Se embarazó de un mafioso e hizo que su ex se arrepintiera

Se embarazó de un mafioso e hizo que su ex se arrepintiera

Rabbit

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Capítulo

Para poder tener un hijo con su esposo, el cual tenía problemas de fertilidad, Amelia Fuller aceptó someterse a un tratamiento de fertilización in vitro. Sin embargo, descubrió accidentalmente que su esposo y su amante la estaban utilizando como un instrumento para tener hijos. El material genético del tratamiento había sido cambiado por el esperma de su esposo y el óvulo de la amante. Impactada por la traición, la mujer decidió ir al hospital para interrumpir el embarazo, pero el médico le informó que, por un descuido imperdonable de la enfermera, el bebé que llevaba en su vientre era el resultado de su propio óvulo y el esperma de un hombre desconocido. ¡Y ese hombre resultó ser un jefe de la mafia! De esta manera comenzó una serie de enredos inesperados.

Capítulo 1

Después de la boda, a Eduardo Wayne le diagnosticaron astenospermia.

Sin embargo, él amaba a los niños, así que Amelia Fuller se ofreció a realizarse una fecundación in vitro.

En el momento en que confirmaron que estaba embarazada, se apresuró a casa para compartir la buena noticia con Eduardo.

Pero lo que escuchó al llegar, fue la suave risa del primer amor de él, Josie Spencer, proveniente del estudio. "Eduardo, siempre eres tan bueno conmigo. Engañaste a Amelia para que se hiciera la fecundación in vitro y luego hiciste que intercambiaran sus óvulos por los míos para que ella dé a luz a nuestro bebé. De esta manera no tengo que arruinar mi figura ni mi carrera".

Amelia se quedó paralizada fuera de la puerta, temblando, sin poder creer lo que escuchaba.

Gritó por dentro, diciéndose a sí misma que era imposible que después de haber sufrido tanto por ese embarazo, el niño que estaba esperando no fuera de ella, sino de su esposo con su amante.

Ella y Eduardo llevaban años enamorados, se negaba a creer que él solo la viera como una incubadora.

Entonces sus siguientes palabras destrozaron su última ilusión. "Josie, eres demasiado delicada, ¿cómo podría dejarte pasar por ese dolor? Además, Amelia siempre ha querido darme un hijo, así que es una forma de cumplir su deseo".

"¿No tienes miedo de que lo descubra y haga un escándalo?".

El hombre hizo una pausa por un segundo y luego se rió. "Ella vive de mi dinero. ¿Qué derecho tiene a armar un escándalo? Su mayor valor es que dé a luz a nuestro hijo en tu lugar".

Esas palabras fueron como una puñalada en el pecho de Amelia y casi la derriban.

Así era como Eduardo la veía, como una inútil.

La despreciaba por depender de él, pero al parecer había olvidado que ella solía ser una supermodelo que brillaba en cada pasarela.

Eduardo le había rogado que se casara con él y que dejara la fama para crear una familia juntos.

Ella soltó una risa llena de amargura y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas sin hacer ruido.

El bebé era de alguien más y toda la ternura y amor de antes también eran falsos.

Pero su dignidad y su cuerpo aún le pertenecían.

Amelia se secó las lágrimas, endureciendo su mirada pensando que nunca daría a luz al hijo de alguien más.

Se fue sin alertar a las personas dentro de la habitación y se dirigió directamente al hospital.

Antes de que pudiera hablar, el médico que realizó la fecundación in vitro se mostró culpable y se disculpó de inmediato: "Señorita Fuller, ya lo sabe todo...".

Ella lo miró con frialdad, disgustada al enfrentarse a ese hombre que había conspirado junto con Eduardo.

El médico se puso aún más nervioso bajo su furiosa mirada. "Señorita Fuller, lo siento mucho. El error en este ciclo de fecundación in vitro realmente fue culpa del hospital. Hemos disciplinado severamente a la enfermera que tomó el esperma incorrecto. Cualquier daño que esto le haya causado, el hospital se lo compensará en la medida de nuestras posibilidades...".

Su discurso preparado solo enfureció más a Amelia quien exclamó: "¿Me van a compensar? Cambiaron el esperma...".

Antes de terminar la frase se detuvo. "¿Está seguro de que lo que cambiaron fue el esperma y no los óvulos?".

El médico se mostró confundido por un momento, pero aprovechó la oportunidad para calmarla. "Sí, ese día tanto los óvulos como el esperma que proporcionó el señor Wayne tenían poca viabilidad, así que programamos una segunda extracción de óvulos para usted. Los óvulos tomados ese día estaban en buen estado. Lo que pasó fue que nuestra nueva enfermera leyó mal el código al recoger el esperma y usó el de otro caballero...".

El inesperado giro dejó a Amelia atónita. Le tomó mucho tiempo asimilar la verdad.

¿Así que el niño en su vientre realmente llevaba su propia sangre?

Amelia sintió que el destino le había jugado una gran broma.

Un segundo antes había pensado que se había convertido en la madre sustituta de Eduardo y Josie, y al siguiente supo que el bebé era suyo con un completo extraño y no tenía nada que ver con su marido.

Amelia puso una mano en su vientre, sintiendo vagamente el pequeño latido dentro.

Al principio quería abortar porque se negaba a darles a esos dos lo que querían. Pero después de descubrir que el niño realmente era suyo, ya no había necesidad de hacerlo.

Ella respiró profundamente y tomó una decisión. "Puedo dejar esto pasar, pero deben prometer que ninguna cuarta persona lo sabrá. De lo contrario...".

Cuando levantó la vista nuevamente, sus ojos estaban tan fríos como el hielo.

Antes de que el médico pudiera estar de acuerdo, el teléfono en el escritorio sonó con urgencia.

Cuando terminó la llamada, dijo con profundo pesar: "Señorita Fuller... el propietario del esperma ya ha sido informado de que su muestra fue utilizada por error".

Amelia frunció el ceño y la siguiente frase la sacudió hasta la médula. "Me temo que el señor Hayes ya está abajo...".

Ella había decidido criar al niño sola y no quería tener ningún tipo de relación con ningún otro hombre.

Corrió hacia la puerta, desesperada por irse.

En el momento en que llegó al pasillo, miró por la ventana y vio un Rolls-Royce negro deslizándose hacia el estacionamiento.

La puerta trasera se abrió y un par de zapatos de cuero negro, hechos a mano y bien lustrados, tocaron el suelo.

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