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Libros de Urbano para Mujeres

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Amo de la perversión

Amo de la perversión

Rachel Ward se había convertido en la obsesión de Ludwig Reeves. Desde el momento en que la vio, juró que aquella mujer iba a ser suya. La chica mojigata de mirada profunda y perturbadora, labios sensuales y rostro angelical; se convirtió en un reto que no estaba dispuesto a rechazar, aún y cuando, su inocencia y timidez fueran un gran obstáculo para un hombre tan perverso. Después de aquella noche, en la que tuvo una probada del fruto de la tentación, del olor a inocencia, del ángel caído del cielo; decidió ir tras ella y satisfacer sus deseos más oscuros y prohibidos, sin saber que, aquel reto, se convertiría en su perdición; en la manzana prohibida de su propio paraíso. Una chica inocente y angelical entrará en un mundo oscuro y lleno de depravación que cambiará toda su vida de la noche a la mañana. Su ingenuidad será el motivo de sus desgracias y la causa por la que dos hombres se obsesionarán con ella y estarán dispuestos a hacerlo todo para tenerla. Un enfrentamiento que provocará terribles consecuencias y en la que solo uno será el gran vencedor. Reeves, hará lo que sea para quitar de su camino a todo lo que se interponga en sus planes de hacerla suya. El destino de Rachel estará en las manos del hombre más oscuro y peligroso, uno capaz de llegar hasta las últimas instancias para obtener lo que quiere, un hombre al que todos llaman... Amo de la perversión. Reeves, está aquí y ahora la quiere a ella. Identificador 2108259036837 Fecha de registro agosto-2021 © Todos los Derechos Reservados
Las manos de ella, la traición de él, el imperio de ella

Las manos de ella, la traición de él, el imperio de ella

Mis manos eran toda mi carrera, la clave de mi vida como una de las modelos de manos más cotizadas de la Ciudad de México. Mi prometido, Rodrigo, me había sacado de un pueblo perdido para darme un mundo de glamour. Yo creía que se lo debía todo. Luego, su novia de la preparatoria, Carla, me hizo un tratamiento de "lujo" en su salón que me dejó las manos con quemaduras químicas devastadoras, destruyendo mi carrera de diez años de la noche a la mañana. Rodrigo lo llamó un "accidente" y la defendió. Me dijo que Carla estaba tan afectada que quizá tendría que acompañarlo en nuestra luna de miel a Los Cabos para sentirse mejor. En nuestra cena de ensayo, cuando Carla insinuó que yo misma me había lastimado para llamar la atención, Rodrigo me humilló públicamente por hacerla sentir mal. Su despedida de soltero resultó ser una cita privada con ella. Encontré el acuerdo prenupcial que quería que firmara: si nos divorciábamos, yo no recibiría nada. Pero el golpe final llegó la noche antes de nuestra boda. Mientras dormía, me tomó del brazo y susurró su nombre. —Carla... no te vayas. Entonces me di cuenta de que yo era solo un reemplazo, un cuerpo tibio en la oscuridad. Mi amor por él había sido una estrategia de supervivencia en el mundo que él construyó para mí, y finalmente me estaba asfixiando. A la mañana siguiente, el día de nuestra boda, no caminé hacia el altar. Salí por la puerta sin nada más que mi pasaporte e hice una llamada que no había hecho en quince años. Una hora después, iba de camino a un jet privado, dejando que mi antigua vida ardiera en cenizas a mis espaldas.
Un Amor Verdadero, Una Vida Nueva

