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La LUNA QUE NUNCA EXISTIÓ

La LUNA QUE NUNCA EXISTIÓ

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Capítulo 1 TODA MI VIDA FUE UN ENGAÑO

Palabras:3297    |    Actualizado en: 30/01/2026

Y

silvestres y bebiendo de charcos. Mis padres habían muerto hacía una semana – atacados por lobos de la manada del Norte, que querían tomar n

lo encontré cen

qué en un rincón, tratando de calentarme con los restos de una manta rota, cuando escuché pasos fuera. Me tapé la boca con las manos

acio. Tenía el olor a bosque, a hierbas frescas, a poder. –

temblorosa. – Nyx Silverwood

y me tocó la frente con su dedo índice – un gesto que luego aprendí que hacían los alfas p

Marta, dejó una profecía: "Una niña con ojos de noche traerá poder a la línea de Blackc

ficio en el centro que era la casa del alfa. Allí conocí a Rafael, el hijo de Orion – dieciocho años, alto, d

riba abajo y dijo: – ¿Esa es la

edestinada: Carmen Rosefur, una chica de la manada con pelo rojizo como el fuego y una risa que llenaba cu

bas que curaban, cómo leer las huellas en el suelo, cómo organizar las patrullas para proteger los límites. Carmen f

a mi lado sin pedir permiso. – Vi que l

me había hablado así desd

es muy grande. No sé si podr

o, un son

cogiendo una piedra y tirándola al agua. – Además, necesitas una a

er por los senderos sin perderse. Y poco a poco, fui integrándome en la manada: ayudaba en la cocina cuando había fiestas, cuidaba de los

los antiguos registros de la manada. Pero a veces, cuando estábamos en las reuniones, sentía su mirada sobre mí. No

se enfermó gravemente. Mientras estaba en cam

cumplirse. Rafael va a ser el nuevo alfa, y necesitará un

sde el primer día – aunque nunca había dicho

o soy su mate – le di

es más fuerte – respondió, apretándome la mano

el centro de la aldea. Carmen estuvo ahí, sonriendo pero con los ojos llenos de tristeza. Yo intenté ser la mejor luna posible: me levantaba

era cumpliendo mi único propósito en la manada. Y para colmo, nunca sentía a mi loba interior. Cuando todos se transformaban en sus formas animales y corrían libres por el bosque, yo solo conseguía cambiar mi cu

ía en que Marta me tomó la mano

a por la emoción. – No he sentido nada... ni si

le escapó. Era la única que sabía mi secreto s

Pero ya lo verás – sonrió, y yo sentí cómo mi pecho se llenaba de una felicidad que no había sentido en

la mano

uiero ser yo quien se lo cuente a Rafael. Ho

brazándome brevemente. – Ese muchacho n

idos – justo como el vestido rojo que había guardado en el guardarropa, el que me había comprado para este día especial. Iba a cocinar todos sus platos favor

aburetes de madera, mordisqueando una galleta de avena que había hecho ayer. Llevaba el delantal que le

sonrisa que no llegaba a sus ojos. – Toda esta c

n había estado extraña últimamente – se quedaba mirándome fijamente, como si quisiera decirm

el. Quiero hacerlo especial. Llevamos tiempo con mucho trabajo, con los problemas en

de hombros, cogi

enteré de que Rafael tuvo una emergencia hoy. Un problema con los lobos del E

e sobre la cacerola, pero se

un hombre cariñoso – nunca lo había sido – pero siempre cumplía sus promesas.

ó, dejando la ga

engo que ayudar a Marta con las hierbas que rec

pero no tenía tiempo de pensar en eso. Tenía que terminar la comida, b

orno para mantenerla caliente. Me senté en el sofá del salón, acariciando el paquete pequeño que

unto escuché la

las arrugas. Cuando salí al pasillo, Rafael estaba allí, quitándose el abrigo de cuero. Su pelo rubio estaba revuelto por el viento, sus ojos ámbar miraban

acercándome para be

aso hacia atrás, e

dijo, con voz fría. – No

uvieron en la puerta de la cocina do

todo esto?

sintiendo cómo la emoción empezaba a desaparecer

o, pero yo lo noté. Luego cerró los ojos y respiró

– Solo he estado muy ocupado con los asuntos de la manada – terminó, mirando h

ome a la pared para no temblar. Había algo en su mira

, ya subiendo los peldaños

sita proyectaba sombras largas sobre las paredes cubiertas de libros y mapas de los territorios. Él se sentó detrás de su escritor

ndiendo la mano para darle el papel. Mis dedos temblaban un poco, pero

as líneas que Marta había escrito a mano. Mantuvo la mirada fija

frialdad helada que me atravesó hasta los huesos. Y

grave. – ¿No es alguna manera de obligarme a quedarm

e de pie bruscamente, haciendo c

os a tener un hijo – empecé a caminar hacia él, extendiendo las manos como si pudiera alcanzarlo, como si pudiera hacerle entender. –

abitación. Empezó a dar vueltas por el estudio, pasándose l

entre dientes, mirando la ventana como si esper

de pies a cabeza. – ¿No quieres el beb

jos ámbar se habían vuelto dorados, b

a mentira. Una vieja historia que mi padre se inventó porque estaba desesperado por mantener fuerte nuestra línea

verme. Las palabras resonaban

día que mi padre me dijo que me casaría contigo, acababa de descubrir quién era mi mate predes

el bosque, la que me compartió su comida cuando llegué

una mentira? – logré preguntar, sintiendo

tres años. Si no te embarazabas, me liberaba para casarme co

a silla, sin fuerzas p

todo esto? – pregunté, au

ó, mirándome

ro tú tenías que salir con esto – levantó el papel en el aire como si fuera ba

rpo empezó a cambiar, a alargarse, a cubrirse de pelaje blanco con manchas negras que ahora parecían amena

ya no era su voz humana. –

ca sintiera la conexión con mi loba interior, conseguía cambiar mi apariencia hasta parecerme a ellas. Corrimos detrás de él por

cían en las rocas. El precipicio bajaba hasta un cañón oscuro, donde corría un río de aguas heladas. La luna lle

ana, temblan

té, pero él ya estaba de pie frente a mí, en su forma loba, con

con las manos, pero él me atrapó con facilidad, mordiéndome el muslo para sujetarme al suelo. Mis manos se colocaron sobre mi barriga de instinto, tratando de pro

con la voz rota por el llanto

nso que me hizo ver estrellas, que me hizo querer cerrar los ojos y nunca más abrirlos. Luego, se detuvo y e

Pensaste que con un bebé conseguirías hacerte mi luna de verdad. Pero para mí, tú

bajo, hacia la oscuridad del cañón. Lo último que vi fue la luna llena, y los cuervos revoloteando sobre mí con sus gritos agudos.

apenas un susurro, fue: Lo sien

curidad me envol

ída no fue el final. Algo me mantenía con vida, alg

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