un alma solitaria y maltratada, con quien forjé una inesperada alianza. Nuestra rebelión silenciosa se convirtió en un grito cuando Valentina, embolden por mis palabras, se atrevió a desafiar la misoginia de su madre, Isabel, exigiendo un lugar en el negocio familiar. Fue entonces cuando Isabel, con una furia desmedida, me señaló y, triunfante, reveló mi secreto: "¡Es una impostora! ¡Nos mintió a todos! ¡Solo tiene la preparatoria!" Mi verdad, mi vergüenza, fue usada como mi condena. Fui despedida al instante, mi nombre en la lista negra de toda casa de élite de la ciudad, obligada a regresar a mi humilde pueblo en Puebla. Pero el infierno no había terminado; mi propia familia, a quien intentaba salvar, me recibió como una inversión fracasada, dispuesta a venderme al mejor postor para sus propias arcas. La humillación culminó en la fiesta de cumpleaños de mi padre, donde me ofrecían descaradamente cual ganado. ¿Era este el destino de toda mujer que se atreve a soñar más allá? ¿La recompensa por la lealtad y el sacrificio? Me había batido por otros, pero ¿por qué parecía que mi propio clan me trataba con más desprecio que cualquier extraño? Pero del dolor y el ostracismo nació una fuerza inquebrantable. Decidí que si el mundo no me daría un espacio, lo construiría yo misma. Mis lágrimas se convirtieron en cemento y mi resentimiento en la base de un nuevo futuro. Quise saber: ¿Podría una institutriz sin empleo y una niña rebelde, unidas por la traición, construir un legado que reescribiera el destino de incontables mujeres?
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Moderno
Siempre creí que mi matrimonio con Alejandro de la Vega era un pacto perfecto, una fusión inquebrantable de la vieja aristocracia y el nuevo poder. Este acuerdo se basaba en el respeto, el poder y, por mi parte, una creencia inquebrantable en nuestros límites. Pero esa fe se hizo añicos la noche en que él permitió a su joven becaria, Valentina, ocupar mi lugar en el asiento del copiloto de su coche clásico. Luego vino la pulsera de subasta, que debía ser mía, pero apareció orgullosamente en la muñeca de Valentina, una humillación pública que mi marido defendió. Él la protegió incluso despidiendo a mi leal asistente, Isabel, y se mudó de casa, mostrándola públicamente en eventos de élite como su nuevo trofeo. Me convertí en el hazmerreír de nuestro exclusivo círculo, la esposa abandonada y humillada. Sin embargo, mi rabia no fue ciega; fue metódica y fría, alimentada por la comprensión de que Alejandro me usaba para proyectar su propio complejo de salvador y mi sufrimiento era su castigo personal. Ya no había espacio para la conmiseración; solo quedaba la certeza de que había subestimado el daño que había causado. Así, en una Nochebuena que marcaba el clímax de su traición, le lancé la bomba de un 'embarazo' con una cronología estratégica, despojándolo de su orgullo y revelando el abismo de nuestra farsa. Mientras él se desmoronaba en la desesperación, le entregué los papeles del divorcio, cuidadosamente preparados, sellando el fin de su tiranía. Tres años después, convertida en una mujer poderosa y felizmente independiente, Alejandro descubrió en un reencuentro casual que el hijo que crié solitariamente era suyo, un golpe devastador para su alma. Aunque su ruego de perdón llenaba el aire, mi rechazo fue total y sereno: mi futuro, por fin, era solo mío, libre de la sombra de un 'nosotros' que él mismo había destruido.
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Vanessa se sentía la mujer más afortunada del mundo cuando finalmente se casó con el hombre del que había estado enamorada en secreto durante siete años. Si tan solo hubiera sabido que se estaba preparando para una vida de críticas y sufrimiento... La élite le lanzaba críticas cada vez que tenía oportunidad. Se decía que una pueblerina como ella no merecía estar con un hombre tan distinguido. A pesar de todo, Vanessa cerraba los oídos y mantenía la vista en Killian. Lo único que importaba era que finalmente él era suyo, aunque no la amara de vuelta. Ella era una firme creyente de que el amor puede crecer con el tiempo. Pensaba que si trataba bien a Killian, algún día él se enamoraría de ella. Pero recibió la mayor sorpresa cuando Killian continuó ignorándola. Era como si ella fuera una cualquiera, menos que su esposa. No fue hasta un día que Vanessa se dio cuenta de que estaba desperdiciando su valioso tiempo. Incluso antes de casarse con Killian, ella lo tenía todo. El dinero no era un problema para ella. Tenía un rostro bonito, un cuerpazo y el encanto por el que los chicos morían. ¿Por qué entonces debería seguir desperdiciando sus años de juventud en un hombre sin corazón? Vanessa solicitó el divorcio y decidió que cada uno siguiera su camino. Killian consideraba que era un desarrollo bueno hasta que la vio en las noticias después del divorcio. Su dócil exesposa era una persona completamente nueva. Un momento estaba cenando con un magnate tecnológico. Y al siguiente, se rumoraba que estaba saliendo con una estrella en ascenso. Los celos consumieron a Killian al instante. Lanzó su teléfono contra la pared y gritó: "¡Rayos! ¡Esa es mi mujer!" Cuando se encontraron de nuevo, Killian intentó acercarse a ella. Pero Vanessa solo sonrió educadamente y dijo: "Señor, no creo que nos hayamos conocido. ¿Puedo saber quién es usted?". ¡Killian no podía creer lo que estaba oyendo!
