Ming Yue Zhang Die Sui Xin
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Libros y Cuentos de Ming Yue Zhang Die Sui Xin
El corazón que le robaron
Suspense Mi sótano olía a humedad y a desesperación.
Llevaba tres años encerrada aquí, desde aquel accidente que me dejó las piernas inútiles.
Hoy, mi esposo Ricardo estaba aquí.
Pero no para verme a mí.
Venía con Camila, la mujer que me había robado todo: mi nombre, mi carrera, mi esposo, y hasta a mi hijo.
"Ricardo, mi amor, ¿de verdad tienes que mantenerla aquí? Da un poco de miedo," dijo Camila con una voz falsamente dulce.
Él ni siquiera me miró.
"Es por tu bien, Cami. Aquí abajo no puede hacerte daño."
Me dijo que mi existencia era un fastidio.
Apreté los puños.
Querían mi corazón, para ella.
El Dr. Vargas, su cómplice, lo confirmó.
Estaba viva, pero solo hasta que fuera el donante compatible.
Al día siguiente, Pedrito, mi hijo, apareció.
"Mi mamá Camila dice que eres una mujer mala y que por eso vives aquí."
Con un grito de rabia, arrojó el plato de comida al suelo.
"¡Esto es para ti, bruja!"
Más tarde, Ricardo me soltó la verdad.
Mi enfermedad cardíaca congénita era un secreto que él usó para justificar mi encierro.
Todo era una farsa.
Una jaula para mantenerme "sana" hasta la cirugía.
"Lo único que te importa es su vida, no la mía," le dije.
Cerré los ojos, recordando nuestra propuesta, nuestro amor.
Éramos invencibles, creía yo.
Qué tonta fui.
"El amor que sentía por ti… se acabó. Ya no existe."
Vi una chispa de dolor en su rostro, pero rápidamente la ocultó.
Luego, el Dr. Vargas y dos enfermeros entraron.
Me ataron a la mesa de operaciones.
"No es anestesia. Es un relajante muscular. Ricardo quiere que estés despierta."
Sentí el frío metálico del bisturí.
Justo entonces, un grito rompió el silencio.
"¡PAPÁ, NO! ¡NO LA TOQUEN!"
Pedrito estaba en la puerta, sus ojos llenos de horror.
Ricardo quedó paralizado.
Mi corazón, exhausto, se rindió.
Mi alma flotó, observando la escena caótica.
Ricardo estaba arrodillado, sollozando.
Pedrito lloraba.
Un médico real reveló que mi cuerpo mostraba signos de tortura.
"Fui yo," susurró Camila, "yo quería que sufriera."
Ricardo se abalanzó sobre ella, con odio puro en sus ojos.
Volví a la vida, en un hospital real, con mi hermana Elena.
Flor, mi sobrina, necesitaba un trasplante de corazón.
Por ella, lo haría.
"Envíame de vuelta," le pedí al sistema.
Y regresé.
Ricardo torturaba a Camila, revelando su posesividad.
"Si ella no podía ser tuya, preferías tenerla rota y encerrada," gritó Camila.
Era tiempo de hacer mi entrada.
"Ricardo," dije. Mi voz era fuerte.
Él se congeló.
"¡Sofía! ¡Estás viva! ¡Sabía que no podías dejarme!"
Corrió hacia mí para abrazarme.
"No te acerques a mí."
Lo miré a los ojos.
"Quiero el divorcio."
Su alegría se hizo añicos.
"Tu amor es veneno, Ricardo. Y yo ya no quiero beberlo."
Me di la vuelta.
"Prepara los papeles del divorcio. Y prepara a los científicos de tu fundación. Tengo un trabajo para ellos."
Era dueña de mi destino.
Había vuelto para reclamar lo que era mío. Cíclo de Muerte
Xuanhuan Mi nombre es Sofía Romero, y esta es la historia de cómo morí.
No una, ni dos, sino incontables veces, a manos del Padre Mateo.
Él, el carismático líder de la Iglesia de la Renovación Divina, era el hombre más hermoso y cruel que jamás había conocido, mi misión obligatoria, la que el Sistema me asignó.
Decían que era para mi redención, una oportunidad.
Pero cada vez que fallaba, el tiempo se reiniciaba, volviéndome a un infierno donde me ahogó en la pila bautismal, me dejó morir de hambre, me envenenó, me apuñaló, me empujó desde las alturas.