Un Amor Verdadero, Una Vida Nueva

El olor a metal y sangre llenaba mis pulmones, la vida se me escapaba segundo a segundo. Frente a mí, a través del parabrisas destrozado, vi a mi prometido, Diego, sacar a la otra mujer, Sofía, del coche, susurrándole palabras de amor que nunca me dedicó. Ni una sola vez miró en mi dirección, ni una sola vez se preocupó por saber si yo, Elena, su prometida, seguía viva. En ese momento, una voz fría y mecánica resonó en mi cabeza: "[El papel de la antagonista, Elena, ha concluido. La historia principal puede continuar sin obstáculos.]". ¿Antagonista? ¿Mi vida entera, mi amor, mi dolor, no eran más que el papel de una villana en la historia de amor de otros? Los recuerdos me golpearon: mi devoción ciega por Diego, impulsando su carrera con la fortuna de mi familia, mientras él me usaba como una herramienta. Luego Sofía, la "dulce" diseñadora que se convirtió en su "amor verdadero", y yo en la villana, la celosa, la obsesiva Elena. Pero lo peor vino después del accidente: Diego me retuvo prisionera, tratando de forzarme a cooperar con su plan. Y entonces, con crueldad indescriptible, mató a Coco, mi inocente perro, golpeándolo con un jarrón, dejándome sola con su cuerpo inerte. Esa escena me abrió los ojos: mi vida entera era una farsa orquestada, y yo, un simple obstáculo en su "final feliz", destinada a la destrucción. "Se acabó", les dije a mis padres, mi voz rota, aferrándome a la vida de Coco. "Me voy de aquí. Me voy lejos de él". Ahora, con una segunda oportunidad, ¿podría reescribir mi destino y encontrar mi propia felicidad, lejos de una historia donde yo era la villana condenada?
Del Amor al Odio: Su Caída

Del Amor al Odio: Su Caída

Después de cinco años de matrimonio y de darle un hijo, por fin me daban la bienvenida a la poderosa familia Garza. La regla era simple: da a luz a un varón y entrarás en el fideicomiso familiar. Yo había cumplido mi parte. Pero en el despacho del abogado, descubrí que mi vida entera era una mentira. Mi esposo, Mateo, ya tenía una esposa registrada en el fideicomiso: Valeria Gómez, su novia de la prepa que supuestamente había muerto hacía una década. Yo no era su esposa. Era una sustituta, un reemplazo para producir un heredero. Pronto, la "muerta" Valeria vivía en mi casa, durmiendo en mi cama. Cuando rompió deliberadamente las cenizas de mi abuela, Mateo no la culpó. Me encerró en el sótano para "darme una lección". La traición definitiva llegó cuando usó a nuestro hijo enfermo, Agustín, como un peón. Para obligarme a revelar la ubicación de Valeria después de que ella fingiera su propio secuestro, arrancó el tubo de respiración del nebulizador de nuestro hijo. Dejó que nuestro niño muriera mientras corría al lado de ella. Después de que Agustín murió en mis brazos, el amor que sentía por Mateo se convirtió en un odio puro y gélido. Me golpeó junto a la tumba de nuestro hijo, pensando que podría quebrarme por completo. Pero se había olvidado del poder notarial que yo había deslizado en una pila de escrituras de arquitectura. Lo firmó sin pensarlo dos veces, desestimando mi trabajo como algo sin importancia. Esa arrogancia sería su perdición.
El Último Aliento de Sofía

