Zombie Capitalista
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Taliana Vargas; una bella y exitosa reportera debe entrevistar a un fanfarrón escritor; Daniel Lopez, que acabó de ganar un premio nobel de literatura pues el diario en el que ella trabaja la esta obligando. La entrevista resulta ser tensa e incomoda, porque entre ellos existe un pasado en común del cual no quieren hablar. En el medio de la entrevista son atacados por un grupo de zombies hambrientos, uno de los dos será infectado, y el otro lo deberá matar para sobrevivir.

Zombie Capitalista Chapter 1 No.1

Sus manos temblorosas se aferraban al volante justo como le ense?aron en la academia de conducción. Su cabello rubio cubría una parte de su rostro, su único ojo visible, el izquierdo, estaba fijo sobre una camisa de hombre que yacía en el parabrisas delantero del carro. Dicha prenda estaba sucia, y manchada de sangre. Taliana se inclinó hacia adelante, sacó su mano izquierda por la ventana, e intentó tomar la camisa, pero no pudo. El cinturón de seguridad no le permitió estirarse lo suficiente.

Derrotada, la joven volvió a su posición inicial, haciendo un gesto de desaprobación hacia ella misma; golpeándose su muslo derecho con su mano. El golpe auto infligido le dolió tanto que, empu?ó sus manos frustrada mientras se ahogaba en su propia impotencia. Taliana se desabrochó el cinturón, y se volvió a inclinar hacia adelante, esta vez, logró su objetivo, con asco arrogó la prenda de vestir a la carretera sin pavimentar, en la que está estacionado su mercedes color rojo del a?o 1950.

Su costosa bota izquierda de cuero café oscuro levantó una peque?a nube de polvo amarillento cuando la bella Taliana puso su primer pie fuera de su carro. La chica inspeccionó con mucho cuidado a su derredor antes de sacar de la camioneta el resto de su hermoso y delgado cuerpo. Un enorme árbol, que se movía gracias a la brisa fría de la sabana de Bogotá, la recibió. Sin quererlo Taliana se paró sobre la camisa sucia que acababa de arrogar al suelo. ?Qué asco! Dijo contrariada, pateándola lo más lejos que pudo. Pero la brisa le jugó una mala broma devolviendo la sucia prenda de vestir hacia su bella humanidad. ?Maldita sea! Gritó mientras se quitaba de su cabellera rubia la camisa, acto seguido, la arrogó a una zanga cercana.

-?Todo está bien! ?Todo está bien! – Se dijo a si misma tratando de calmarse. - ?No pasa nada!

Taliana Jimena Vargas, quien dice tener 25, cuando en realidad tiene 27, volvió a su carro, tomó una peque?a maleta color negro marca Gucci, cerró la puerta, y luego emprendió su camino.

Su andar, sobre aquella carretera destapada en el medio de la nada, era igual al de una modelo sobre una pasarela. Con la gracia de una diosa movía sus caderas derrochando por cada poro de su piel, el orgullo que su padre le heredó. Taliana se aferraba a la negación, tratando de bloquear con imágenes de sus últimas costosas vacaciones en Mónaco, el hecho que acababa de atropellar a un hombre con alevosía. Era él o yo. Se dijo.

Después de una corta caminata de no más de cinco minutos, Taliana llegó a la puerta de una enorme casa finca, que se encuentra rodeada por una pared rocosa de más de 5 metros de altura, y de cuyo tope sobresalen frondosos árboles con frutos multicolores. La puerta es de aspecto rustico, no tiene timbre, o algún dispositivo moderno en el cual uno pueda anunciar su llegada. ?Qué hago? Pensó. En el medio de la puerta hay un viejo aro de metal que parece ornamental, Taliana se quitó uno de los guantes negros de cuero, y golpeó con suavidad contra la puerta. No hubo respuesta. Lo intentó otra vez, mismo resultado. Desesperada e inquieta por la soledad del lugar, se quitó el otro guante, y tocó con ambas manos.

-Hola, ?Se?or López! – Gritó. Siguió sin haber respuesta. -Se?or López, ??Se olvidó de nuestra cita?! Rezongó, mientras acercaba su ojo a una enorme grita en le medio de la puerta.