Cada muerte era solo una "recalibración", un nuevo ciclo de tortura en el que ofrecí mi dignidad, mi dinero, mis amigos, todo por él.
Y lo peor, es que me dejé engañar, creyendo que esta vez, él me había mostrado amor, esa noche, en sus aposentos.
Pero al despertar, lo vi arrodillado ante una foto: Elena, su amada muerta.
"Su alma será el recipiente perfecto para ti", susurró.
No era amor por mí, sino anhelo por un cascarón vacío para su difunta.
Mi 99% de progreso era el 99% de mi destrucción, para convertirme en una vasija para otra.
El odio me quemó.
Encontré un joyero con mis propios restos: cabello, un diente, fragmentos de hueso, etiquetados como "pruebas".
Él no era un guía, sino un monstruo que coleccionaba pedazos de mis muertes.
El shock me hizo tropezar, alertándolo.
"¿Qué has visto?", siseó con mirada asesina.
Corrí, gritando al Sistema para que me sacara de allí.
Pero Mateo, rápido, gritó: "¡Sistema, reiniciar!".
El mundo se disolvió.
Desperté en la iglesia, y Mateo, con su falsa sonrisa, anunció: "Tu prueba final está por llegar".
El terror me invadió, hasta que vi a mi hermano Miguel, de catorce años, entrar, con la túnica de acólito.
"¡Hermana! ¡Voy a pasar por mi propia purificación!", exclamó, con inocencia.
Mateo sonrió, revelando su demonio.
Había encontrado mi debilidad.
No era mi salvación, sino la suya.
Mi alma rota encontró un nuevo propósito: salvar a Miguel de este monstruo.
La sonrisa de Mateo era veneno, pero ya no me paralizaba.
El mundo parpadeó de nuevo, no por mi voluntad ni la suya, sino por un error del Sistema.
Aparecí en una gala, desorientada, mientras Mateo presentaba a Miguel como el "nuevo alma pura".
Luego, sus ojos se posaron en mí.
"Donde hay luz, debe haber oscuridad".
Me arrastró, humillándome, abofeteándome frente a todos.
"Ella ya no es tu hermana. Es una cáscara vacía, corrompida por el pecado".
Me empujó al suelo.
Luego de meses de abusos, palizas, vejaciones, la gota que derramó el vaso fue, cuando uno de sus secuaces intentó abusar de mí.
Ahí, lo entendí.
"Gracias, Padre Mateo", le dije, sonriendo en medio de la lluvia.
La confusión en su rostro fue mi pequeña victoria.
Cerré los ojos y, con una claridad que nunca antes tuve, le dije al Sistema: "Quiero renunciar a la misión".
[Confirmando solicitud de abandono de misión. ¿Está segura? Esta acción es irreversible.]
"Sí. Estoy segura".
[Solicitud aceptada. El vínculo con el mundo objetivo se disolverá en 72 horas.]
Una inmensa esperanza me invadió.
Por primera vez, después de incontables vidas, veía una salida real.
Mateo me miraba, su furia y desconcierto palpables.
Y esa visión, me hizo sonreír.
Me arrojaron a un callejón. Sola. Herida.
Pero libre. O casi.
71 horas restantes.
Vi mi cara en las noticias: "Exacólita expulsada... por comportamiento errático y violento". Me habían convertido en la villana.
Y luego, el relicario en la pantalla: mis huesos, mis dientes, a subasta como "reliquias sagradas".
"Restos de una santa anónima, bendecidas por el Padre".
Iba a construir su imperio sobre mi dolor.
La misma sensación me invadió antes de que el Sistema me reiniciara.
Me doblegué, vomitando bilis.
No tenía nada.
Pero el contador en mi cabeza seguía corriendo.
65 horas. Tenía que sobrevivir.
En un callejón mugriento, dos matones me esperaban.
"El jefe dice que una mancha debe ser borrada por completo. Sin dejar rastro".
Me golpearon, una violencia fría y metódica.
Con una navaja, uno me cortó la mejilla.
"El jefe quiere que recuerdes esto. Quiere que tu cara refleje la basura que eres por dentro".
Sentí una costilla romperse.
Me golpearon una última vez en el estómago.