El Último Aliento de Sofía

"¡Señor Guzmán, por favor! ¡Son sus hijos!", supliqué, arrodillada en el frío suelo de mármol. Estaba a solo un mes de dar a luz a mis gemelos, los hijos de Ricardo Guzmán, el hombre que amaba. Pero a su lado, con una sonrisa venenosa, estaba Camila Pérez, su protegida y la famosa influencer del momento. "Sofía, nos estamos deshaciendo de un par de 'malas vibras'", dijo Ricardo, su voz fría como el metal. Estas palabras resonaron en mi cabeza, la superstición estúpida de un charlatán de redes sociales que estaba a punto de destruir mi mundo. Ricardo me había tildado de infiel y de bruja, manipulado por un "gurú" pagado por Camila. Me arrancaron a mis bebés por la fuerza, dos pequeños cuerpos que nunca tuvieron la oportunidad de respirar. "¡No! ¡No son malas vibras, son nuestros bebés!", grité, mientras me arrastraban. Después, me sometieron a la tortura física y psicológica, arrodillada sobre un cojín de espinas, sintiendo cada punzada. "¡Ella te lo confesó! ¡Ella lo planeó todo!", grité, rogando por su cordura. Pero él me empujó, y Camila, la verdadera manipuladora, apareció con una incipiente barriga de embarazada, declarando que esperaba al "verdadero heredero" de Ricardo. Mientras la agonía me consumía y la conciencia se desvanecía, sus risas brindando por el "éxito" y la eliminación de la "mala vibra" resonaron en mis oídos. Me golpearon, me humillaron, me arrancaron el colgante de jade, el último vínculo con mis hijos. Me obligaron a firmar una confesión falsa, amenazando la vida de mi único amigo, Diego. Con mi último aliento, me aferré a lo único que me quedaba: el nombre de Diego. Sofía Rodríguez exhaló su último aliento, sola, en una habitación llena de los fantasmas de lo que podría haber sido. Pero algo había cambiado en Ricardo. La culpa lo devoró al descubrir la verdad.
Nuestro Amor, Nuestro Universo

Nuestro Amor, Nuestro Universo

Yo era Sofía, la prometida de Ricardo Valente, el rey del tequila, el sol de Jalisco. Nuestro amor era de cuento de hadas, de esos que salen en las revistas. Hasta el día de nuestra boda. Frente a doscientas personas, frente a su familia, frente a Dios, le dije que no. Y no solo eso: un video mío con su mayor rival, Diego de la Vega, apareció en las pantallas gigantes. Mientras el caos estallaba, mis cómplices transfirieron cada centavo de su fortuna a un paraíso fiscal. Le entregué a Diego los secretos de su nueva fórmula de tequila. Lo dejé en la ruina, emocional y financieramente. Vi la incredulidad en su rostro convertirse en un dolor que me heló la sangre. "Sofía, dime que es una broma. Dime que no es verdad" , suplicó, arrodillado. Me incliné, le arreglé el moño de su charro y le susurré: "Nunca te amé. Y por cierto, el hijo que esperaba no era tuyo" . Mentí. Mentí en todo. Pero él no lo sabía. Vi cómo la última luz de esperanza se apagaba en sus ojos y me fui sin mirar atrás. Cinco años después, una voz metálica resonó en mi cabeza: "Anfitriona Sofía, el periodo de exilio ha terminado." El sistema me obligaba a volver a Jalisco para reparar la relación entre Ricardo y Mariana, la heroína perfecta. ¿Y si me negaba? "Consecuencia del fracaso: Aniquilación." Así, mi vida de lujo y libertad terminó. La villana debía regresar a escena.
La Heredera y Su Revancha

