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El olor a humo seguía quemándome la garganta, los gritos de mi familia resonaban como un eco infernal. Fue en ese momento cuando mi esposa, Elena, sonrió triunfante desde la pantalla de plasma gigante, radiante junto a Ricardo, su amor de la infancia y ahora chef emergente. "Vamos a ser padres", anunciaron, y la ovación del público resonó mientras mi mundo, mi existencia, se desmoronaba por segunda vez ante mis propios ojos. La humillación pública, la traición de siete años de relación: ¿cómo era posible revivir esta pesadilla una vez más? Pero esta vez, no habría fuego. No me consumiría la furia. Me levanté lentamente y, en medio del aplauso de la audiencia, yo también empecé a aplaudir.
El olor a humo seguía quemándome la garganta, los gritos de mi familia resonaban como un eco infernal.
Fue en ese momento cuando mi esposa, Elena, sonrió triunfante desde la pantalla de plasma gigante, radiante junto a Ricardo, su amor de la infancia y ahora chef emergente.
"Vamos a ser padres", anunciaron, y la ovación del público resonó mientras mi mundo, mi existencia, se desmoronaba por segunda vez ante mis propios ojos.
La humillación pública, la traición de siete años de relación: ¿cómo era posible revivir esta pesadilla una vez más?
Pero esta vez, no habría fuego. No me consumiría la furia. Me levanté lentamente y, en medio del aplauso de la audiencia, yo también empecé a aplaudir.
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Urban romance
En el vibrante mundo virtual de "Sueño de Mariachi", donde millones se sumergían, yo, Sofía Rojas, encontré mi refugio detrás de un avatar esquelético y poco agraciado, "La Calavera Alegre", buscando ser valorada por mis habilidades y no por la apariencia que tanto me agobiaba en la vida real. Mi ansiada paz se hizo añicos cuando el regreso de Isabella, el primer amor de Héctor Morales (El Charro de Oro, el jugador más famoso y mi pareja en el juego), expuso la cruda verdad: mientras yo le entregaba mi talento y mi corazón, él construía un juego entero para ella. La humillación pública fue instantánea e ineludible; fui despojada de mi puesto de liderazgo en el gremio que ayudé a construir, acusada de ladrona por tomar mis propios bienes y expulsada frente a millones de jugadores, con Héctor y el mundo celebrando el "triunfo" de Isabella. Sentí una profunda incomprensión y un dolor desgarrador: ¿cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude entregarme a alguien que me llamó "conveniente", una "herramienta" que solo servía para mantener una imagen mientras esperaba a su "verdadero amor"? Pero las lágrimas se secaron y dieron paso a la rabia; la verdadera humillación no fue la suya, sino mi propia ceguera. Ese día, me prometí que el juego apenas comenzaba, y que mi venganza sería un platillo que se serviría frío, en la arena más grande de todas.
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Romance
Siete años de risas, cenas y planes susurrados en la oscuridad, en los que mi mayor sueño era organizar mi propia boda. Pero cada vez que mencionaba el matrimonio, Rico, el hombre con el que había construido mi vida, tenía una excusa. Hasta ese día, cuando lo vi en la prueba de una boda que yo misma supervisaba, del brazo de otra mujer: Sofía Reyes, su exnovia universitaria. El aire se me escapó de los pulmones. Rico se acercó, pálido, intentando convencerme de que solo estaba "ayudando a una amiga", pero la mentira era obvia. La humillación se volvió insoportable cuando me pidió que le "prestara" a Sofía mi diseño de boda soñada, el que guardaba con cariño desde hace cinco años. "Es solo un diseño, tú puedes crear mil más", me dijo, sin saber que cada trazo de ese cuaderno era