Dejé de luchar.
Una extraña calma me invadió.
Comencé a reír. Histéricamente.
Dejaron de golpearme. Me miraron como si estuviera loca.
Levanté la cabeza y miré a Mateo, que observaba desde la ventana.
"Gracias", dije, mi voz extrañamente firme.
"Gracias, Padre Mateo".
"Le deseo a usted y a su... nueva luz... toda la felicidad del mundo".
"Espero que consiga lo que tanto desea".
La confusión en su rostro fue mi pequeña victoria.
Me trasladaron a una cámara frigorífica. El "castigo del amor" que usaba Mateo para purificarme cuando no le obedecía.
Me obligó a copiar un libro sobre Elena, esa mujer que no era más que su obsesión.
"¡Mientes!", gritó, furioso cuando le recordé cómo murió Elena, en un "accidente de coche en verano", no "por hipotermia".
"Haré que Miguel venga aquí y lo haga por ti. Quizás el frío purifique su conexión impura contigo".
La amenaza con mi hermano me quebró.
Me arrodillé, mis heridas sangrando.
El veneno gélido, un dolor de mis vidas pasadas, se apoderó de mí.
Mateo sonrió, victorioso.
42 horas.
Desperté en un hospital, con Mateo ordenando que no gastaran "demasiados recursos" en mí.
Las enfermeras me trataron con desprecio.
Escuché que Mateo iba a "adoptar" a Miguel, a darle una vida "lejos de la mala influencia de su hermana".
La rabia me consumió.
Esa noche, Mateo regresó, arrojando papeles sobre la manta.
"Firma esto. Es una confesión de tus crímenes y una renuncia a tus derechos. Te alejas de mi vida y de la de Miguel para siempre".
En esta simulación, me hacían desaparecer.
"Elena no era mi amor perdido. Era la científica jefe de este proyecto. Y tú... eras su hermana menor, una simple técnica de bajo nivel".
Los recuerdos borrados del Sistema comenzaron a regresar.
Yo, en un laboratorio. Elena. Un accidente.
"Secuestré a sus científicos. Los obligué a conectar tu mente en coma a esta simulación, un mundo que diseñé para ti".
"Miguel... fue una construcción para mantenerte atada".
Todo mi mundo era una farsa.
Me arrastré, simulando locura, me golpeaba la cabeza, gritaba "¡Gusanos en mi cabeza!".
Mateo me miró con horror.
"Miguel y yo... vamos a traer una nueva vida a este mundo. Un alma pura, concebida en la fe y el amor".
El insulto final.
"Como última lección de obediencia", susurró, "bésame los zapatos".
Me acerqué, no para besar, sino para morder su tobillo.
"¡Sistema. Ejecutar salida ahora!".
[Cuenta regresiva finalizada. Desvinculación completa.]
El mundo se disolvió.
Lo último que vi fue el rostro de Mateo, contorsionado por el shock.
"Este es mi último regalo para ti, Mateo", pensé. "Un mundo sin mí".
En el mundo real, me recuperé de un coma.
Mi vida era normal. Conocí a David.
Nos casamos.
Tuve un hijo, Leo.
Pero las sombras persistían.
Una noche, la voz robótica resonó: [ALERTA DE EMERGENCIA. MUNDO OBJETIVO 734 AL BORDE DEL COLAPSO TOTAL.]
[AGENTE S-218, SU PRESENCIA ES REQUERIDA INMEDIATAMENTE.]
Mi cuerpo comenzó a volverse transparente.
[La recuperación forzosa no es opcional.]
El mundo se disolvió.
Estaba de vuelta en el santuario de la iglesia, en ruinas.
Mateo, demacrado, se cortaba mi nombre en el brazo.
"Sabía que volverías", dijo riendo.
"¡Yo lo recuerdo todo, Sofía! ¡Cada reinicio! Fingí no recordar para ver hasta dónde llegarías".
"El Sistema no me creó para ti. Yo secuestré el Sistema para traerte a ti."
Miguel era un pilar digital.
"¡Me estoy digitalizando, Sofía! ¡Así podré seguirte a donde quiera que vayas!".
El mundo se acabó.
Desperté en mi cama. La vida continuó.
Años después, acostando a Leo, lo vi.
Una figura translúcida de pie en la esquina de la habitación.
