Su Arrogancia, Mi Corazón Roto

Su Arrogancia, Mi Corazón Roto

Orange

5.0
calificaciones
12
Vistas
11
Capítulo

Valeria apareció en la preparatoria como siempre, con la barbilla en alto y esa mirada de superioridad que nos perdonaba la vida al resto. Se sentaba a mi lado, y parecía que sus historias de lujos infinitos eran el pan de cada día, un sinfín de mentiras sobre choferes, mansiones y viajes a Europa que, al principio, daban risa, pero con el tiempo solo causaban una mezcla incómoda de lástima y hartazgo. La vi en el mercado de la Guerrero un día, con su uniforme desgastado y sus zapatos rotos, escondiéndose detrás de un puesto de nopales, pálida de terror al verme. Esa imagen chocaba brutalmente con la de la "princesa" que hablaba de cenas de gala; no pude más y, consumido por la rabia, la encaré directamente, destrozando sus fantasías frente a toda la clase. Le grité que no tenía chofer, que sus zapatos estaban rotos y que su uniforme era viejo. Su furia fue helada: "¡No te atrevas a hablar de mi familia! ¡Mi padre es un hombre de honor! ¡Mi madre es una dama!" . Mi confrontación, sin embargo, no fue suficiente para detenerla; Valeria continuó tejiendo su red de falsedades, cada vez más elaboradas y desesperadas. Un día, la maestra anunció que Valeria había recibido una beca para alumnos de bajos recursos, que ella rechazó con la misma arrogancia de siempre, alegando que su familia no necesitaba "caridad" . No pude contenerme y la increpé, revelando a gritos su verdadera dirección: "¡Vives en la vecindad de la San Simón! ¡Tu mamá limpia casas!" . Valeria, con el rostro descompuesto, me abofeteó; su dolor era tan puro que me dejó sin aliento, y aunque nos suspendieron, el escándalo ya era imparable. El ciberacoso hacia Valeria explotó; la llamaban "Princesa de la Basura" y "Lady Mentiras" . La culpa me carcomía, así que la busqué. En su vecindad, la abuela de un vecino me reveló la verdad: sus padres no eran empresarios, sino militares, caídos en acción, dos años atrás, en una emboscada narco en Sinaloa. Corrí al Panteón Militar, y ahí, frente a las tumbas con los nombres de la Capitán y la Teniente, Valeria me confesó todo: sus mentiras eran un escudo para proteger el honor de sus padres y evitar la lástima. Y así fue como, entre cámaras y Generales del Ejército, la escuela entera descubrió su verdad, y Valeria, por primera vez, se permitió llorar con orgullo. Al graduarse, solo aplicó a un lugar: el Heroico Colegio Militar. Sabía que en ese abrazo de despedida, Valeria no solo me agradecía por haberla liberado de sus mentiras, sino que también se despedía de la niña que alguna vez fue, para convertirse en la soldado que siempre estuvo destinada a ser.

Introducción

Valeria apareció en la preparatoria como siempre, con la barbilla en alto y esa mirada de superioridad que nos perdonaba la vida al resto.

Se sentaba a mi lado, y parecía que sus historias de lujos infinitos eran el pan de cada día, un sinfín de mentiras sobre choferes, mansiones y viajes a Europa que, al principio, daban risa, pero con el tiempo solo causaban una mezcla incómoda de lástima y hartazgo.

La vi en el mercado de la Guerrero un día, con su uniforme desgastado y sus zapatos rotos, escondiéndose detrás de un puesto de nopales, pálida de terror al verme.

Esa imagen chocaba brutalmente con la de la "princesa" que hablaba de cenas de gala; no pude más y, consumido por la rabia, la encaré directamente, destrozando sus fantasías frente a toda la clase.

Le grité que no tenía chofer, que sus zapatos estaban rotos y que su uniforme era viejo.

Su furia fue helada: "¡No te atrevas a hablar de mi familia! ¡Mi padre es un hombre de honor! ¡Mi madre es una dama!" .

Mi confrontación, sin embargo, no fue suficiente para detenerla; Valeria continuó tejiendo su red de falsedades, cada vez más elaboradas y desesperadas.

Un día, la maestra anunció que Valeria había recibido una beca para alumnos de bajos recursos, que ella rechazó con la misma arrogancia de siempre, alegando que su familia no necesitaba "caridad" .

No pude contenerme y la increpé, revelando a gritos su verdadera dirección: "¡Vives en la vecindad de la San Simón! ¡Tu mamá limpia casas!" .

Valeria, con el rostro descompuesto, me abofeteó; su dolor era tan puro que me dejó sin aliento, y aunque nos suspendieron, el escándalo ya era imparable.

El ciberacoso hacia Valeria explotó; la llamaban "Princesa de la Basura" y "Lady Mentiras" .

La culpa me carcomía, así que la busqué.