La Heredera y Su Revancha

El resultado positivo de la prueba de embarazo temblaba en mis manos. Llevaba tres años casada con Mateo y este bebé era la pieza que nos faltaba. Decidí que era el momento de decirle la verdad: yo era Sofía Alarcón, la hija del magnate de los medios más poderoso de México, Don Ricardo. Mi padre, por mi insistencia, invertiría en su empresa para salvarla. Pero todo se desmoronó con un mensaje. Una foto. Mateo abrazando a su socia, Isabella. "Celebrando nuestro futuro juntos. Te amo, mi vida." Mi corazón se detuvo. Y luego él entró. "Quiero el divorcio," soltó. No solo me dejaba, sino que se casaría con Isabella, porque según él, ella era hija del Senador Ramírez. "¿Estás escuchando la locura que dices?" le grité. La rabia me consumió. Mi mano se movió. ¡PLAF! Le di una bofetada. En medio de la discusión, me empujó. Caí. Un dolor agudo. La sangre. Estaba perdiendo a mi bebé. Desperté en el hospital, mi madre a mi lado, sus lágrimas confirmando mis peores miedos. "Lo siento mucho, mi amor. El bebé…" Él me lo quitó. Él y esa mujer. Me arrebataron a mi hijo. "Van a pagar. Se lo juro. Voy a destruirles." Y así, con el dolor aún fresco, les envié un mensaje. "Estoy lista para firmar el divorcio. Encontrémonos en el registro civil en una hora. Trae a tu socia. Quiero que todo quede claro." Llegaron radiantes, ella embarazada. Mateo me reclamó: "¿Y el bebé?" "Lo perdí." "¡Sabías lo importante que era ese niño para mí! ¡¿Cómo pudiste ser tan descuidada?!" La ironía me quemaba. Firmamos los papeles. Y diez minutos después, se disponían a casarse. "Disculpe, señorita," dijo la funcionaria a Isabella. "Hay un problema con su acta de nacimiento. Aquí dice que su padre es Ricardo… Ricardo A." Yo sonreí. "Qué extraño. Mi padre también se llama Ricardo Alarcón. Y recuerdo que una vez mencionó haber puesto a la hija de una empleada en su registro para ayudarla. Una niña llamada Isabella… Isabella García." El pánico en sus ojos fue mi primera victoria. Y la venganza, apenas comenzaba.
El arquitecto de su propia ruina

El arquitecto de su propia ruina

Era una arquitecta de renombre, comprometida con Ricardo Montero, el político del momento en la Ciudad de México. Yo diseñé nuestra vida perfecta, y él estaba a punto de convertirse en Jefe de Gobierno. Entonces encontré un video en una carpeta compartida en la nube. Era de él, casándose con su jefa de campaña embarazada, hacía tres meses. Yo solo era un adorno para su imagen, una "novia de pantalla" que planeaba desechar después de las elecciones. Para mantenerme dócil, drogaba en secreto mis licuados diarios, haciéndome sentir aturdida y confundida. Provocó un incendio en el edificio que me hizo ganar un premio para arruinar mi reputación, y luego intentó encerrarme en un hospital psiquiátrico, alegando que había sufrido un colapso nervioso. Pero el golpe final vino de mi padrino. Descubrió que la manipulación de Ricardo comenzó hace siete años, cuando le pagó a alguien para que saboteara mi tesis universitaria, destrozando mi confianza solo para poder aparecer y ser mi salvador. Mi relación entera no era solo una mentira; era una jaula que él había diseñado desde el principio. Así que volé a Madrid y pasé seis meses con el equipo de producción de mi padrino. Creamos un documental de noventa minutos para exponer cada crimen, cada mentira. Y planeamos transmitirlo en vivo, interviniendo la señal de su mitin final la noche de las elecciones. Lo llamamos "El Arquitecto de Mentiras".
De Joven Pobre A Esposo Adecuado