Mateo. O lo que quedaba de él.
[Sofía... lo siento... estoy tan solo...].
"Eso es lo que querías, ¿no, Mateo?", dije. "Estar conmigo para siempre".
"Aquí te quedarás. Solo. Atrapado en tu propia obsesión, observando una vida que nunca podrás tocar".
Me di la vuelta.
Finalmente, verdaderamente, era libre.
El fantasma en la máquina nunca más volvería a tocarme. Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato
Romance El aire de la fiesta era denso, olía a perfume caro y a tequila reposado, un aroma que Sofía Romero no conocía.
Se sentía fuera de lugar con su vestido sencillo, mientras su esposo, Diego, la conducía hacia sus imponentes padres.
"¿Esposa? Diego, este juego tuyo ha durado demasiado. Ya es hora de que recuerdes quién eres. Eres un Alcázar" .
La mención de 'Alcázar', la dinastía del tequila, le heló la sangre. Miré a Diego, buscando al carpintero que amaba, pero solo encontré a un extraño de ojos fríos.
"¿Qué está pasando, Diego?" , susurré.
"Se acabó, Sofía" , dijo él, sin una pizca de emoción. "Tuve un accidente hace cinco años. Perdí la memoria. Vivir como un pobre carpintero fue… una experiencia. Pero ya he recordado todo. Mi lugar no es contigo" .
La mentira era tan descarada, tan cruel, que me quedé sin aliento. Un nudo se formó en mi garganta.
Recordé haber vivido esto antes, en otra vida, rogando y humillándome solo para ser desechada. Abandonada con mi hijo Mateo, viendo cómo él se casaba con otra, hasta que la muerte fue un alivio.
Pero esta no era esa vida. No sería la víctima. Esta vez no habría lágrimas.
"Acepto" , dije, mi voz sorprendentemente firme.
"Ya no te necesito. Diez millones de pesos. Firma los papeles del divorcio y desaparece de mi vida" .
Su madre, Doña Elena, añadió como veneno: "Es más dinero del que tu familia ha visto en generaciones. Y no te atrevas a decir que llevas a un hijo de Diego en tu vientre. Nos aseguraremos de que eso no suceda" .
La crueldad era casual, natural para ellos. En mi vida pasada, me habría destrozado. Ahora, solo alimentaba mi resolución.
Miré a Diego, a aquel que me había destruido una vez, y tomé una decisión. Caminé con la cabeza en alto, dejando esa vida falsa.
El aire fresco de la noche llenó mis pulmones. Era el primer aliento de mi nueva vida, una que construiría lejos de su veneno.
Cuando Diego y su nueva prometida, Camila del Valle, me visitaron para asegurar que entendiera los términos de la separación, mi hijo Mateo, ya manipulado, me lanzó un juguete que me cortó la frente.
"¡Tú eres mala!" , me gritó Mateo. "¡Cami dice que por tu culpa papá estuvo perdido! ¡No te quiero!"
La última brasa de amor se extinguió. Ese fue el momento.
"Lárguense de mi casa" , dije, mi voz como acero.
Cerré la puerta detrás de ellos, y no lloré. El pasado se rompía por completo, dejándome libre.
En el aeropuerto, el destino me jugó una última mala pasada: Diego, Camila y Mateo, rumbo a un jet privado.
Diego me humilló frente a un viejo amigo. "¿Te vas a España? ¿Con mi dinero? ¿A encontrarte con algún otro muerto de hambre?" .
Me solté de su agarre. "Tu dinero es lo único decente que he sacado de ti. Tú y yo no somos nada" .
Mateo, apegado a Camila, exclamó: "Mi mamá es Cami" .
Me libré de él. Dejé el pasado atrás. Estaba lista para nacer de nuevo. Le puede gustar
Más Allá de la Traición: Su Ascenso
Shu Daxiaojie Después de tres años en la cárcel por un asesinato que no cometí, mi esposo, Alejandro, me esperaba en las puertas del penal. Él era el cónyuge perfecto y devoto que me apoyó en todo, prometiéndome un nuevo comienzo.
Pero cuando abrió la puerta de nuestra casa, mi nuevo comienzo se acabó. De pie en el vestíbulo estaba Katerina, la amante por cuyo asesinato me condenaron.
