QUÉMAME ALFA
DE S
obligué a salir. Mis zapatos resonaban suavemente contra el suelo de már
s de oro y sombras sobre el suelo. Estaba a medio camino del ala de invit
r por una escoria
det
ón primero... suave, burlona, completa
on una bota cruzada sobre la otra, la luz del fuego se refleja
color que lo identificara
o. Mandíbula afilada, cabello oscuro cayendo descuidadamente sobre su frente, ojos c
la parte delantera de mi vestido ar
oyado en la pared. "¿En seri
zco", murmuré. "No d
no debería. Pero parecías nec
cir
na lenta sonrisa. "Eres bastante Alfa. El
ciertas. Crucé los brazos sobre el
"¿Sigues defendié
llame
no? Te q
e su voz me aceleró el pulso.
mí con pasos tranquilos y pausados. R
on claridad. Sus rasgos eran afilados pero no crueles, de ese tipo de atracti
en voz baja. "¿Cómo
lva
l sonido. "Bonito. Pero cre
io, casi me encontré sonriendo. "
do tengo
rada, hacia el arco abierto que da
mundo muerto. Y n
a risa, pequeña
nada. So
go lejano le hubiera llamado la atención-
guntar más, pero él retrocedió, y l
no te ven, conejita -dijo en voz baja-. Gu
guntarle su nombre, se dio la vue
siguiéndome como un latido. Ni siquiera me di c
ió más vacío despu
bía estado. El aire aún conservaba un rastro de él... algo oscuro y
Por la humillación. Por perder todo lo que creía t
pero de alguna manera, ese desconocido había hecho que el peso en m
ma, negando con la cabeza. "
hizo sonre
o de piedra. Las antorchas silbaban en sus soportes, proyectando una luz
pujé la puerta y entré. El aroma a lavanda inundaba el espacio... alguna de las c
las flores blancas junto a la ventana, la bata doblada al pie de la cama, las horquillas p
de una obra que había termi
zo. Durante un largo rato, me quedé mirándolas fijamente. Las marc
seando que el recuerdo se desva
os lobos celebraban la nueva alianza. Tal vez incluso el propio Aedric, s
ía g
ía l
todo, que
lida, cansada, con los ojos hinchados por las lágrimas que me negaba a dejar caer. La chica que me miraba no pa
a mi reflejo. Encontraré un nuevo lug
iarlas. No sabía adónde iría. El mundo más allá de las tierras de
ea de quedarme
uedó en penumbra. Solo quedaba la luz de la luna que
anas estaban frías contra mi piel. Sentía el
mi cabeza... el momento en que Ae
siquiera había sido de
ió más