A través de esta, observó el interior de la propiedad, parecía no haber nadie. ?Hay alguien? Preguntó en voz alta. ?Recuerde que tenemos una cita! A?adió. La cortina de una ventana se movió. ?Hola! Gritó. ?Soy Taliana, he venido a verlo como habíamos acordado! ?Lo recuerda? La cortina se movió otra vez, quien se había asomado, pareció alejarse.

-Sé que allí estas, pedante pomposo - Musitó Taliana – Yo tampoco quiero hablar con usted. El periódico me está obligando.

Taliana dio dos pasos hacia atrás con su mirada puesta en la enorme puerta de madera. ?Pues lo intente! Gritó. ?Ahora me voy! – Miró al cielo, y tras suspirar a?adió en voz baja: él no lo merece padre, tú tenías razón...

Entonces, la puerta se abrió lentamente, una figura gastada por el tiempo emergió de la propiedad. Es Gabriel, un campesino local, de unos 76 a?os de vida, que le colabora al se?or López con los quehaceres. Pase su mercé, el se?or la está esperando. Le dijo Gabriel. Para contestarle al hombre su gentil invitación, la joven se obligó a si misma a sonreír, lo que le salió fue una sonrisa sardónica frígida, que afeó su rostro y hiso retroceder a Gabriel unos cuantos pasos hacia atrás.

Tras haber superado el susto por aquella sonrisa falsa, el hombre, vestido con una tradicional ruana color blanco, unos pantalones negros, y un sombrero color café oscuro, le extendió la mano a la bella reportera invitándola a entrar en la propiedad. Ella hiso lo mismo tratando de indicarle a Gabriel que lo seguiría. él no la entendió, pues frunció su ce?o.

-Ensé?eme el camino, yo lo sigo - Dijo ella con falsa cortesía.

Gabriel bajó su cabeza, y empezó a caminar hacia la enorme casa que está a unos 20 metros de distancia. Taliana notó que Gabriel movía sus labios como si estuviera masticando algo. Eso le produjo cierto asco. Pues, entendió las manchas verdosas en su barba canosa. ?Qué masticara este viejo? Pensó.

-Mastico coca – Contestó él, como si le hubiera leído el pensamiento – ?Gusta un poco usted, su mercé? – Se dio la vuelta, y de su bolsillo sacó unas hojas de coca, y se las ofreció.

-?No! Se?or... Gracias, pero yo no hago eso – Contestó ella, a su vez alejaba su rostro inclinándolo ligeramente hacia su izquierda.

-Está bien – Dijo Gabriel – No sabe de lo que se pierde - Se dio la vuelta y continuó caminando.

-Son muy lindas las matas que adornan este peque?o camino pedregoso, dígame; ?Usted las cuida? ?O lo hace el se?or López? – Preguntó Taliana

Gabriel no contestó, por el contrario, aceleró su paso un poco más. Ella, ignorada, meneó su cabeza con gracia y coquetería, y pensó: ?Viejo grosero!

Al fin, Gabriel se detuvo en frente de la entrada de la casa. Taliana aprovechó para darle una rápida mirada a la propiedad; el camino que había acabado de recorrer lucia aun más hermoso desde este punto de vista, pues las matas que lo rodean crean una atmosfera romántica que invita, no solo al amor sino también, a la introspección. ?Lo ideal para un escritor! pensó. En su imaginación, Taliana pudo ver a López caminando de un lado hacia el otro del camino mientras le daba forma a una idea para una nueva novela o un cuento. Gabriel sacó un manojo de llaves de uno de sus bolsillos. No del bolsillo en el que tenía la coca, del otro. Taliana elevó su vista hacia la casa. La edificación tiene 2 pisos, y enormes ventanales; por donde entra la luz del sol y la suave brisa fría de la sabana. Aunque la casa está hecha de puro cemento y ladrillos, la pintura y los detalles hacen que parezca fabricada de madera y clavos rudimentarios.

-Es una casa grande, debe de ser muy cara... - Comentó con cierta ironía - López se la pasa hablando en contra del capitalismo, pero mírelo aquí viviendo en una mansión en el medio de un paraíso.

Una vez más, Gabriel no hiso ningún comentario. Cuando hubo abierto la puerta, el campesino le extendió una vez más la mano a Taliana para que ella entrase. Ella otra vez le contestó: Yo lo sigo.