De Joven Pobre A Esposo Adecuado

La vida me dio una bofetada sin mano, dejándome de la realeza a vendedora de bolsos de lujo, los mismos que antes compraba sin pestañear. Justo cuando pensaba que nada más podía sorprenderme, él, Mateo, el chico becado que solía seguirme con la mirada, cruzó la puerta de la tienda, transformado en un hombre imponente y millonario. Mi corazón traicionero empezó a latir desbocado, mientras sus ojos oscuros me analizaban con una sonrisa casi imperceptible. Aunque ahora era un poderoso magnate, para mí, seguía siendo el Mateo que, en la prepa, aceptaba mis almuerzos bajo el pretexto de ser "mi tutor" en un trato secreto inquebrantable. Pero nuestro secreto no duró: la envidia de la profesora de física y la crueldad de Raúl lo expusieron. Raúl, ciego de celos, lo golpeó brutalmente, y por protegerme, Mateo lo soportó todo en silencio para no perder su beca. "Si me expulsan, no puedo ir a la universidad. Y si no voy a la universidad... nunca podré darte nada", me dijo, mientras lo llevaba a rastras a la clínica de mi familia. Me destrozó ver cómo ese noble chico, que juraba protegerme, recibía golpes por mí, una "princesa" acostumbrada a que el mundo girara a su alrededor. Y yo, cegada por la ira y el dolor, usé la influencia de mi padre para destruir a Raúl, sin medir las consecuencias. Esa fue la última vez que le vi. Me fui a la universidad, esperando que me buscara, pero nunca lo hizo. Hasta que la vida nos golpeó, mi familia lo perdió todo, y yo me vi obligada a trabajar en una cafetería para sobrevivir. Un día, mi celular sonó y era su voz, profunda y madura, "Me enteré de lo que pasó. Lo siento tanto" , me dijo. De la nada, hizo una transferencia millonaria para ayudarme y, como en el pasado, no aceptó un "no" por respuesta. "Una vez me dijiste que era un trato. Tú me ayudabas con las tutorías, yo te pagaba con comida. Bueno, ahora el trato se invierte". Y así, de nuevo, nos conectamos en un torbellino de emociones y recuerdos. Hasta que una tarde, la campana de mi cafetería sonó y él apareció, de pie, más alto y delgado que nunca, con esa sonrisa tímida. "Vine solo para verte. Y para asegurarme de que estabas bien", susurró, mientras me abrazaba. "Voy a trabajar muy duro, Sofía. Voy a conseguir un buen trabajo, y voy a sacarte de aquí. Te lo prometo. Te daré una vida mejor." En ese momento, apareció Raúl, para burlarse de nuestro reencuentro, pero Mateo, con una calma aterradora, le soltó una verdad demoledora, "Con mi cerebro y determinación, construiré un futuro que con tu dinero heredado, jamás podrías imaginar" . Mateo se marchó, dejándome con la sensación de que, a pesar de todo, siempre lo elegiría a él. Años después, en esa misma tienda de lujo en la que trabajo, el destino irrumpió con Mateo. Me entregó bolsas y bolsas de bolsos de diseñador, y dijo, "Te espero afuera... súbete, tenemos mucho de qué hablar". En el coche, me reveló que su padre biológico, un magnate tecnológico, lo había encontrado y él, siendo su único heredero, había comprado la deuda de mi padre. Él había cumplido su promesa de darme una vida mejor, pero a pesar de la cercanía, mantenía una extraña distancia emocional, como si yo fuera solo un "proyecto de caridad". Frustrada y con el corazón en la mano, decidí salir con otro hombre, Carlos, para intentar borrarlo de mi cabeza. Pero Mateo no lo permitió, saboteando cada cita, demostrando ser un genio controlador con un lado posesivo aterrador. Hasta que, agotada, lo enfrenté: "Mateo, tú y yo solo somos amigos. Necesito que respetes eso". Él apareció en la puerta de mi casa, pálido y con los ojos rojos, y con la voz llena de un doloroso arrepentimiento, me confesó una verdad aplastante. "Te he amado desde el primer día que me hablaste en el salón de clases, Sofía. Te he estado perdiendo por mi estúpido miedo. No puedo... no puedo verte con otro". Me arrodillé con él, y entre lágrimas, le susurré, "Llegas diez años tarde... me has hecho sufrir como nadie, y te amo como a nadie" . Nos besamos, y me volví a sentir en casa. Nos convertimos en una pareja poderosa, y en nuestro primer aniversario, me pidió que me casara con él. Luego, en nuestra boda, Raúl apareció, y al intentar humillar a Mateo, lo derroté con una confesión que lo dejó pálido. El padre de Mateo reveló que él era el presidente y único heredero del imperio tecnológico en el que nos movíamos, dejando a Raúl humillado. De vuelta en su antigua casa, le dije: "No cambiaste tu destino, solo estuve aquí para verlo florecer". Y sellamos nuestro amor con un beso, sabiendo que nuestro "para siempre" era real y absoluto.