un pedazo de mi alma, un sueño que yo, la planificadora de bodas más solicitada de la Ciudad de México, luchaba por mantener vivo. Lo peor llegó cuando reveló la verdadera razón detrás de su petición: "Para ti es fácil, puedes crear mil más. Para ella, esto lo es todo. No seas egoísta". ¿Egoísta yo? ¿Por aferrarme a un sueño mientras mi propia vida se desvanecía? Poco después, recibí una noticia devastadora: "Cáncer de pulmón en etapa cuatro". Con el corazón roto y el cuerpo débil, decidí que no tenía fuerzas para seguir luchando por un amor que me había abandonado. Le dije a Rico lo del cáncer. Su reacción fue una mezcla de incredulidad superficial y la promesa vacía de siempre, mientras seguía priorizando a Sofía. En ese momento, comprendí que nuestra relación no solo estaba estancada, estaba muerta. La noche de la boda de Sofía, un antiguo amigo de Rico me reveló la verdad: ese "sueño robado" siempre había sido para Sofía, y él, Rico, la había esperado durante siete largos años. Mi mundo se hizo añicos por completo. Me fui, pero Rico me esperó en el apartamento, furioso. Entonces hizo lo impensable: se arrodilló, con un ostentoso anillo de diamantes, pidiéndome matrimonio. "No, Rico", respondí. Le revelé que había escuchado su conversación con Sofía, y cómo su "amor perdido" había siempre sido su prioridad. Cuando me encontró vomitando sangre, leyó el informe médico: "Cáncer de pulmón en etapa terminal. Pronóstico: de tres a seis meses". Su arrepentimiento y sus súplicas llegaron demasiado tarde. "Mi corazón ya no siente nada por ti, Rico. Se murió. Tú lo mataste mucho antes de que este cáncer tuviera la oportunidad". Mi vida se desvanecerá en sus brazos, pero al menos mi último aliento será de paz, no de dolor.
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Moderno
La noche en que mi esposa dio a luz, el aire del hospital olía a una mezcla extraña de antiséptico y la felicidad que creía mía. Pero la voz de mi esposa, Clara, clara y nítida, rompió la ilusión: "Alfonso, di a luz a gemelos de padres diferentes. El que tiene una marca de nacimiento en el hombro es tu hijo, el otro es de mi esposo." El mundo se detuvo. Mi madre, a mi lado, se desplomó, víctima de un infarto masivo, todo por la traición que acababa de escuchar. En un instante, mi alegría de ser padre se pulverizó en la ceniza amarga de ser un hijo huérfano. Mi teléfono vibró con un mensaje de Clara: "Solo me llevaré a un niño, el hijo de Alfonso. El otro te lo dejaré a ti. Considéralo una compensación." ¿Compensación por destruir mi vida? Mi madre muerta, mi esposa y un bebé desaparecidos con su amante, y yo, abandonado con el niño que era la prueba viviente de mi traición. Semanas después, mi tragedia personal se convirtió en el chisme de la oficina. Luego, el golpe final: Clara nombró a Alfonso como líder de mi proyecto, humillándome públicamente. La injusticia me asfixió, pero por mi hijo, me aferré. Luché hasta el colapso, terminando de nuevo en el hospital. Al regresar, mi trabajo, meses de esfuerzo, había desaparecido de mi computadora. Corrí a la sala de juntas y vi a Alfonso presentando mis diapositivas como suyas. Clara, en pantalla, lo defendió, tildándome de mentiroso. Algo dentro de mí se rompió. "¡Mientes!", le grité, abalanzándome sobre Alfonso. Mi puño conectó con su mandíbula. El caos estalló. Los guardias me arrastraron. "¡Está despedido!", gritó Clara. Pero me quité el gafete, lo lancé al escritorio y dije, con una calma que no sentí: "No puedes despedirme. Renuncio." Luego, mirando a Alfonso: "Y quiero el divorcio. Inmediatamente." En ese momento, en medio del desastre, sentí una extraña liberación. La pesada carga se aligeró. Me había perdido a mí mismo, pero acababa de recuperarme.