En su vecindad, la abuela de un vecino me reveló la verdad: sus padres no eran empresarios, sino militares, caídos en acción, dos años atrás, en una emboscada narco en Sinaloa.

Corrí al Panteón Militar, y ahí, frente a las tumbas con los nombres de la Capitán y la Teniente, Valeria me confesó todo: sus mentiras eran un escudo para proteger el honor de sus padres y evitar la lástima.

Y así fue como, entre cámaras y Generales del Ejército, la escuela entera descubrió su verdad, y Valeria, por primera vez, se permitió llorar con orgullo.

Al graduarse, solo aplicó a un lugar: el Heroico Colegio Militar.

Sabía que en ese abrazo de despedida, Valeria no solo me agradecía por haberla liberado de sus mentiras, sino que también se despedía de la niña que alguna vez fue, para convertirse en la soldado que siempre estuvo destinada a ser.

Seguir leyendo

Otros libros de Orange

Ver más
Ella Eligió Su Propia Ruina

Ella Eligió Su Propia Ruina

Moderno

5.0

El aroma a cilantro flotaba en mi taquería, "El Gancho al Hígado", el refugio de paz que forjé con sudor tras colgar los guantes de boxeador. Hasta que una llamada de la escuela primaria "Benito Juárez" me destrozó esa calma. "Hubo... un incidente", balbuceó una voz tensa, mi corazón latiendo a mil por mi Pedrito. Cuando llegué, mi hijo estaba con la cara marcada y la camisa rota, mientras Rodrigo Vargas, el mocoso agresor, sonreía impune, y el maestro López, un pusilánime, respaldaba al junior. Lo que Pedrito soltó después me heló la sangre: Rodrigo, hijo del poderoso Sebastián "El Patrón" Vargas, no solo lo golpeó, sino que lo humilló con insultos viles sobre mí y Sofía, mi exesposa. Y, en el cuello de Rodrigo, vi un dije de oro y esmeraldas, una joya que mi exesposa usaba a menudo, encajando una pieza monstruosa del rompecabezas. La confirmación llegó cuando "El Patrón" Vargas entró, un capo temido que controlaba la ciudad, y exigió que mi hijo se disculpara, ofreciendo un fajo de billetes al director como soborno. "O tu hijo se disculpa, o será expulsado" , sentenció el director, y Sofía, al enterarse, solo me exigió disculparme para "no meternos en problemas" . "¿Conoces a Vargas?", le pregunté, y su silencio me lo dijo todo: ella estaba involucrada hasta el cuello. La humillación pública, la traición de mi exesposa, y la injusticia contra mi hijo solo encendieron una llama. Ya no era solo Armando, el taquero. Era "El Toro" Ramírez, el exboxeador y empresario, listo para una guerra. Voy a pelear por mi hijo, y me van a pedir perdón de rodillas.

Quizás también le guste

La esposa despreciada es el genio médico Oráculo

La esposa despreciada es el genio médico Oráculo

SoulCharger
5.0

Llevaba tres años siendo la sombra de Don César, el hombre más poderoso del país, viviendo en una jaula de mármol donde mi único papel era ser la esposa perfecta y sumisa. Aquella noche era nuestro tercer aniversario de bodas; había preparado su cena favorita y lo esperaba con la esperanza de que, por una vez, me viera de verdad. Sin embargo, la realidad me golpeó con una notificación en el móvil: César estaba en el hospital con Rubí, su eterno "amor de infancia", dándole el consuelo que a mí me negaba. Cuando llegó a casa horas después, ni siquiera miró las velas consumidas; simplemente me llamó "marcador de posición" y me recordó que yo solo estaba allí para cuidar su imagen corporativa mientras Rubí se recuperaba para ocupar mi lugar. Soporté sus desprecios mientras él me trataba como a una sirvienta inútil, ignorando que yo había renunciado a mi carrera para ser su paz. Mi propia madre me enviaba mensajes exigiéndome que fuera "útil" para los negocios, tratándome como una moneda de cambio en una familia que solo valoraba el poder y me consideraba una decepción sin educación. Me invadió una furia fría al darme cuenta de que nadie en esa mansión conocía mi verdadero rostro. César no tenía idea de que su "esposa aburrida" era en realidad "El Oráculo", la genio médica que había revolucionado la ciencia a los dieciséis años y que movía los hilos de fortunas globales desde su portátil. ¿Cómo pudo ser tan ciego para despreciar al diamante que tenía en casa por una piedra falsa como Rubí? Esa noche, la mujer que mendigaba amor murió. Firmé los papeles del divorcio, tiré mi anillo de medio millón de dólares a la basura y decidí que era hora de que el mundo conociera al verdadero Oráculo. César pensaba que me estaba desechando, pero pronto descubriría que al echarme de su vida, acababa de perder a la única persona capaz de salvar su imperio de la ruina total.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro