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La abogada del padrino

La abogada del padrino

Autor: S. Mejia
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Capítulo 1 LA TORRE DE MARFIL

Palabras:1388    |    Actualizado en: 16/12/2025

stal y acero que dominaba el horizonte financiero de la ciudad, el ruido del tráfico mundano quedaba reducido a un zumbido abstracto, irrelevante. Allí

devolvía la imagen que el mundo conocía: una mujer de treinta y cinco años, impecablemente vestida con un traje sastre de seda gris marengo, el cabello oscuro recogido e

y negociando acuerdos que dejaban a sus oponentes agradecidos por conservar la camisa. Su especialidad no era la ley; su espe

armacéutica Delta está firmado. Ha

u asistente, Clara, esperara unos segundos.

de autoridad-. Archívalo y envía la factura final antes

señ

n en el silencio que siguió, una pequeña grieta

? -preguntó, girá

ba emociones, parecía incómoda. Sostenía una carpeta

El mensajero... no era de ninguna de las empresas habitual

, tomaron la carpeta. No tenía remitente. El cuero era de una calidad que superaba incluso los estándares de sus cli

Puedes r

oficina cambió sutilmente. La seguridad que Valeria proyectaba

ada, salvo por una computadora portátil y una pluma estilográfica. Se sentó en su

el tipo de caso complejo, multimillonario, que cimentaba aún más su estatus de intocable.

ciales de clientes, sino su propia soga. Un pequeño dispositivo USB y una libreta de contabilidad que detallaban el error más estúpido y devastador de s

on su carrera; la enviaría a prisión. La ironía era tan amarga que le quemaba la garganta. Defendía a c

s de tiempo, pero la deuda original, la mancha en su historial finan

aba una inquietud instintiva, una sensación similar a la que tenía en la cort

la c

r. Era cartulina gruesa, color crema, con textura de lino. En el centr

Ate

Priv

he, 21:0

a citación, no una invitación. Y la falta de

mo de puros y whisky añejo, lejos de las salas de juntas y los registros públicos. Pero incluso el Ateneo tenía sus n

ad cuyo poder era tan absoluto qu

o Men

na fuerza de la naturaleza, el hombre que movía los hilos invisibles de la ciudad, el "Padrino" en los susurros temeros

po de oscuridad. Defendía fraudes fiscales, malversaciones corporativ

na petición no solicitada, su protocolo era estricto. Extendió la mano hacia el teléfono pa

vieron a centímet

sobre el escritorio, vibró una sola vez. No era una ll

La pantalla se iluminó. El mensaje no

condicionado de la oficina pareció volverse repent

ía tres años, saliendo de un banco en las Islas Caimán. Llevaba gafas de sol y un pañuelo en la cabeza, intentando pasar desapercibida

ado cada rastro digital, había viajado con

o cr

Un segundo mensaje del mismo

es una virtud,

saje era claro como el cristal. La citación no era una oferta de empleo; era una notificación

eria Santander sintió el sabor metálico y corrosivo del miedo puro. Sabía que no tenía elección. Tenía que bajar de su fortaleza y entra

j Cartier. E

icio más importante de su vida, uno donde no había juez n

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La abogada del padrino
La abogada del padrino
“Diana Fernández es una abogada estrella, una máquina de precisión legal conocida por su firmeza glacial y su habilidad para ganar lo imposible. Con una vida privada blindada, su regla de oro es simple: la emoción es una debilidad. Su mundo, ordenado y predecible, se desmorona cuando Víctor Rivas, el indiscutible jefe de la mafia, la convoca a su presencia. Víctor la quiere para defender a su hijo, Martín Rivas, principal sospechoso del asesinato de un influyente político. Aunque la evidencia es abrumadora y el caso parece una condena segura, Víctor jura por la inocencia de Martín y está dispuesto a mover cielo, tierra y las sombras para demostrarlo. Diana rechaza la oferta al instante, consciente del peligro y la mancha en su carrera. Sin embargo, su rechazo es inútil. Víctor Rivas, no conforme con la negativa, utiliza su influencia para estrangular el flujo de su bufete y desenterrar un secreto del pasado de Diana que la forzaría a un exilio profesional. Le ofrece un ultimátum: ganar el caso de Martín, o verlo todo arder. Diana, atrapada y tentada por el desafío de su vida, acepta con una advertencia interna: "Si pierdes, la mafia no te da una segunda oportunidad." Martín es una maraña de contradicciones: es un joven de belleza inquietante, arrogante y sarcástico, pero con una vulnerabilidad intermitente que confunde a Diana. Mientras trabajan bajo la sombra de la vigilancia de Víctor y la presión mediática, las chispas no solo son de tensión profesional, sino de una atracción peligrosa y prohibida. Diana lucha por mantener la distancia, pero Martín la desafía no solo en la corte, sino en su propia armadura emocional. A medida que profundizan en el caso, descubren una red de corrupción que podría implicar tanto al político asesinado como a la propia organización Rivas. Diana empieza a dudar de la culpabilidad de Martín, pero se pregunta si la inocencia que ve es real, o simplemente un espejismo creado por el hombre que la está enseñando a sentir de nuevo, arriesgando todo lo que ha construido en el proceso.”