—Ahora vive aquí, Alondra —dijo, sin siquiera mirarme.
Me lo confesó todo. Los tres años que pasé en el infierno no fueron un error; fueron una "lección" para enseñarme a no cuestionarlo. Me había dejado pudrirme en una jaula mientras él construía una vida con la mujer que me puso allí.
Luego, me echó de la casa que yo misma ayudé a diseñar.
El hombre que amaba no solo me había engañado. Había sacrificado mi libertad, mi cordura y mi vida solo para ponerme en mi lugar. La traición fue tan absoluta que rompió algo profundo dentro de mí. La mujer que salió de la cárcel esa mañana ya estaba muerta.
En la habitación de un motel de mala muerte, le susurré a la otra persona que mi mente había creado para sobrevivir al trauma: "Ya no puedo más. Te puedes quedar con esta vida. Solo... haz que paguen".
Cuando volví a mirarme en el espejo, el reflejo que me devolvía la mirada no era yo.
—No te preocupes —dijo una nueva voz—. Mi nombre es Aja. La Vida Mentirosa: No perdonaré Nunca
Gong Zi Qian Yan Introducción
Durante siete años, viví una farsa, creyendo ser la amada prometida de Máximo Castillo y la madre feliz de Leo.
Mi rostro no era mío, mis recuerdos eran falsos; era la copia de una mujer muerta.
Pero la mentira estalló en pedazos cuando la verdadera Sofía Salazar regresó en medio de una fiesta.
Mi hijo, Leo, con la inocencia de sus siete años, la señaló y dijo: "Mamá, esa mujer no eres tú".
El pánico se desató, Sofía cayó a la piscina, y Máximo, con una furia incomprensible, arrastró a nuestro hijo al borde.
Él, que tenía un miedo terrible al agua, fue arrojado sin piedad al fondo.
Lo saqué inerte, mientras Máximo consolaba a Sofía, y la televisión anunciaba que él celebraba su "séptimo aniversario" con ella.
En ese instante, algo se rompió en mi cabeza y la verdad me golpeó como un aluvión: mi nombre era Lina Garcia, y Leo era el hijo de una violación atroz, no de un amor idílico.
Máximo no solo me había engañado, sino que al enterarse de la muerte de Leo, se burló, arrojó sus cenizas al suelo y me mostró un informe falso de ADN, golpeándome brutalmente.
¿Cómo pude amar, o creer que amaba, a un monstruo capaz de tanto horror?
Pero el destino tenía otros planes; los secretos finalmente salieron a la luz.
Su tía Isabel reveló la verdad en su funeral: Leo era su hijo biológico, el ADN había sido falsificado por Sofía, y la misma Sofía había manipulado la medicación de su madre.
Además, la herencia de Máximo, su imperio vinícola, ahora me pertenecía a mí.
Con el dolor aún fresco, tomé mi lugar para desmantelar su imperio de mentiras y asegurar que cada uno pagara por sus crímenes.
La sumisa "Sofía" había muerto con su hijo, y Lina Garcia, la verdadera Lina Garcia, se levantaría de las cenizas para reclamar justicia y su propia vida. La Historia de los Asesinos
Chen ziluo Era viernes por la tarde, un día que prometía la alegría habitual con mi hija.
Mis suegros se llevaron a Luna, y una premonición me oprimió el pecho.
Ricardo, mi esposo, desestimaba mis temores con condescendencia.
«¡Estás exagerando!», me dijo.
Pero su paciencia se quebró cuando le pedí que la trajera antes.
Entonces, soltó esa frase mortal, casi como un pensamiento secundario.
«Además, Isabel también irá. Ayudará a cuidarla».
Isabel, esa mujer que mi esposo admiraba de forma inapropiada.
La traición me golpeó como un rayo, la cena se volvió cenizas en mi boca.
Las excusas de mis suegros al día siguiente, evitándome hablar con mi niña, solo alimentaron mi pánico.
«Está durmiendo», decían, y el clic del teléfono al colgar resonaba como un disparo.
La presa se rompió; grité a Ricardo: «¡Me están mintiendo!».
Pero él defendió a su familia, a Isabel.
«¡Cálmate de una vez! ¡Estás haciendo un escándalo por absolutamente nada!».
Me sentí sola, atrapada en una pesadilla.
