/0/21964/coverorgin.jpg?v=dc3db5e3d6679a6ed45a0fa14f008de1&imageMogr2/format/webp)
La vida se encarga de reunirnos con las personas que menos esperamos pero que necesitamos en ella. Cada persona no llega a nuestra vida por qué sí, siempre hay un motivos — esa frase siempre repetía mi abuela quién conoció al amor de su vida y con quien compartió muchos años juntos.
Era noviembre cuando se dirigía a su trabajo, para ser exactos a su segundo trabajo nocturno, con sus tacos altos, su vestido rojo pequeño y sus uñas pintadas, el cabello suelto largo, caminaba robando las miradas de hombres y mujeres, caminaba con seguridad y con la mirada sobre los hombros de los demás, con cierta arrogancia en su sonrisa, los ojos con un delineado perfecto, sus pestañas postizas largas, sus labios del mismo tono que su vestido.
Los hombres querían acercarse pero con una sola mirada de ella el miedo los detenía, miedo porbsu forma de caminar hacia que todo hombre la vea peligrosa y muy segura, algo que a los hombres realmente no les agrada mucho.
Ella caminaba mirando la larga fila del Club, los hombres la miraban apreciando su belleza, esos ojos ojos azules intensos los miraban a todos con desdén. Él de vigilancia le alzó las mano y ella también le alzó la mano, relajo su rostro y sonrió. Algunos sucumbieron a sus fantasias más extremas y ella lo podía ver, esos ojos de deseo en sus rostros.
Pero este era su trabajo, está era la manera en la que se ganaba la vida y ellos eran sus fuentes de ingreso.
Tocó la puerta de la parte de atrás del Club.
—El código...
—Jodete, mirame a los ojos — ordenó.
El vigilante la miro.
—Eres uno nuevo, Bien dale gato negro de color celeste.
La puerta se abrió. Agarró de las mejillas al nuevo vigilante.
—Eres lindo —dijo con una sonrisa al costado.
El vigilante queda hechizado por sus labios carnosos y esos ojos celestes, su cabello perfectamente planchado y cuidado.
—Eres mudo, a mi me encanta los que hablan — dice ella muy coqueta, arregla su camisa y quita las pequeñas manchas de polvo de su saco.
Camina como si estuviera en un pasarela. En los vestidores la miran y sonríen.
—Gata llegas cinco minutos tarde.
—Llegue para la función.
—Veo que estás lista.
—Siempre mi amor — dice ella.
Camina hacia su lugar, todas tienes sus propios tocadores, donde ponen sus cosas, maquillaje ropa, accesorios, lo que ellas quieran. Ella tiene su tocador de color blanco con luces blancas, se mira al espejo y solo se limita a sonreír, pero detrás de esa encantadora sonrisa se esconde un mundo de emociones.
/0/6404/coverorgin.jpg?v=20dfe6709feb62ae5449cb4fd5cc4025&imageMogr2/format/webp)
/0/5868/coverorgin.jpg?v=d7518da40db016e210866bfb28583e0e&imageMogr2/format/webp)
/0/9154/coverorgin.jpg?v=24eabad837c62e5b79caf1c0a30338da&imageMogr2/format/webp)
/0/8849/coverorgin.jpg?v=199025fd99aeadaac4b8cfee6b8ca42e&imageMogr2/format/webp)
/0/6184/coverorgin.jpg?v=e3c956f76754bddc87c4206905d9f3a9&imageMogr2/format/webp)
/0/15987/coverorgin.jpg?v=8f133086e1840e106d510d054c2fe84d&imageMogr2/format/webp)
/0/17957/coverorgin.jpg?v=039507de3ea9d4491abd4c44bebd099c&imageMogr2/format/webp)
/0/192/coverorgin.jpg?v=7c14431b9eb6734ea92858083f6f90f0&imageMogr2/format/webp)
/0/3724/coverorgin.jpg?v=ae23598387152309c17f178b77da6a3a&imageMogr2/format/webp)
/0/8882/coverorgin.jpg?v=eca8a950503d67ee54c9449ff1d8f9f3&imageMogr2/format/webp)
/0/6977/coverorgin.jpg?v=4de54ed0c896729f2ddeb4c878aee579&imageMogr2/format/webp)
/0/10646/coverorgin.jpg?v=47403f47fd9e1ac0f8fd8c45bb83a04a&imageMogr2/format/webp)
/0/317/coverorgin.jpg?v=886ec5b53cddb239da0569f9a883feec&imageMogr2/format/webp)
/0/804/coverorgin.jpg?v=3a464b8fc55977f8d03756aa188095fe&imageMogr2/format/webp)
/0/18031/coverorgin.jpg?v=3bd9aab9cf8bc0da22f60f24680fac7c&imageMogr2/format/webp)
/0/2782/coverorgin.jpg?v=411cc15846096ec73266d3d79c5fb989&imageMogr2/format/webp)
/0/16405/coverorgin.jpg?v=5db626a3c8a06165b9acd23ccb856104&imageMogr2/format/webp)
/0/8981/coverorgin.jpg?v=0c21da0f1b80db9f7ad212b3276f872c&imageMogr2/format/webp)