LOST
dumbre. Arihwa avanzaba arrastrando los pies, dejando tras de sí un rastro intermitente de gotas doradas que brillaban tenuemente bajo los neones rotos. Cada
r. Los bordes estaban ennegrecidos, como si la carne se hubiera quemado desde dentro. La sangre que seguía brotando era dorada -la sangre inconfundible de un ángel-, pero ahora
ecido sin dejar cicatriz. Pero él... ya no sanaba. Tocó la herida y sintió cómo la carne se negaba a cerrarse, co
idada, piedra negra, el regalo de Elena en su penúltima vida humana juntos. Sancer se lo había quitado durante la pelea, junto con un mechón
insignificante. La esencia no se había disipado; se había corrompido, volviéndose negra en los bordes. Guardó el pendiente en el
palda como alas de cuervo moribundo. Algunas plumas negras se desprendían y caían al suelo
vagando cuando oyó los pasos. L
a era alta, envuelta en una capa oscura que parecía absorber la luz de las farolas. E
que no podría. Algo en la postura del otro le detuvo: había u
, baja, cuidadosa, como si
ía oído en los coros celestiales, en las batallas con
surró, la ga
abajo. Sus ojos dorados, idénticos a los que Arihwa había tenido antes de oscurecerse, se det
trás, como si lo hubieran g
gesto que le costó más esf
lo soy. O lo q
ió la cabez
ue estaba en peligro. Pero tú... -Su voz se quebró-. Tú estás... co
eda. El mundo giraba lentamente, co
o. Pero estoy al borde,
é te
. Mi rostro. Mi voz.
ció bajo la
? ¿Está
el movimiento le p
e soy yo. Y y
eridas abiertas, la sangre viscosa, las plumas
como si temiera que Arihwa
te así. Ven conmi
rumpió Arihwa con amargura-. Y tendrían razón. Ya
. La mancha dorada ahora era cas
dedos cuidadosos
. Ningún ritual puede corrom
ohibido incluso para los caídos. Robó mi
distancia, un gato maulló y algo metáli
a voz ronca-. Antes de que Elena se dé cuenta d
rato, los ojos lleno
diciones de enfr
ihwa, y la certeza en su voz era
o que parecía provenir
no lo ha
chispa de algo parecido a la es
¿Aunque creas q
iente en su propio b
que los humanos inventaran el fuego. No
mas le quemaban, pero no la
la luz de la cocina
ándose por la piel roja con un sonido húmedo. Elena estaba sentada en la
-preguntó con una sonrisa nostálgica que no alcanzaba los
rando los dientes p
las abejas. Lloriqueabas ha
ió el ceño
como un globo. Tú bajaste corriendo y me llevaste
o, pero su mano se de
nos castigó sin
Su voz era tranquila, per
o que era nuestro botín y que lo disfrutaríamos juntos. Nos
bados- se encontraron con los de ella. Por un
idamente-. Mezclé los r
fijamente, s
o a quejarse. Nos quitó el postre una semana entera. Tú me diste tu
sonrisa seguía allí, pero ahora era tens
ños, amor. Algunos d
brazos, retroc
e mis cereales favoritos cuando tenía siete años. El nombre del perro que atropel
ó, intentando t
ena
olvidar. Y recuerdas otras que nunca pasaron. Como aquella vez que dijiste que fuimos a la feri
fuera, la ciudad seguía su ritmo indiferente, p
echo como veneno. Ella estaba empezando a v
, más amplio, m
He estado trabajando mu
e que querías hijos. Tú siempre dijiste que no. Que éramos suficient
uerdos de Arihwa como páginas de un libro, pero n
vez, la voz b
ontigo quiero todo. Una fa
so atrás, chocand
lluvia. Olías a ozono y a plumas.ncer se entrec
ijo Elena de pronto, cogiendo l
ena, es
abriendo la puerta. Sancer la sigui
a sobre la encimera, junto a las manzanas a m
o se movieron, alargándose como dedos vivos. Las había creado él mismo, fragmentos
tenida-. No la pierdan de vista. Si habla con al
por debajo de la puerta,
farola. Las lágrimas le quemaban en los ojos, pero se negaba a dejarlas
n. Lo sabía en los
recha, entrelazando sus dedos de una forma específica, como una promesa.
la lluvia: a tormenta y a algo puro,
ía que ella no se daba cuenta: como si fue
ista bruscamente. Por un instante, creyó ver ojos
ril
uma
e pie de
én es
ó, moviendo las hojas c
otra vez, más cerca, deslizán
ió, el corazón
enme
, pero las sombras eran más rápid
sintió su miedo como
erando el paso a pesar del d
del brazo pa
de que sea d
rápido, cubriendo el camino como una alfombra fúnebre. La san
o había
sombras de la ciudad,