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Libros de Moderno para Mujeres

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La heredera traicionada: El engaño de un esposo

La heredera traicionada: El engaño de un esposo

Cuatro años después de que Alana Garza, una rica heredera, fuera secuestrada, regresó milagrosamente a casa, solo para encontrar a su prometido, Camilo Suárez, y a su hermano, Andrés Garza, completamente bajo el hechizo de su hermana adoptiva, Brenda Kent. Intentó exponer la verdad, pero ellos descartaron sus acusaciones como delirios postraumáticos. En lugar de encontrar consuelo, Alana fue abofeteada, empujada por las escaleras, falsamente acusada y humillada. Su propia familia, las personas que más amaba, la traicionaron. Se pusieron del lado de Brenda, creyendo cada una de sus mentiras, e incluso enviaron a Alana de vuelta al mismo complejo de trata de personas donde había estado cautiva durante años. Allí, soportó una vez más torturas inhumanas. ¿Por qué estaban tan ciegos? ¿Cómo podían ser tan fácilmente manipulados por la dulce fachada de Brenda? ¿Por qué las personas que decían amarla la castigaban por decir la verdad? En su hora más oscura, Alana encontró una cámara oculta en el medallón de su madre. Grabó meticulosamente cada acto de traición y cada momento de su renovada pesadilla. Luego, con un último y desesperado acto de desafío, le prendió fuego al complejo y saltó desde un acantilado, usando su propia vida como la prueba definitiva. Les dejó una bomba de tiempo cargada de verdad, obligándolos a enfrentar sus monstruosos errores.
La Venganza de Mi Corazón Roto

La Venganza de Mi Corazón Roto

El zumbido de mi celular sobre la mesa me sacó de mi concentración, lo ignoré. Era Sofía. Minutos después, otra vibración: una notificación de Instagram. Abrí la aplicación, y lo primero que vi fue la foto de Diego en el escenario del festival, sosteniendo el trofeo que creí nuestro. El texto debajo me heló la sangre: "¡Mi cortometraje, primer lugar! Gracias a Sofía por darme la oportunidad de ser el director." "Mi cortometraje." El que escribí, dirigí y edité. Seis meses de mi vida, esfuerzo y noches sin dormir. El aire se escapó de mis pulmones. Releí la frase una y otra vez, esperando que fuera un error, una broma de mal gusto. Marqué el número de Sofía. Su voz, alegre, despreocupada, me dijo: "¡Marco! ¿Viste? ¡Lo logramos! Diego ganó." "¿Qué significa esto, Sofía? ¿Qué significa la publicación de Diego?" Hubo un silencio. Un suspiro. "Ay, Marco, no te enojes, iba a contártelo. No se lo regalé, solo le di la oportunidad, él de verdad la necesitaba." "¿Y mi sueño, Sofía? ¡Ese proyecto también era mi oportunidad! ¡Lo necesito para entrar al programa de posgrado del Sr. Ramírez!" "Tú eres muy talentoso, mi amor, puedes hacer otro, para ti es fácil." Su respuesta fue un insulto. Su simpleza, al minimizar mi dedicación, me hizo añicos. "¡Fueron meses de mi vida, Sofía! ¡Noches sin dormir, comidas que me salté!" Tomé el jarrón de flores que me regaló la semana pasada y lo lancé contra la pared. El cristal se hizo pedazos. "Es solo un cortometraje", dijo, como si no fuera mi futuro. "Quiero que retires ese proyecto ahora mismo, quiero que le digas a todo el mundo que yo soy el director." "No puedo hacer eso, Marco, arruinarías la carrera de Diego." "¡Me importa un carajo la carrera de Diego! ¡Me robaste! ¡Tú y él me robaron!" Fui a mi computadora. Abrí la carpeta de mis archivos originales. "Tengo todo, Sofía, cada prueba de que este proyecto es mío, te doy hasta mañana por la mañana para que arregles esto, o juro que publicaré todo." Colgué. El silencio de mi apartamento era ensordecedor. Momentos después, vibró mi celular. "Está bien, lo haré." Era un mensaje de Sofía. Sentí un pequeño alivio, pero una parte de mí sabía que esto no había terminado. Y no pude estar más en lo cierto.
Un Matrimonio Sin Alma

