ida, tenía mejor color, más animación que antes, hasta su poco de alegría. El médico y la madre se mostraban más bien contentos de su estado. Quien parecía d
se había resignado a descansarlo todo entero. Y con su autoridad de amo, el padre hizo vestir con trajes de calle a su se?ora, a Lita y a mis Mary, pidió el carruaje descubierto para después de almorzar, se
ás gusto que nunca en ver leones, jirafas, avestruces, serpientes, de cuánto Dios crió. Porque pensaba que antes de que se cumpliese el plazo de los treinta días, ella podría presentar a su hada madrina las tres colchas. Entonces sanar
casa, preguntó
diverti
ho,
ma?ana repeti
o, no acabaría a tiempo las dos colchas que le quedaban por hacer. Así
e la colcha celeste, papá... ?Sé buenito, papá!.
ada y no perjudicar el buen efecto del pa
se puso a tejer y tejer... Otra semana más de trabajo, y quedó concluida la colcha celeste... Otra semana más,
ra no impacientarse ni aburrirse?... Pues ahora fue la misma Lita quien invitó a su padre a ir todas las tardes a Palermo y al Jardín Zoológico, y has
os pobres tus colchas?-le hab
hora sólo quiero que estén bien guarda
treinta justas, y su cuenta coincidía con la de Ramón. Besó a su papá, a su mamá, a sus hermanitos y hasta a miss Mary. Se hizo acostar muy temprano. Rezó largamen
el hada madrina. Venía como siempre, con su estrella, su varita mágica, su p
e de los ni?os pobres, a quienes les llevaré tus colchas,
del seno de la tierra, cargó en las espald
abatos en el aire con su varit
uena, te curo ah
n la cama, completamente derecha. Sin darle tiempo ni
na vuelta por el País de las Hadas, do
ano de su madrina... Atravesaron la habitación sin hacer ruido, en puntitas de pie, luego el do
.. Llegaron al zaguán... Ya estaban ante la puerta de la calle... Lita hizo un esfuerzo para abrirla... ?Era un pestillo mu
/0/17253/coverbig.jpg?v=0807cb23c5e7ee6b62d6a4b8471ed7df&imageMogr2/format/webp)