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Después del diluvio, El sol volvió a calentar la tierra con su radiante amabilidad, y la tierra respondió con incontables formas de vida, algunas conocidas, otros incluso no deseadas por la misma tierra. Como por ejemplo la inmensa pitón, su cuerpo abarcaba la gran parte del monte y llenaba de terror a la nueva y recién nacida raza de hombres. Nunca habían visto algo así.
Hasta entonces, Apolo había usado su arco tan sólo para cazar venados huidizos o tímidas cabras salvajes. Ahora casi se acabó su carcaj para matar a la serpiente. La abrumó con unas 1000 flechas hasta que el veneno rebozo por todas las oscuras heridas. Apolo sabía que hasta las grandes hazañas algún día se olvidaban si no hay algo que refresque la memoria.
Por eso el Dios estableció los juegos sagrados ,que el bautizo como juegos pitios, por el nombre de la serpiente. En estos juegos hubo competencias de todo tipo: luchas pugilismo carreras a pie, carreras a caballos, carreras de coches tirados por caballos, los jóvenes atletas ganadores recibían de premio hojas de encina. (No había laurel en esos tiempos cualquier árboles servía a febo para confeccionarse La guirnalda que adornaba sus sienes la corona para sus bellos rizos profusos)
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Dafne, la hija de peneo, fue el primer amor de Febo.
Tal cosa no fue atribuible al mero azar o a la mirada defectuosa del destino. Se debió todo a Cupido, luego de una afrenta no mucho tiempo atrás, el Dios de delos aún ebrio de gozo por su triunfo sobre la serpiente, vio Cupido tensando su arco.
Y le dijo
" Niñito maleducado ¿Qué crees que haces con las armas de un Guerrero? Un arma si es sólo para unos hombros como los míos; para un tino como el mío, incapaz de herrar con cuánta flecha tire para herir enemigos o bestias salvajes, cómo lo hice últimamente con la gruesisima pitón. Tu niñito debes contentarte con tus antorchas para encender el amor o los amores de quién sea, y no buscar elogios en asuntos que son mi prerrogativa"
"Mira Febo, tu arco puede atravesar todas las cosas pero me arco te atravesará a ti y del mismo modo en que los animales son inferiores a los dioses tu gloria en materia de Quién tiene más alcance es inferior a la mía."
Cupido dijo esto último cuando ya volaba con alas ligeras por el aire hasta posarse en la cima sombreada del parnaso, de su carcaj lleno de flechas sacó 2 dardos, de distintas propiedades uno ahuyenta el amor y el otro enciende el amor.
El que enciende el amor es dorado y brilla y tiene la punta afiladadisima, el que ahuyenta el amor es Romo con la punta cubierta de plomo.
Con este último dardo Cupido atravesó a la ninfa hija de peneo y con la otra hirió a Apolo,
La flecha le entró por la médula de los huesos, y de inmediato pero se enamoró y de inmediato la otra repelió cualquier palabra referida al amor y sus derivados.
Dafne halló su gozo en los bosques apartados y en la casa y captura de fieras.
Así emulaba a Diana la diosa virgen, incluso con el pelo descuidado o sujeto tan sólo atrás de la nuca por un simple listón.
Le llovían pretendientes pero ella escapaba a sus ruegos para irse por bosques intransitables sin saber sin importarle nada de los hombres y menos cosas como amor o matrimonio o haser pareja.
Una y otra vez su padre le decía
"Hija quiero nietos, o por lo menos un yerno"
Pero ella se sonrojaba la idea del matrimonio se le hacía cercana al crimen, un rubor enrojecia su hermoso rostro y echaba los brazos al cuello de su padre para implorarle.
"Padre, padre querido, déjame gozar de mi virginidad para siempre, en días caídos esto fue lo que a Diana le concedió su propio padre"
El padre de Dafne se rindió a la petición
"Está bien por mí pero tus propios encantos se interpondrán entre tú misma y aquello que buscas tú sola belleza será la derrota de aquello que deseas"
Apolo se enamoró de Dafne con sólo verla, quiso casarse con ella de inmediato, sus propios poderes proféticos lo engañaron diciéndole que sus deseos eran cumplibles.
Lo mismo que el rastrojo liviano arden un campo cosechado lo mismo que un arbusto se prende por el descuido de alguien que pasaba por ahí y acercó demasiado una antorcha o la dejó tirada.
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