Un Matrimonio Sin Alma

Mi teléfono sonó, rompiendo el silencio gélido de la sala de espera del hospital. El nombre de mi esposa, Elena, brillaba en la pantalla, pero no era ella; era yo quien acababa de intentar contactarla por décima vez. Finalmente, Elena contestó, su voz, acompañada por el ruido de una fiesta, sonaba molesta: "¿Qué quieres, Ricardo? Te dije que no me molestaras, hoy es mi cumpleaños." Le informé, con la voz quebrada, del grave accidente que habían sufrido sus padres, quienes viajaban en el coche que le regalé. Ella no solo se rio, sino que se burló de mí, acusándome de inventar todo para impedirle viajar. "Estás patético, ya estoy en el aeropuerto", espetó con indiferencia, e incluso me exigió que firmara por ella la autorización para la cirugía que sus padres necesitaban urgentemente. Se atrevió a decir: "Para eso eres el yerno perfecto, ¿no?" Después de confesarle que no podía firmar porque no estábamos legalmente casados, me colgó. Minutos después, volvía a llamarle, pero ella solo gritaba que la dejara en paz y que ya estaba en el avión. Me sentí completamente impotente, una cruel ironía considerando todo el dinero y el poder que tenía. Escuché que el médico nos daba la terrible noticia: "No lo lograron". Miré las puertas de quirófano en las que había estado concentrado todo el tiempo y en las que mi vida se había desvanecido. En el funeral de mis suegros, no podía entender cómo ella podía ser tan egoísta. "¿Es que no lo sabía?" se preguntaban todos, susurrando, mezclando lástima y desprecio por mí. Me sentí humillado mientras ella se iba con Sebastián. Lo había soportado todo por amor, o por lo que creía que era amor. ¡Qué idiota había sido! La rabia, fría y afilada, comenzó a reemplazar el vacío. Fue entonces cuando la vi en la playa con su amante, Sebastian Rojas, con el coche que le regalé de fondo en la foto, el mismo que ahora era un amasijo de hierros. En ese momento, no sentí nada. Me di la vuelta y me fui, sin mirar atrás. ¡Este era el final!
El Regalo del Destino Cruel

El Regalo del Destino Cruel

Deseé con todo mi corazón que el trasplante de riñón salvara a mi mejor amigo, Diego. Los médicos insistieron en que su vida pendía de un hilo, y, para mí, el mundo sin Diego era impensable. Pero la vida es una broma cruel. Apenas me recuperaba de esa donación, mi padre fue diagnosticado con insuficiencia renal fulminante. "Tú eres la única compatible", me dijeron, refiriéndose a mi único riñón restante. Mi prometido, Ramiro, mi ancla en la vida, me abandonó sin piedad, usando mi enfermedad y la necesidad de mi padre como excusa: "¿Cómo te verás? ¿Cómo será nuestra vida?". Su crueldad se pintó de cinismo al verlo besando a Diego, mi mejor amigo, el hombre al que le di mi riñón, con el que Ramiro "celebraba su amor" sobre las ruinas de mi vida. La traición me quemó viva, dejándome sola, rota y sin nada. Mi padre, mi último pilar, se desvanecía. Cuando Sofía, mi amiga de la infancia, apareció como un ángel y ofreció pagar la cirugía y traer al mejor equipo, sentí un milagro. Pero el día que desperté del trasplante, ella me dio la noticia más devastadora: "Tu papá no lo logró". El universo se desmoronó, dejándome sin riñones, sin prometido, sin amigo y, ahora, sin padre. Sofía se convirtió en mi "sol", mi esposa, mi única razón para levantarme, dependía totalmente de ella durante seis años de diálisis. Hasta que una noche, escuché a Sofía y a Camila, su colega, hablar, y su conversación me reventó el alma. "Inventaste todo", dijo Camila. "Y lo del padre de Elvira... fue un asesinato. Tienes sus riñones en un banco privado, esperando por si Diego los necesita". Sofía, riéndose, confirmó que yo era solo "una mascota dependiente", una "opción económica y de fácil acceso" para Diego. Mi vida entera, mi sacrificio, la muerte de mi padre, mi matrimonio… todo era una monstruosa farsa, orquestada por la mujer que me juró amor.
Su Amor, Su Prisión, Su Hijo

Su Amor, Su Prisión, Su Hijo

Durante cinco años, mi esposo, Alejandro Garza, me tuvo encerrada en una clínica de rehabilitación, diciéndole al mundo que yo era una asesina que había matado a su propia hermanastra. El día que me liberaron, él estaba esperando. Lo primero que hizo fue lanzar su coche directamente hacia mí, intentando atropellarme antes de que siquiera bajara de la banqueta. Resultó que mi castigo apenas comenzaba. De vuelta en la mansión que una vez llamé hogar, me encerró en la perrera. Me obligó a inclinarme ante el retrato de mi hermana "muerta" hasta que mi cabeza sangró sobre el piso de mármol. Me hizo beber una pócima para asegurarse de que mi "linaje maldito" terminara conmigo. Incluso intentó entregarme a un socio de negocios lascivo por una noche, una "lección" por mi desafío. Pero la verdad más despiadada aún estaba por revelarse. Mi hermanastra, Karla, estaba viva. Mis cinco años de infierno fueron parte de su juego perverso. Y cuando mi hermano pequeño, Adrián, mi única razón para vivir, fue testigo de mi humillación, ella ordenó que lo arrojaran por unas escaleras de piedra. Mi esposo lo vio morir y no hizo nada. Muriendo por mis heridas y con el corazón destrozado, me arrojé desde la ventana de un hospital, y mi último pensamiento fue una promesa de venganza. Abrí los ojos de nuevo. Estaba de vuelta en el día de mi liberación. La voz de la directora era plana. "Su esposo lo ha arreglado todo. La está esperando". Esta vez, yo sería la que esperaría. Para arrastrarlo a él, y a todos los que me hicieron daño, directamente al infierno.