Esta vez, Gabriel insistió frunciendo el ce?o, A Taliana no le quedó otra más que entrar en la propiedad bajo la atenta mirada de Gabriel.

-Lindo Culo – Le dijo Gabriel.

-?Perdón! – Contestó contrariada Taliana mientras se daba la vuelta.

-Que, usted tiene un lindo culo, su mercé – Le reiteró el campesino, mientras cerraba la puerta.

-?No lo puedo creer! ?Qué atrevido! ?Qué falta de respeto! - Rezongó ella.

-Y ?Por qué falta de respeto? - Le contestó una voz masculina que emanó de las sombras que la rodeaban. – Que, ?Acaso un hombre no puede admirar la belleza de la anatomía femenina? - Concluyó la voz.

-?Es una falta de respeto que a una mujer solo la miren como mercancía o como un objeto sexual!

- Decir que una mujer tiene un hermoso... - Dudó un poco – "Culo". No es verla como mercancía. Es admirar la obra del creador.

-Y como se sentiría usted, se?or López... – Preguntó Taliana con cierta sorna, a su vez que caminaba hacia la sombras para verle la cara a su interlocutor - si yo le dijera que usted tiene un... ya sabe... muy grande.

-?Me sonrojaría! – Contestó con malevolencia – y luego le llamaría mentirosa, pues usted no lo ha visto.

-Lo vi cuando era ni?a.

Daniel emergió de las sombras, como si fuera una aparición. Sus brazos están extendidos, una mano; la derecha apunta hacia arriba, la otra apunta hacia abajo. El joven escritor de 30 a?os lleva una barba de una semana, y una rasta jamaiquina hasta su ombligo. Inevitablemente los ojos de la bella joven se posaron en los pies descalzos del escritor.

-?En dónde se encienden las luces? – Preguntó ella.

-En mi casa no hay electricidad...

Taliana se cruzó de brazos. ??Y cómo vamos a hacer la entrevista en medio de las sombras?!

-Espéreme un momento, y ya traigo unas velas. – Se apresuró a Contestar él ante la queja de la bella dama.

El hombre salió de la habitación en pos de las velas, dejando sola a Taliana. Ella buscó un lugar en donde sentarse. Su nariz respingada se encogió ante el olor que el interior de la casa expelía. Con mucho cuidado Taliana colocó su hermoso trasero sobre un viejo sofá color verde. ?Qué asco! Musitó. ?No sé cómo alguien puede vivir así!

-Premio nobel o no, este tipo no es más que un gamín – Rezongó Taliana mientras colocaba su costosa maleta sobre la mesa que tiene en frente, luego, subió lentamente su cabeza y se encontró a Daniel de pies en frente de ella con dos enormes velas en sus manos. Avergonzada Taliana se tapó la cara con sus manos. ??Me habrá escuchado?! Pensó.

Daniel colocó ambas velas en un candelabro doble que hay sobre la mesa de madera y las encendió.

-Se lo que piensa, se?ora periodista – Le dijo Gabriel mientras se sentaba enfrente de ella – "Me habrá escuchado cuando lo llame gamín" – A?adió imitándola.

-?Se?orita! – Corrigió ella.

-??Qué?!

- ?Que soy Se?orita, no se?ora! – Prorrumpió Taliana.

- Esta bien, "se?orita". Vivo de forma sencilla y me gusta. Si a usted le parezco un gamín, ese es su problema.

- Lo siento se?or López, no fue mi intención ofenderlo – Replicó ella imitando el mismo tono bohemio mamerto de él – Entonces, empecemos con la entrevista.

Taliana abrió su maleta, de ella sacó su computador portátil, su Tablet y su celular, todos con el emblema de la manzana mordida. La chica colocó los tres aparatos en la mesa con cortes reverencia, como si estos fueran seres vivos. Daniel solo se limitó a negar con su cabeza.

-Me sorprende que en su diario quieran publicar un artículo sobre mí – Dijo el mientras se acomodaba en su sillón.

-?Por qué le sorprende...? – preguntó ella, a su vez que encendía su tableta. – Usted se acaba de ganar un premio nobel de literatura, es el segundo colombiano en hacerlo, además, es el más joven... es perfectamente comprensible que un diario de nuestro estatus lo quiera entrevistar – Concluyó cruzándose de piernas de forma coqueta.

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