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Suspense
El funeral de mi padre, un respetado guitarrista de flamenco, era un día de dolor y silencio en Sevilla. Mientras ajustaba su camisa blanca en el ataúd, una fina cicatriz roja en su pecho me heló la sangre: era quirúrgica y fresca. Mi padre murió en un accidente, sin tiempo para cirugías. La verdad llegó con un mensaje de texto brutal: "El corazón de tu padre fue donado. Consentimiento firmado por Mateo Vargas, familiar más cercano". Mateo, mi prometido de seis años, el hombre por quien lo dejé todo, había entregado el corazón de mi padre a Carmen, mi mejor amiga. «Carmen lo necesitaba», dijo él con descaro, «su corazón estaba fallando y lleva a mi hijo en su vientre. Necesitaba ese corazón para sobrevivir». Mi mundo se hizo pedazos: mi padre, mi prometido, mi amiga... todo era una mentira, y él pretendía que aceptara a su bastardo. Cuando cancelé la boda, su respuesta fue arrastrarme y arrojarme a la oscura y asfixiante bodega, la peor de mis pesadillas. Emergí, empapada y cojeando, solo para escucharlos burlarse de mí y su promesa de que "dependerá de mí y aprenderá". La humillación hirvió en mis venas, pero la impotencia de la justicia "normal" me asfixiaba. Un solo número brilló entonces en mi mente, uno que juré jamás volver a marcar. Javier, el Patriarca, el hombre al que había abandonado por Mateo, era mi única esperanza, aunque el precio fuera un juramento de boda que cambiaría mi destino para siempre. «Me casaré contigo», le respondí, mi voz firme, mientras la oscuridad de la habitación de mi padre sellaba el pacto.
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Xuanhuan
Mi vida en Las Lomas de Chapultepec era la envidia de muchos, un santuario de lujo y paz. Hasta que Máximo, el hijo de nuestro chófer, irrumpió en mi vestíbulo, no solo con una arrogancia desmedida, sino acompañado de una chica desconocida, Luciana. Pero lo más impactante no fue su audacia: fueron las líneas de texto dorado que de pronto flotaron ante mis ojos, revelando un oscuro secreto. Era una "villana" destinada a un final miserable; ellos, los "héroes" renacidos, que usarían a mi familia y su fortuna para escalar, mientras los Castillo se hundían en la bancarrota. Observé cómo el hijo del chófer exigía mi suite para esa mujer y un papel estelar a mi padre, como si todo le perteneciera, "perdonándome la vida" si cooperaba. ¿Cómo iba a ser yo la villana si mi propia vida y legado estaban siendo robados por dos parasitos que se creían por encima de todo? La confusión se transformó en una furia helada. Este guion manipulado no era el mío. Y con una bofetada resonante, decidí que esta vez, la historia iba a tener una escritora y un final muy diferente.
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Romance
Javier era la estrella del tablao de Isabela, su baile flamenco, puro alma y fuego. Durante cinco años, su dedicación había forjado su lugar, un lugar ganado y mantenido por una "deuda" impuesta que lo ataba a Isabela, y que él diligentemente pagaba. Pero entonces, Mateo, el antiguo amor de Isabela, regresó de la nada, y con él, la verdad de su existencia en ese lugar se torció brutalmente. Isabela, cegada por la nostalgia, lo elevó instantáneamente, relegándolo a la sombra, a un mero acompañamiento. Su dignidad se desmoronaba con cada paso que daba en el fondo del escenario, mientras Mateo robaba el aplauso que una vez fue suyo. No contento con eso, destruyó lo único que le quedaba de su abuelo, su medalla de plata, como si pulverizara su último vínculo con el pasado. La noche del estreno, en un oscuro callejón, dos sombras lo inmovilizaron y un crujido espantoso anunció el fin de su carrera: su tobillo, destrozado, yacía en un ángulo antinatural. Y justo cuando el dolor lo ahogaba, Isabela apareció, solo para elegir la pantomima de ataque de pánico de Mateo sobre la agonía real de él. ¿Por qué él, que le había dado todo, que había soportado 99 heridas en nombre de una gratitud mal entendida, era tan fácilmente desechable? ¿Cómo pudo ser ella tan ciega, tan cruel, tan ajena a la verdad de su propia historia? Mientras la soledad lo envolvía en aquel callejón, dibujó la última marca en su cuaderno: la número 99. La deuda estaba saldada. Su cuerpo roto, su orgullo pisoteado, pero por fin, era libre. Dejó el cuaderno y una nota de "Deuda saldada" en su escritorio, y cojeando, se marchó para no volver jamás.
