El Último Voto Roto

El Último Voto Roto

Vanessa Ehlers

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Capítulo

Con la pluma temblorosa en mis dedos, signé el documento en la embajada española, sintiendo cómo mi vieja vida se desmoronaba con cada trazo, lista para escapar de una farsa perfecta. Mientras esperaba mi pasaporte, las voces de dos mujeres me golpearon con dolorosa claridad, revelando el "soltero de oro" que era mi prometido, Ricardo, y la "suerte" que yo, Sofía Rojas, tenía de ser tratada como una reina. El perfume dulce y empalagoso en el saco de Ricardo, el que le regalé, no era mío, sino el de Valeria, su prima, quien vivía en nuestra jaula dorada, confirmando las mentiras, las llegadas tarde y la familiaridad que había notado entre ellos. Mi corazón no se hizo añicos; ya lo estaba, solo sentí el frío vacío de la nada, al escuchar a Ricardo susurrarle a Valeria que yo era "necesaria por ahora" para el negocio, y que me echaría sin escándalos una vez que cerrara el gran proyecto. No había amor, no había traición por un error, solo un plan, y yo, su peón, me convertiría en la arquitecta de su destrucción, pieza por pieza, como él había demolido mi mundo, jurando que no me iría con las manos vacías después de esta humillación.'

Introducción

Con la pluma temblorosa en mis dedos, signé el documento en la embajada española, sintiendo cómo mi vieja vida se desmoronaba con cada trazo, lista para escapar de una farsa perfecta.

Mientras esperaba mi pasaporte, las voces de dos mujeres me golpearon con dolorosa claridad, revelando el "soltero de oro" que era mi prometido, Ricardo, y la "suerte" que yo, Sofía Rojas, tenía de ser tratada como una reina.

El perfume dulce y empalagoso en el saco de Ricardo, el que le regalé, no era mío, sino el de Valeria, su prima, quien vivía en nuestra jaula dorada, confirmando las mentiras, las llegadas tarde y la familiaridad que había notado entre ellos.

Mi corazón no se hizo añicos; ya lo estaba, solo sentí el frío vacío de la nada, al escuchar a Ricardo susurrarle a Valeria que yo era "necesaria por ahora" para el negocio, y que me echaría sin escándalos una vez que cerrara el gran proyecto.

No había amor, no había traición por un error, solo un plan, y yo, su peón, me convertiría en la arquitecta de su destrucción, pieza por pieza, como él había demolido mi mundo, jurando que no me iría con las manos vacías después de esta humillación.'

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