/0/5847/coverorgin.jpg?v=5c9883fd6eb7f848c5d5535528f2a68e&imageMogr2/format/webp)
El día que cumplí veinticinco años, descubrí que mi novio de siete años y mi mejor amiga tenían una aventura.
Me regalaron collares a juego —un mar y una montaña—, el mismo set que yo había elegido para él como símbolo de nuestro amor. Fue su confesión silenciosa, la confirmación de la traición que acababa de presenciar.
Más tarde esa noche, mi mejor amiga fue atacada. Corrí a su lado, solo para encontrarme con la furia de mi novio. Me acusó de ser egoísta y de llegar tarde, luego rompió conmigo, dejándome sola y sangrando en la nieve después de que tosiera sangre por mi cáncer de pulmón terminal.
Él no vio la sangre. No sabía que me estaba muriendo. Solo me vio como un estorbo.
Mi mundo se hizo añicos. Había estado ocultando mi enfermedad para ahorrarles el dolor, solo para descubrir que ellos estaban construyendo su felicidad sobre mi sufrimiento silencioso.
Recibí su llamada desde el hospital, no por preocupación por mí, sino porque acababa de descubrir la verdad sobre mi cáncer. Era demasiado tarde.
Yo ya estaba en un avión a Guadalajara, habiendo enviado mi último mensaje: "Los amo a los dos. Siempre. Encuentren su felicidad. Yo estaré bien". Este fue mi último regalo para ellos: su libertad, comprada con mi vida.
Capítulo 1
Alicia Lawson (POV)
La lluvia golpeaba contra la ventana, un tamborileo incesante contra mi pecho ya dolorido. Tracé la condensación con un dedo tembloroso, cada respiración un esfuerzo superficial y doloroso. Sabía que era mi cáncer de pulmón, consumiéndome, pero esta noche, el pavor helado no tenía nada que ver con mi cuerpo fallando. Se trataba de algo mucho más insidioso, algo que se sentía como una traición a mi propia alma.
Los vi a través de la puerta de la cocina, sus sombras danzando en la pared, entrelazadas e imposiblemente cercanas. Kael, mi novio de siete años, y Carmen, mi mejor amiga, mi hermana. Su risa, suave e íntima, atravesó la tormenta de afuera y se alojó en mi garganta. Apreté los ojos, una oleada de náuseas me invadió, pero la imagen ya estaba grabada en mi mente. La mano de Kael, tan familiar, acariciando la mejilla de Carmen. Mi estómago se contrajo.
Mi vigésimo quinto cumpleaños. Un hito que no estaba segura de alcanzar. Y este era mi regalo.
Vi cómo Carmen se inclinaba, susurrándole algo al oído a Kael. Él sonrió, una sonrisa genuina y sin defensas que no había visto dirigida a mí en meses. Luego, ella se echó un poco hacia atrás, y un destello de metal captó la tenue luz de la sala. Era un collar. Una delicada cadena de plata, con un pequeño dije de ola perfectamente esculpido. El corazón se me fue a los pies. Conocía ese collar.
Era la mitad del juego "mar y montaña" que había elegido para Kael semanas atrás. Me había dicho que le encantaba, el concepto de dos mitades completando un todo, representando nuestro vínculo eterno. Nuestro vínculo.
Recordé el día que lo compré. Fue en una pequeña joyería independiente, escondida en una callecita de Coyoacán. Había pasado horas angustiada por el regalo perfecto, algo significativo para nuestro séptimo aniversario, un regalo que se había convertido en mi regalo de cumpleaños, ya que él había dicho que nuestro amor era eterno, trascendiendo fechas. Me había besado la frente entonces, sus ojos llenos de una calidez que ahora se sentía como un recuerdo lejano. Había prometido que atesoraría la mitad de la montaña, siempre cerca de su corazón, así como yo guardaría el mar. Había dicho que era nuestro símbolo. Una promesa silenciosa entre nosotros, nuestro futuro entrelazado.
Pero ahora, el mar estaba alrededor del cuello de Carmen. ¿Y la montaña? Sabía dónde estaría.