Tomé el teléfono y, al llamar a Ricardo, escuché su risa cómplice con Isabel.
«Tu esposa es tan intensa», dijo ella.
Y él respondió: «Déjala. Ya se le pasará el berrinche. Está loca».
El mundo se detuvo, el dolor era insoportable, pero Luna era lo único que importaba.
«¿Dónde está mi hija?».
«Está… con mis padres. Ya te lo dije. Deja de molestar», me interrumpió y colgó.
Corrí a la policía, pero mis ruegos fueron en vano; dijeron que era una "disputa familiar" .
Luego, una llamada del hospital: «Accidente… Luna Patterson».
Corrí sin aliento, solo para encontrar un pequeño cuerpo bajo una sábana blanca, con su pulsera de listones.
Ricardo, pálido, me gritó: «¡Tú tienes la culpa!».
Ese fue el final.
Mi dolor se transformó en rabia; la bofetada resonó en la morgue.
La cámara de seguridad falló en el momento crucial, y mi suegra había autorizado la cremación.
«¿Cómo pueden cremar a un niño sin la firma de ambos padres?».
Entonces, recordé el bolso de Luna en el coche de Ricardo; Isabel tenía los documentos de mi hija.
Esto no fue un accidente.
Yo me encargaría de que él y los suyos pagaran. Venganza Perfecta: Amor Falso
Yi Xiaoxin Mi teléfono sonó con urgencia, la voz agitada de mi asistente confirmaba que algo terrible había pasado.
"Señor Alejandro, tiene que venir al club... Es... es Camila..."
Un grito desgarrador, seguido de golpes sordos, me heló la sangre.
Corrí al Club, las sirenas ya se escuchaban a lo lejos.
Adentro, el caos; mesas volcadas, botellas rotas. Y en la sala VIP, un hombre yacía golpeado y ensangrentado.
En el centro de todo, Camila, con su vestido empapado en sangre, una botella rota en la mano y una mirada salvaje.
Justo cuando entré, blandió la botella de nuevo, lista para un golpe más.
"¡Camila!" , le grité.
Ella se detuvo, como despertando de un trance.
"Alejandro…", susurró con una sonrisa extraña. "Quería tocarme… Dijo que tú ya no me querías".
De repente, se lanzó hacia el hombre, pateándolo brutalmente.
Todos contuvieron el aliento, mientras ella me miraba con una devoción enfermiza.
"Nadie puede hablar mal de ti, mi amor" .
Siempre había sido mi "Camila la Loca" , mi sombra, la que se arrastraba por mí.
Pero la verdad era más oscura. No era yo a quien ella amaba, sino a Eva, mi hermana desaparecida.
Camila se había convertido en mi perfecta obsesión, la imagen viva de Eva, y yo, ciego, la había usado.
Ella me había permitido creer que era mi juguete, mi perra faldera, la mujer que mataría por mí.
Incluso cuando Sofía llegó y la humillé públicamente, la vi arrodillarse, y fingir devastación.
Todo era una actuación.
Una trampa, una venganza fría y calculada.
Pero ¿por qué? ¿Qué había detrás de esa mirada, ese odio oculto?
Ahora lo sé. Y mi imperio de mentiras ha caído.
Ella lo planeó todo, cada paso, cada lágrima.
Y yo, el depredador, fui su presa.
Porque la "loca" de Camila nunca me amó.
Y yo nunca supe con quién estaba tratando realmente. El Beso de la Víbora: La Venganza de una Esposa
Liu Jia Bao Er La llamada entró en el día más caluroso del año. Mi hijo, Leo, estaba encerrado en un coche hirviendo por culpa de la hermanastra de mi esposo, Sofía, mientras mi marido, Mateo, se quedaba de brazos cruzados, más preocupado por su Mustang clásico que por nuestro hijo, que apenas estaba consciente.
Cuando rompí la ventanilla para salvar a Leo, Mateo me obligó a disculparme con Sofía, grabando mi humillación para exhibirla públicamente. Pronto descubrí su escalofriante secreto: se casó conmigo solo para poner celosa a Sofía, viéndome como nada más que una herramienta en su juego retorcido.
Con el corazón destrozado, solicité el divorcio, pero su tormento se intensificó. Me robaron mi empresa, secuestraron a Leo e incluso orquestaron una mordedura de serpiente venenosa, dándome por muerta.