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Todo el mundo sabía que Kristine estaba enamorada de Colton. Sin embargo, su corazón estaba aferrado a una mujer del extranjero, alguien con quien pasaba la mayor parte de sus días y que ahora estaba embarazada de su bebé. Aun así Kristine le pidió que se casara con ella. El día de su boda, él nunca llegó al registro civil. Su "amor verdadero" había regresado. Siete años de lealtad después, Kristine se alejó, lo bloqueó y dejó su ciudad. Colton ni siquiera se inmutó, hasta que la vio en el juzgado, del brazo de otro hombre. Eso hizo que el orgulloso CEO se puso pálido. La siguió, consumido por la desesperación. "Lo siento. Por favor, dame otra oportunidad". Ella respondió: "¿Puedes dejarme en paz? Ya estoy casada".
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Narine nunca esperó sobrevivir. No después de lo que le hicieron a su cuerpo, mente y alma. Pero el destino tenía otros planes. Rescatada por el Supremo Alfa Sargis, el líder más temido del reino, termina bajo la protección de un hombre que no conoce... y un vínculo que no comprende. Sargis no es ajeno al sacrificio. Implacable, ambicioso y leal al vínculo sagrado de almas gemelas, ha pasado años buscando el alma que el destino le prometió. Nunca imaginó que esta llegaría a él rota, al borde de la muerte y temerosa de su propia sombra. Nunca tuvo intención de enamorarse de ella... pero lo hizo. Fuerte y rápido. Y destruiría el mundo antes de permitir que alguien la hiera de nuevo. Lo que comienza en silencio entre dos almas fracturadas lentamente se convierte en algo íntimo y real. Pero la recuperación nunca sigue un camino recto. Con la corte murmurando, el pasado acechando sus pasos y el futuro pendiendo de un hilo, su vínculo se pone a prueba una y otra vez. Porque enamorarse es una cosa, pero sobrevivir al amor es otra. Narine debe decidir si puede sobrevivir siendo amada por un hombre que arde como el fuego, cuando todo lo que ha conocido es cómo no sentir. ¿Se encogerá por el bien de la paz, o se alzará como Reina por el bien de su alma? Para los lectores que creen que incluso las almas más fracturadas pueden sanar, y que el verdadero amor no te salva, sino que te acompaña mientras te salvas a ti mismo.
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Nicole Matthews se casó profundamente enamorada de un hombre que no la quería en un matrimonio arreglado, manteniendo la esperanza de que algún día él se terminaría enamorando de ella. Sin embargo, eso nunca pasó, él solo la despreció, tratándola de gorda y manipuladora. Luego de dos años de un matrimonio seco y distante, Walter Gibson, el esposo de Nicole, le pidió el divorcio de la manera más degradante. Sintiéndose humillada, Nicole acepta el plan de su amiga, Brenda, quien le sugiere darle una lección a su futuro exesposo, usando a otro hombre para demostrarle a Walter que la mujer que despreció y trató de gorda, podía ser deseada por otro. Solo debían contratar a un gigoló. * Patrick Collins, ha sufrido una decepción amorosa tras otra, todas las mujeres que han mantenido una relación con él, solo han demostrado interés por su dinero, pues Patrick es uno de los herederos de la familia más rica y poderosa del país. Él solo desea enamorarse de verdad de una mujer que lo quiera por quien es y no por su apellido. Y una noche, en un bar, una mujer hermosa, curvilínea y desconocida se acerca a Patrick y le habla, confundiéndolo con un gigoló, esa mujer le hace una propuesta a Patrick fuera de lo común, que le parece muy interesante y no puede rechazar.