Mi pecho se oprimió, un dolor agudo y punzante que no era solo el cáncer. Era más frío, más profundo. Una traición que atravesaba cada capa de mi paz cuidadosamente construida. ¿Cómo pudieron? ¿Cómo pudo ella? Carmen, que había sido mi roca desde que éramos niñas en el orfanato, que había jurado protegerme de todo. Era mi defensora más feroz, mi única familia.
Una leve vibración sonó en mi bolsillo. Era el recordatorio de mi próximo tratamiento contra el cáncer, un suave empujón de mi celular para enfrentar mi otra batalla, la más física. La ironía era un sabor amargo en mi boca. Me estaba muriendo, en silencio, y ellos se estaban enamorando, igual de silenciosamente.
Esperé en el pasillo oscuro, apoyada contra la pared fría, tratando de regular mi respiración. Cada minuto se sentía como una hora, cada segundo una tortura lenta. Sus voces susurrantes, el ocasional toque suave que vislumbraba, hacían que el aire se espesara con una verdad no dicha. Mi corazón latía con fuerza, un pájaro frenético atrapado en una jaula, amenazando con estallar a través de mis costillas.
Finalmente, la voz de Kael, un poco más fuerte esta vez.
"Ya no tarda en subir".
Carmen soltó una risita, un sonido que solía traerme consuelo, ahora como vidrio roto.
"No queremos arruinar la sorpresa, ¿o sí?".
Una sorpresa, sin duda.
Escuché el crujido de la ropa, el sonido de ajustes cuidadosos. Se estaban preparando, poniéndose sus máscaras. Mi turno de ponerme la mía. Tomé una respiración profunda y temblorosa, conteniendo la tos que amenazaba con delatarme. Pegué una sonrisa en mi rostro, una cosa quebradiza y frágil que se sentía ajena en mis labios.
Entré en la luz, mi voz, sorprendentemente firme, cortando el silencio fabricado.
/0/21530/coverorgin.jpg?v=cba60eec232508b1ee38c76e1daedbde&imageMogr2/format/webp)
/0/18439/coverorgin.jpg?v=d52ec43dc3e4696e1be1205edbb21f5d&imageMogr2/format/webp)
/0/17416/coverorgin.jpg?v=a71fbce14d416977762f31a13385f7d3&imageMogr2/format/webp)
/0/18185/coverorgin.jpg?v=5774dea883181c61fed809bf939743c8&imageMogr2/format/webp)
/0/18322/coverorgin.jpg?v=8c97b53d0b8525eecffdb0a7057f7cf9&imageMogr2/format/webp)
/0/16101/coverorgin.jpg?v=38fb494d19326e9db451f4f936ef6cdf&imageMogr2/format/webp)
/0/9265/coverorgin.jpg?v=e5fe273b48a1b590c3a46df78b70dd29&imageMogr2/format/webp)
/0/18744/coverorgin.jpg?v=84afe597e334334a9a7799971b339d9b&imageMogr2/format/webp)
/0/19051/coverorgin.jpg?v=732aaeb17b3bdb3bbd87cb10ce3c4284&imageMogr2/format/webp)
/0/10926/coverorgin.jpg?v=ce8d56d865452c5206956b17990c8818&imageMogr2/format/webp)
/0/7587/coverorgin.jpg?v=32a7a7ea0fda20ba004748dd096441de&imageMogr2/format/webp)
/0/18056/coverorgin.jpg?v=5a8f242739bc06497c4d151f3f297741&imageMogr2/format/webp)
/0/17541/coverorgin.jpg?v=aafdd4a36fc6bac886fe5fb1f2d83745&imageMogr2/format/webp)
/0/18031/coverorgin.jpg?v=3bd9aab9cf8bc0da22f60f24680fac7c&imageMogr2/format/webp)
/0/13611/coverorgin.jpg?v=70d31e1d650b45ae9fa404dc4565c019&imageMogr2/format/webp)
/0/17280/coverorgin.jpg?v=72c5ded6829120a62b78686f19230b98&imageMogr2/format/webp)
/0/756/coverorgin.jpg?v=0a51b2164c3329a8ebe7374f1ebb4433&imageMogr2/format/webp)
/0/16496/coverorgin.jpg?v=9da3d68fea0fc3ff7d8108361a5f5242&imageMogr2/format/webp)
/0/12150/coverorgin.jpg?v=f932f752c7d8ff7005b22cb9877e619b&imageMogr2/format/webp)