¿Por qué me odiaban tanto? ¿Qué clase de hombre usaría a su propio hijo como un peón, y a su esposa como un arma, en una farsa tan cruel?
Pero su crueldad encendió una furia helada dentro de mí. No me romperían. Iba a contraatacar, y les haría pagar. Ceguera Parental: Mi Último Aliento
Bao Fu Ya Ya Soy un fantasma, suspendido sobre mi propio cadáver.
Mi padre, el mejor detective de la ciudad, y mi madre, la forense más respetada, no saben que este cuerpo desfigurado tendido en un callejón es Ricardo, su único hijo.
El hombre que me asesinó se reía, su aliento apestaba a alcohol y a una venganza añeja, exigiendo un dolor inolvidable a mi padre.
En ese instante de terror, cuando la sangre me ahogaba y mis ojos y lengua habían sido arrancados, mi celular sonó.
Era mi padre, impaciente y molesto, "Ricardo, ¿dónde demonios estás? El partido de tenis de Miguel está por empezar."
Solo pude emitir un gorgoteo ahogado, "¡Papá, ayú…!" , antes de que colgara, regañándome por ser egoísta y no pensar en Miguel, su hijo adoptivo perfecto.
Mi asesino se rio con una carcajada infernal mientras la última gota de esperanza se me escapaba.
Ahora, mis padres examinan mi cuerpo en la escena, dictando órdenes con distancia clínica, mi madre incluso toca el anillo que les di de aniversario, pero no me reconoce.
Para ellos, soy un "John Doe" , un caso más, un "lío" , mientras colman de orgullo y amor a Miguel, felicitándolo por su campeonato.
Escucho su hartazgo por mi "irresponsabilidad" y me pregunto si existí en sus corazones, o solo fui un recordatorio de un trauma que preferían olvidar.
Mi propio padre maldijo mi existencia, deseando que me pasara algo, justo cuando yo moría.
En la morgue, mi madre pasa junto a mi cuerpo casi con ternura, tocando mi cicatriz de la infancia, pero solo dictando: "Cicatriz antigua, probablemente de la infancia" .
La esperanza se desvanece; soy una pista anónima.
El papel que se encuentra en mi estómago, una lista de compras que hice para ellos, y el farmacéutico que me reconoció, revelan la verdad.
Mis padres se paralizan; las palabras del forense resuenan: "La víctima es Ricardo."
Mi padre suelta el auricular, su negación se desmorona; mi madre se aferra al anillo, el grabado de "Mamá y Papá" revela la devastadora verdad.
En la morgue, sus lágrimas caen sobre mi cuerpo, sus súplicas de perdón llenan el vacío.
Observo a Miguel, mi hermano adoptivo, actuando su dolor, mientras mis padres defienden su "perfección".
Pero mi tía Elena ve la verdad, y mi padre descubre mi diario, las pistas de Miguel.
Finalmente, en la premiación de Miguel, la verdad explota.
Mi padre lo detiene, el criminal confiesa la traición de Miguel, revelando su odio y celos.
Miguel, con su máscara caída, grita su confesión, destruyendo a mis padres.
Mi padre renuncia, mi madre se quiebra, susurrando mi nombre en el hospital.
Mi rabia se disipa; solo queda tristeza.
El eco de mis palabras vacías resuena: "Si tan solo me hubieran visto antes." La Venganza de la Heredera Renacida
Yu Xin El sabor amargo de la sidra barata se mezclaba con el veneno en mi garganta.
Caí al suelo de la sidrería, mis pulmones luchaban por aire. Lo último que vi fue el rostro de Valentina, mi compañera de piso, mi amiga.
En sus ojos no había pánico, solo una fría satisfacción. Me había asesinado.
Todo por envidia. Por mi apellido, por mi vida, por todo lo que yo, Sofía Soler, inconscientemente le había arrebatado. Y antes de que mi mundo se oscureciera, vi a Javier, el chico que me gustaba, de la mano de ella.
¿Cómo pudo hacerme esto? ¡Yo solo quería vivir mi vida! ¿Por qué fui tan ciega?