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Durante tres años, Clara entregó su alma para ser la esposa perfecta del enigmático y frío multimillonario Alexander Montenegro. Soportó en silencio las crueles humillaciones de su suegra y la constante sombra de Valeria, el primer amor de su marido. Clara creía que con paciencia y devoción lograría ganarse el corazón de Alexander. Pero la ilusión se hizo cenizas la noche de un trágico accidente. Cuando Alexander se vio obligado a elegir a quién salvar del peligro, no dudó en correr hacia Valeria, dejando a su esposa atrás. En ese instante, entre sirenas y dolor, el corazón de Clara no se rompió; se volvió de hielo. Desde una fría cama de hospital, firmó los papeles de divorcio y desapareció sin dejar rastro, llevándose consigo su dignidad y un talento oculto. Dos años después, el destino los vuelve a enfrentar. Clara ha regresado, pero ya no es la joven sumisa que mendigaba migajas de atención. Ahora es C. Laurent, una diseñadora de fama internacional, empoderada, brillante y deslumbrantemente inalcanzable. Alexander, atormentado por el vacío que ella dejó y dándose cuenta del error que cometió, descubre que la brillante mente maestra con la que su imperio necesita firmar un contrato vital es nada menos que su exesposa. Obsesionado con recuperarla, pronto comprenderá que la nueva Clara no está dispuesta a ceder. El hombre que estaba acostumbrado a que el mundo se postrara a sus pies, tendrá que enfrentarse a la implacable reina que él mismo forjó y descubrirá que el perdón tiene un precio muy alto: su propio orgullo.
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Sólo había un hombre en el corazón de Raegan: Mitchel. Tras dos años de matrimonio quedó embarazada. Raegan se sintió muy feliz. Pero antes de que ella pudiera darle la noticia, él solicitó el divorcio porque quería casarse con su primer amor. Más tarde, Raegan tuvo un accidente y, tumbada en un charco de su propia sangre, le pidió ayuda a Mitchel. Sin embargo, se fue con su primer amor en brazos. Afortunadamente, Raegan escapó por poco de la muerte y decidió retomar su vida. Años después, se hizo famosa en casi todo el mundo. Después del divorcio, Mitchel se sintió muy incómodo. Por alguna razón, empezó a extrañarla. Le dolió el corazón cuando la vio sonreírle a otro hombre. En la ceremonia de su boda, él irrumpió y se arrodilló. Con los ojos rojos, preguntó: "¿No dijiste que tu amor por mí era inquebrantable? ¿Por qué te casas con otro hombre? ¡Vuelve a mí!".
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Oculté mi identidad como una genio de la medicina para ser la esposa perfecta y sumisa de Cole Compton durante cuatro años. Pero cuando mi embarazo ectópico se rompió y me desangraba en el suelo de nuestra mansión, lo llamé suplicando ayuda. "Deja de actuar, estás perfectamente bien. No vuelvas a llamar esta noche". Él me colgó fríamente para caminar por la alfombra roja del brazo de su amante, Alycia. Mientras yo casi moría en el quirófano perdiendo a nuestro bebé, lo vi por televisión anunciando una donación de diez millones de dólares para la "brillante" investigación médica de Alycia. Una patente que ella me había robado. Cuando por fin apareció en mi habitación del hospital, me empujó con tanto desprecio que desgarró mis puntos quirúrgicos. Me dejó sangrando de nuevo sobre las sábanas blancas solo para ir a consolar a su amante por teléfono. Todo el amor que sentía por él murió en esa mesa de operaciones. Pero el verdadero golpe llegó cuando descubrí que el trágico accidente que mató a mis padres hace diez años no fue una casualidad. Fue un asesinato orquestado por mi propio tío y la intocable familia Compton. Firmé los papeles del divorcio con mi propia sangre y abandoné el hospital. Descongelé mi cuenta bancaria secreta con 128 millones de dólares y retomé mi lugar como la científica en jefe de la industria. Esto ya no es solo un divorcio. Es una guerra, y voy a hacerlos sangrar a todos.
Mi Infierno Llamado Mi Esposa
Dong Lier
Urban romance
Introducción
09/07/2025
Capítulo 1
09/07/2025
Capítulo 2
09/07/2025
Capítulo 3
09/07/2025
Capítulo 4
09/07/2025
Capítulo 5
09/07/2025
Capítulo 6
09/07/2025
Capítulo 7
09/07/2025
Capítulo 8
09/07/2025
Capítulo 9
09/07/2025
Capítulo 10
09/07/2025


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