Ella Volvió, Él Lamentó

Ella Volvió, Él Lamentó

Xiao Xiaoyunduoer

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Capítulo

En mi vida anterior, este fue el día de mi muerte, el día en que Isabella Romero me lo arrebató todo: mi padre, mi carrera y hasta mi prometido. Pero ahora he vuelto, renacida en este mismo día y en este mismo salón, justo cuando me humillaban públicamente en mi propia fiesta de cumpleaños número 25. Cuando intentaron dar mi premio a Isabella, lo arrebaté de sus manos, gritando la verdad, revelando que ella era la hija adoptiva. Mi padre, cegado por la furia, me abofeteó y me echó de la casa, mientras mi prometido de la infancia, Alejandro, me humilló aún más, defendiendo a Isabella; nadie creyó mis palabras, sino que me vieron como una descarada. En mi desesperación, decidí irme, pero justo entonces, la voz imponente de mi tío, Fernando Soto, resonó en el salón, desafiando a mi padre. Mi tío, abogado de renombre, reveló la verdad oculta: el padre de Isabella no había salvado a mi padre; fue el fruto de un engaño orquestado por él. Y la que salvé la vida de mi padre fui yo, su propia hija. La verdad salió a la luz, mi nombre fue limpiado, el alcalde me otorgó el título de "Diseñadora Urbana Distinguida" y una recompensa, y Alejandro, el hombre que me había humillado, vino a pedirme matrimonio. Pero esta vez, ya no era la Sofía del pasado. Lo miré con frialdad y le dije: "No me casaré con un hombre que no tiene principios". Supe que era mi momento, el momento de poner fin a mi pasado y construir mi propio futuro.

Introducción

En mi vida anterior, este fue el día de mi muerte, el día en que Isabella Romero me lo arrebató todo: mi padre, mi carrera y hasta mi prometido.

Pero ahora he vuelto, renacida en este mismo día y en este mismo salón, justo cuando me humillaban públicamente en mi propia fiesta de cumpleaños número 25.

Cuando intentaron dar mi premio a Isabella, lo arrebaté de sus manos, gritando la verdad, revelando que ella era la hija adoptiva.

Mi padre, cegado por la furia, me abofeteó y me echó de la casa, mientras mi prometido de la infancia, Alejandro, me humilló aún más, defendiendo a Isabella; nadie creyó mis palabras, sino que me vieron como una descarada.

En mi desesperación, decidí irme, pero justo entonces, la voz imponente de mi tío, Fernando Soto, resonó en el salón, desafiando a mi padre.

Mi tío, abogado de renombre, reveló la verdad oculta: el padre de Isabella no había salvado a mi padre; fue el fruto de un engaño orquestado por él.

Y la que salvé la vida de mi padre fui yo, su propia hija.

La verdad salió a la luz, mi nombre fue limpiado, el alcalde me otorgó el título de "Diseñadora Urbana Distinguida" y una recompensa, y Alejandro, el hombre que me había humillado, vino a pedirme matrimonio.

Pero esta vez, ya no era la Sofía del pasado.

Lo miré con frialdad y le dije: "No me casaré con un hombre que no tiene principios". Supe que era mi momento, el momento de poner fin a mi pasado y construir mi propio futuro.

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