La Heredera Quemará A Todos Traidores

La Heredera Quemará A Todos Traidores

Dwayne Rush

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Capítulo

Mi familia, el clan Salazar, reinaba en el mundo del cártel. Pero en nuestra hacienda, la guerra más cruel se libraba en silencio, una que yo ya había perdido una vez. Mi madre Annabel y mi hermano Ivan, sin una pizca de piedad, me empujaron una y otra vez hacia los tormentos de un matrimonio forzado con un monstruo. Mi prima Luciana, esa víbora que mi madre adoraba, fingía miedo con sus ojos enormes, arrastrándome a la boca del lobo con sus sollozos. Me tendieron una trampa con dos vasos de tequila, uno con oro y el otro sin él, y me obligaron a elegir mi propia condena. En mi vida anterior, fui torturada y asesinada lejos de casa, todo por complacer a aquellos que decían ser mi familia. ¿Cómo era posible que mi propia sangre me traicionara así, que me arrojaran a los leones una y otra vez sin remordimiento? ¿Cómo podía soportar la humillación y el desprecio de quienes se beneficiaban de mi sufrimiento? La injusticia me carcomía, pero también la rabia de una muerte recordada con dolor. Pero esta vez, no sería la ingenua Scarlett. Esta vez, el destino de mis verdugos estaba sellado en cada paso que daban. Porque yo, Scarlett Salazar, la traicionada y renacida, había vuelto para quemarlos a todos.

Introducción

Mi familia, el clan Salazar, reinaba en el mundo del cártel.

Pero en nuestra hacienda, la guerra más cruel se libraba en silencio, una que yo ya había perdido una vez.

Mi madre Annabel y mi hermano Ivan, sin una pizca de piedad, me empujaron una y otra vez hacia los tormentos de un matrimonio forzado con un monstruo.

Mi prima Luciana, esa víbora que mi madre adoraba, fingía miedo con sus ojos enormes, arrastrándome a la boca del lobo con sus sollozos.

Me tendieron una trampa con dos vasos de tequila, uno con oro y el otro sin él, y me obligaron a elegir mi propia condena.

En mi vida anterior, fui torturada y asesinada lejos de casa, todo por complacer a aquellos que decían ser mi familia.

¿Cómo era posible que mi propia sangre me traicionara así, que me arrojaran a los leones una y otra vez sin remordimiento?

¿Cómo podía soportar la humillación y el desprecio de quienes se beneficiaban de mi sufrimiento?

La injusticia me carcomía, pero también la rabia de una muerte recordada con dolor.

Pero esta vez, no sería la ingenua Scarlett.

Esta vez, el destino de mis verdugos estaba sellado en cada paso que daban.

Porque yo, Scarlett Salazar, la traicionada y renacida, había vuelto para quemarlos a todos.

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Miguel Ángel palideció y huyó. "Eres un inútil", siseó Sofía, "Miguel Ángel es mi alma gemela". Mi mundo se derrumbó; a la mujer a la que saqué de la pobreza, a la que di una vida de lujos que nunca había soñado, ahora me miraba como un estorbo. "Quiero el divorcio", dije, las palabras salieron con sabor a ceniza. Su expresión cambió a furia fría y calculadora. "Atrévete a dejarme y te arruinaré", amenazó. "Esta empresa, esta vida, todo es gracias a mí". Subí al podio, tomé el micrófono. "Sofía dice la verdad en una cosa", mi voz resonó fuerte y clara. "He encontrado a mi alma gemela, su nombre es Miguel Ángel, y para que puedan empezar su nueva vida sin estorbos, a partir de este momento, renuncio a mi puesto como director general de Lin An Group, la empresa que fundé con ella, se la dejo toda". Me fui sin mirar atrás, dejando diez años de mi vida hechos pedazos. En casa, encontré partituras de flamenco, copas de vino vacías y una bufanda de seda que no era mía, olía a su perfume caro y al sudor de otro hombre. Una grabadora digital que usaba para notas, estaba encendida. La voz de Miguel Ángel llenó la habitación: "Ese 'Toro' no es más que un bruto con suerte, un plebeyo, no entiende de arte, de pasión, de sangre noble como la nuestra, Sofía, mi amor". Y luego, la risa helada de Sofía. "Pronto, mi amor, pronto no tendremos que escondernos más en este cuarto apestoso a sudor de boxeador", decía ella. "Tú eres un noble español, mereces un palacio, y yo seré tu reina". Era obvio, los viajes de Sofía a España, su obsesión con el flamenco, su desprecio por mis orígenes. No era solo infidelidad, era una traición de clase, una negación de todo lo que yo era. Empecé a empacar, cada objeto de la casa se burlaba de mí, un monumento a mi ceguera. Había sido una marioneta, y no me había dado cuenta. Horas después, Sofía entró como una tormenta, su cara una máscara de furia. "¿Cómo te atreviste a humillarme así?", gritó, arrojando su bolso. "¡Arruinaste todo! ¡Ahora soy el hazmerreír de todo México!". "¿Tú hablas de humillación?", respondí con calma. "¿Después de anunciar que te acuestas con otro y esperas un hijo suyo?". "¡No entiendes nada!", insistió. "¡Era un plan! Miguel Ángel es un noble, tiene conexiones, nos iba a llevar a la cima, ¡una cima que tú nunca podrías alcanzar con tu mentalidad de pobre!". Mis ojos se posaron en unas vitaminas prenatales sobre la cómoda, las había visto antes, pero no les di importancia. "¿Estás embarazada?", pregunté directamente. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. "Sí", dijo, acariciando su vientre plano. "Estoy embarazada". Sentí como si el suelo desapareciera bajo mis pies. "Y es de Miguel Ángel", añadió Sofía, saboreando mi dolor. "¿Por qué?", susurré. "Para mejorar la raza, Ricardo", dijo con una naturalidad escalofriante. 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