Pero entonces, abrí los ojos. Estaba en mi cama. El calendario marcaba el día de mi muerte. Y allí estaba ella, ¡Valentina, como si nada! Esta vez, el veneno no sería para mí. El Chat Encriptado y Secreto
Yi Shi Mi amigo me metió en un chat encriptado, "Pasión Brava". Al principio creí que era de toros, de los de verdad, pero lo que vi me revolvió el estómago: peleas clandestinas, sangrientas, por dinero. Mucho dinero.
Quise salir de inmediato, pero entonces un anuncio me heló la sangre: "Próximamente, el duelo a muerte definitivo". En el video, una marca de plata en el lomo de un toro me destrozó el alma. Era la P y la L entrelazadas que diseñé para Lina, el regalo de nuestro aniversario.
Mi esposa, mi dulce Lina, ¿involucrada en esto? Las sospechas se volvieron una pesadilla. Contraté a un detective y las fotos que recibí me hirieron hasta lo más profundo: Lina riendo con otro hombre, entrando a un hotel boutique. No solo la traición era doble, sino que al intentar confrontarla, un mensaje en el chat confirmaba mis peores miedos: "Nuestra proveedora informa que su marido empieza a sospechar. Si se convierte en un problema, habrá que solucionarlo."
Sabía lo que significaba ese "solucionarlo" . El miedo me paralizó, pero no podía permitirlo. Rastree a Lina, la encontré en un matadero abandonado, el mismo donde entregarían al toro. Fui directo a enfrentarla, a pedir explicaciones. Pero justo cuando iba a entrar, un golpe seco y eléctrico me dejó inconsciente.
Desperté solo, en medio de la nada, sin nada. Cuando llegué a casa, Lina me recibió con la misma sonrisa de siempre, fingiendo preocupación. ¡Se acabó el teatro! Le grité, saqué las fotos, la confronté con la marca y el matadero. Su rostro palideció, pero entonces, susurró una verdad que me dejó helado: el hombre era su hermano, y el diseño de la marca fue la carnada perfecta en una venganza que llevaban años planeando.
¿Una venganza? ¿Yo solo un peón en su juego? Mi vida se había convertido en un infierno por estos monstruos. Pero al ver el fuego en sus ojos, la determinación en su voz, supe que era hora de que pagaran. "De acuerdo," le dije. "Lo haré." La Esposa Abandonada, El Arrepentimiento del Multimillonario
Blake Finch Mi vuelo de aniversario estaba a punto de abordar cuando apareció Carla, la asistente de mi esposo, con el rostro bañado en lágrimas, suplicándome que le diera mi boleto porque su madre supuestamente se estaba muriendo. Era absurdo, pero le dije que buscara otra forma, sin saber la trampa en la que estaba cayendo.
Cuando llegué a casa, mi esposo, Leonardo, me confrontó, acusándome de abandonar a Carla. Luego me ofreció un vaso de agua que, sin que yo lo supiera, estaba drogada. Desperté sola, varada en un desierto abrasador, con el sol como un infierno ardiente sobre mí.
Un helicóptero apareció en el cielo. Vi a Leonardo con Carla, quien sostenía un teléfono, transmitiendo en vivo mi tormento con el hashtag #AriCaminaElDesierto. Se jactaron de la supuesta bancarrota de mi familia y me ordenaron que me disculpara con Carla. Cuando me negué, los guardaespaldas de Leonardo me quitaron los zapatos, dejándome descalza sobre la arena ardiente, donde luego arrojaron clavos oxidados frente a mí.
Me obligué a caminar, con los clavos perforando mis pies, dejando un rastro de sangre. El médico a bordo gritaba que estaba perdiendo demasiada sangre, pero a Leonardo no le importó. Luego, un saco de víboras de cascabel, las más venenosas del desierto, fue arrojado en mi camino, atacando mi miedo más profundo.
Me quedé helada, paralizada por el terror, mientras una víbora se deslizaba hacia mí y me mordía la pantorrilla. El médico gritó pidiendo el antídoto, pero Carla "accidentalmente" tiró el frasco, haciéndolo añicos. Leonardo, más preocupado por su orgullo y la transmisión en vivo que por mi vida, exigió que me disculpara con Carla y con la cámara por su "espectáculo".
—Nunca —grazné, negándome a darle esa satisfacción. Justo cuando los guardaespaldas de Leonardo me obligaban a ponerme de rodillas, un helicóptero de grado militar descendió del cielo.