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LOST

Capítulo 5 4. El elixir de la doble cara

Palabras:2613    |    Actualizado en: 24/01/2026

alcón del piso treinta y dos, las luces de los coches de abajo parecían arterias de un organismo enfermo, bombeando un flujo constante de neón y dese

y transformándola en algo obsceno. El contenido oscilaba entre un dorado celestial, que le recordaba amaneceres que ya no podía disfrutar, y un violeta profundo, casi negro, como la sangre

en él, no tendría valor para hacerlo. Destapó el frasco y el aroma lo golpeó al instante: una mezcla violenta de

ieron petrificarse. Pero luego, vino el fuego. Un calor abrasador estalló en su pecho, irradiando hacia sus extremidades como lava fundida. Sancer cayó de rodillas sobre la alfombra persa, hundiendo los dedos e

idad se rasgó com

que Elena había colgado con tanto amor. Se encontró en un plano etére

aquel vacío radiante, apa

profetas había detenido guerras y calmado tormentas. Pero bajo el efecto del elixir de la "Doble Cara", Sancer no

sombras

amando por clemencia mientras las aguas de una inundación bíblica subían por sus cinturas. Arihwa estaba allí, flotando sobre las nubes, con el poder de desviar la tormenta con un solo gesto de su mano derecha. Pero no lo hizo. El ángel había

que los seres celestiales, encadenados a su perfección estática, nunca conocerían. Esa envidia se manifestaba en pequeñas crueldades invisibles para el ojo divino, p

de humana, revelando dientes que parecían afilados-. Incluso los h

n las jerarquías de lo invisible. Al conocer los pecados de los ángeles, Sancer sentía que el equilibrio de la creación se inclinaba, por un momento, a

hoque frontal. El dolor regresó a sus músculos, pero la visión de la "doble cara" no se desvan

que le bajaba por la sien. No era Elena. El aire en la habitación camb

a, con una elegancia de

rastro de ceniza invisible sobre la alfombra limpia. Su traje de seda gris parecía absorber la luz del salón. Elena se había ido a una cena de tra

na familiaridad insultante-. Pero el elixir te sienta mejor que a la mayoría. Te da

sobrenatural que hizo parpadear las bombillas del techo-. Ya pagué el precio a

seca, un sonido que recordab

. Has estado jugando a las casitas con esa humana, Elena, disfrutando de su luz para ocultar tu propio rastro de azufre

como el agua. Por un segundo, Sancer vio la mandíbula demasiado ancha, llena de hileras d

claman su parte del botín. No basta co

arganta, una opresión que el

do más que cualquier ot

vez la sonrisa llegó ha

ren que tú la corrompas. Su alma es un diamante sin tallar, una de esas rarezas que aún conserva una pureza

o Leongi lo interrumpió con u

s que su pureza se quiebre por tu causa, tu deuda quedará saldada. Se te otorgará la permanencia. Podrás quedart

de Elena, el recuerdo de sus risas en las mañanas de domingo. Pero la frialdad del eli

a. Corrómpela, arrástrala al fango conmigo, o prepárate. Porque si fallas, vendremos por ti. Y no te mataremos. Te arrancaremos la piel humana centímetro a ce

as de sí un olor a azufre que se mezcló con el p

atelital, Vezroth observaba. El espacio estaba iluminado únicamente por el resplandor azul

jos que sugerían una fatiga existencial profunda, reflejaba la frialdad de los datos que procesaba. En la panta

la CIA poseía. Vezroth vio a Sancer caminar de un lado a otro como una fiera enjaulada. Vio cómo sus dedos se alargaban y sus uñas

a, su voz era un susurro monótono-. El disfra

demonios y ángeles eran seres espirituales; para Vezroth y sus empleadores, eran anomalías bioenergét

ba el "Índice de Corrupción" de Elena. Era u

tra signos de estrés agudo. La introducción del factor "Zyt

mento de laboratorio. Una captura de pantalla registró el momento

desde las esquinas del salón. El mármol de Carrara se sentía como hielo bajo sus manos. El efecto

sta hacia el gran es

rme y mirada reconfortante que Maya amaba. El espejo devolvía la imagen de una criatura con la piel del color de la ceniza volcánica. Tenía cuernos

elixir le mostraba a Elena en el futuro, con ojos llenos de terror absoluto, viéndolo tal como era en ese momento. Vio a

-gritó

ue brutal. El espejo estalló en mil fragmentos que volaron por el baño. Cada pedazo de vidrio, al caer, capturaba

rostro fragmentado. Una pequeña y casi imperce

l de estudio. El sujeto ha destruido su

ngrando una mezcla espesa de rojo humano y negro abisal. El silencio del apa

ia- acercándose al edificio. Sentía la vibración del ascensor subiendo. En e

lo reclamara, aceptar el castigo eterno de las fosas para que ella pudiera seguir siendo luz

odos sombras? ¿Acaso ella es realmente tan pura, o si

oderoso. Podría caminar entre los hombres como un señor, con su disfraz sellado permanentemente por el pec

a de redención, o era simplemente la última y más sof

tamento se abrió c

lena entró en la casa como una brisa fresca en un campo de batalla. Era pura, llen

ó a las garras a retraerse y a las escamas a hundirse bajo la dermis. Se la

lso y quitándose los tacones, bañada por la luz cálida de la entrada. Se v

n ruido... -se detuvo al verlo s

los hilos de su destino. Eran blancos y frágiles. Estiró la mano para tocar su mejil

humana, que incluso él mismo estuvo a punto de creerse-. So

l fin de la inocencia de Elena, y mientras ella lo abrazaba, Sancer empezó

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