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Hace tres años, la familia Moore se opuso a la decisión de Charles Moore de casarse con su amada mujer y seleccionó a Scarlett Evans como su novia. Pero Charles no la amaba. De hecho, la odiaba. Poco después de la boda, Scarlett recibió una oferta de la universidad de sus sueños y se lanzó sobre ella. Tres años más tarde, la amada mujer de Charles cayó terriblemente enferma. Para cumplir su último deseo, él llamó a Scarlett y le presentó un acuerdo de divorcio. La joven estaba profundamente herida por la abrupta decisión de su esposo, pero ella decidió dejarlo libre y aceptó firmar los papeles. Sin embargo, Charles pareció retrasar el proceso deliberadamente, dejando a Scarlett confundida y frustrada. Ahora, Scarlett estaba atrapada en las consecuencias de la indecisión de Charles. ¿Sería capaz de liberarse de él? ¿Charles eventualmente entraría en razón y enfrentaría sus verdaderos sentimientos?
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Sabrina tardó tres años enteros en darse cuenta de que su marido, Tyrone, era el hombre más despiadado e indiferente que jamás había conocido. Él nunca le sonrió y mucho menos la trató como a su esposa. Para empeorar las cosas, el regreso del primer amor del hombre no le trajo a Sabrina nada más que los papeles del divorcio. Con la esperanza de que todavía hubiera una posibilidad de salvar su matrimonio, le preguntó: "Tyrone, aún te divorciarías de mí si te dijera que estoy embarazada?". "¡Sí!", él respondió. Al comprender que ella no significaba nada para él, Sabrina finalmente se rindió. Firmó el acuerdo de divorcio mientras yacía en su lecho de enferma con el corazón hecho pedazos. Sorprendentemente, ese no fue el final para la pareja. Fue como si Tyrone despejara la mente después de firmar el acuerdo de divorcio. El hombre que alguna vez fue tan desalmado se arrastró junto a su cama y le suplicó: "Sabrina, cometí un gran error. Por favor, no te divorcies de mí. Te prometo que voy a cambiar". Sabrina sonrió débilmente, sin saber qué hacer…
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Janet fue adoptada cuando era niña, un sueño hecho realidad para los huérfanos. Sin embargo, su vida fue cualquier cosa menos feliz. Su madre adoptiva se burló de ella y la acosó toda su vida. La mucama que la crio le dio todo el amor y el afecto de una madre. Desafortunadamente, la anciana se enfermó gravemente y Janet tuvo que casarse con un hombre que tenía mala fama en sustitución de la hija biológica de sus padres para cubrir los gastos médicos de la criada. ¿Podría ser este un cuento de Cenicienta? Pero el hombre estaba lejos de ser un príncipe, aunque tenía un rostro atractivo. Ethan era el hijo ilegítimo de una familia rica que vivía una vida lujosa y apenas llegaba a fin de mes. Él se casó para cumplir el último deseo de su madre. Sin embargo, en su noche de bodas, tuvo el presentimiento de que su esposa era diferente a lo que había escuchado sobre ella. El destino había unido a las dos personas con profundos secretos. ¿Ethan era realmente el hombre que pensábamos que era? Sorprendentemente, tenía un extraño parecido con el impenetrable hombre más rico de la ciudad. ¿Descubriría que Janet se casó con él por su hermana? ¿Sería su matrimonio una historia romántica o un completo desastre? Siga leyendo para saber cómo se desarrolla el amor entre Janet y Ethan.
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Thea sintió que nunca volvería a ser feliz después de verse obligada a casarse con el infame y misterioso lisiado, que se llamaba señor Reynolds. Se rumoreaba que su nuevo marido era feo y muy malo. Como resultado, Thea se preparó para soportar su matrimonio infeliz. Pero poco después recibió una gran sorpresa. Su marido la colmó de todo el amor, haciéndola sentir tan especial. El señor Reynolds era su caballero de brillante armadura. La protegió de todos los que vinieron por ella. Cuando su propio padre la maltrató, él incluso destruyó el auto del viejo. Todos sus enemigos la odiaban hasta los huesos. Mientras se lamían las heridas, la maldecían en sus corazones. ¡Qué mujer tan desalmada! Sosteniendo a Thea en sus brazos, el señor Reynolds declaró: "Ella es el amor de mi vida. La amo tal como es. ¿Alguien tiene alguna objeción?".
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En su vida anterior, Gracie se casó con Theo. Aparentemente, eran la pareja académica ideal, pero en privado, ella se convirtió en un simple escalón para su ambición y terminó en un final trágico. Su hermana menor Ellie se casó con Brayden, solo para ser abandonada por el regreso de su verdadero amor, quedando sola y deshonrada. Esta vez, ambas hermanas renacieron. Ellie se apresuró a casarse con Theo, persiguiendo el éxito que Gracie una vez tuvo, sin darse cuenta de que estaba repitiendo el mismo desamor. Gracie, en cambio, entró en un matrimonio basado en un acuerdo sin amor con Brayden. Pero cuando surgió el peligro, él la defendió ferozmente. ¿Podría el destino finalmente reescribir sus desenlaces?


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